Economía

Europa ya tiene el primer presupuesto de Defensa de su historia

Dotado con 7.014 millones, busca construir un sector conjunto y reducir la enorme dependencia militar de EE UU

Cadena de montaje de vehículos blindados de una compañía europea
Cadena de montaje de vehículos blindados de una compañía europea FOTO: Ginés Soriano Forte

El sueño de una Europa unida en la defensa es desde este año un poco más real. Por primera vez en su historia, el viejo continente, en concreto los países que forman parte de la UE, se ha dotado de un presupuesto conjunto con fines militares que ya ha entrado en vigor. Son 7.000 millones de euros que la Unión tiene previsto gastar en el nuevo periodo presupuestario plurianual, que ha comenzado este 2021 y acabará en 2027, a través del llamado Fondo Europeo de Defensa (FED).

No se trata de sustentar con ellos tropas o material directamente. En concreto, consiste en un mecanismo diseñado por la Comisión Europea para fomentar una base industrial innovadora y competitiva en el sector de la defensa y contribuir de ese modo a su autonomía estratégica. Dicho de otro modo, lo que busca es incrementar el compromiso de los países miembros para construir un sector de la defensa conjunto mientras se sacuden, en lo posible, la enorme dependencia militar de Estados Unidos. Finalmente, ese sueño casi hecho realidad ha llegado un poco desinflado.

Ni la cantidad definitivamente aprobada (7.014 millones de euros exactamente) es tan alta como había propuesto la propia Comisión (13.000 millones de euros), ni se ha logrado que la todopoderosa industria de EE UU quede fuera de los nuevos proyectos europeos, para lo que se han tenido que rediseñar las cláusulas de colaboración industrial de modo que las firmas norteamericanas puedan participar también del pastel. La irrupción de la covid-19 y las presiones de la Administración Trump han impedido un estreno más lustroso.

Importante reducción de fondos

El pasado 21 de julio, tras cinco días de negociación, los miembros de la UE alcanzaron un acuerdo para favorecer la recuperación de la Unión Europea tras la debacle económica ocasionada por la crisis del coronavirus. En ese pacto se definió la cantidad final que va a ir destinada al FED, después de que la estimación inicial de 13.000 millones ya hubiese quedado rebajada a entre 8.000 y 9.000 millones de euros en mayo, como consecuencia de la pandemia. Los cuatro grandes de la UE (Alemania, Francia, Italia y España) estuvieron presionando para que la reducción no fuese tan elevada, con el argumento de que ahora, “más que nunca, se necesita un ambicioso fondo de defensa europeo”.

Sin embargo, los denominados entonces países frugales (Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Austria) estuvieron tirando de la cuerda hacia el lado contrario para rebajar aún más el FED. Lo lograron, y la cifra final se ha quedado en esos apenas 7.000 millones de euros finalmente rubricados por el Parlamento Europeo el 17 de diciembre. Es apenas una gota comparada con los 1,0743 billones de euros de presupuesto total para el señalado periodo 2021-2027, y queda aún muy lejos de los 5.500 millones de euros al año que calculó la Comisión Europea cuando propuso la creación del FED en 2016 (de 2021 a 2027 sumaría 38.500 millones, más de cinco veces la cantidad definitiva).

Los mandatarios Mark Rutte, Pedro Sanchez, Ursula von der Leyen y Antonio Costa durante la negociación del pasado julio en Bruselas.
Los mandatarios Mark Rutte, Pedro Sanchez, Ursula von der Leyen y Antonio Costa durante la negociación del pasado julio en Bruselas. FOTO: Comisión europea

Cuando el entonces presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker (sustituido por Ursula von der Leyen en 2019) anunció el FED, hace cinco años, lo hizo acompañado del argumento de que la falta de una cooperación entre los Estados miembros en materia de defensa y seguridad conlleva un coste estimado entre 25.000 y 100.000 millones de euros al año. Esa pérdida de dinero se debe a la generación de ineficiencias, la falta de competencia y la falta de economías de escala para la industria y la producción. El ente europeo estimó que en torno al 80 por ciento de las adquisiciones de defensa que realizan los miembros de la UE se ejecutan sobre una base puramente nacional, lo que da lugar a una duplicación de las capacidades militares en el continente.

Diferencias EE UU-UE

Un dato: frente a los 30 sistemas de armas diferentes con los que cuenta Estados Unidos , la mayor potencia militar del mundo, la Unión Europea dispone de 178. Como ejemplo, las distintas fuerzas armadas del viejo continente operan con hasta 17 tipos de carros de combate en la actualidad, frente a un único modelo en Estados Unidos.

De ahí que en el acuerdo del pasado verano en el que se concretó la cifra final para el primer presupuesto de defensa de la UE se recogiese en su punto 115, dentro del Título 5 del mismo, que el dinero irá “destinado a fomentar la competitividad, la eficiencia y la capacidad de innovación de la base tecnológica e industrial de defensa europea que respalde las acciones de colaboración y la cooperación transfronteriza en toda la Unión, en cada etapa del ciclo industrial de productos y tecnologías de defensa”.

Esta apuesta por el sector industrial militar europeo, que va acompañada de iniciativas para impulsar proyectos transnacionales concretos de empresas europeas, como la denominada Cooperación Estructurada Permanente (conocida por el acrónimo en inglés Pesco), tiene un perjudicado claro: Estados Unidos.

Stand de España en una feria de la industria de defensa y seguridad
Stand de España en una feria de la industria de defensa y seguridad FOTO: Ginés Soriano Forte

La industria militar estadounidense copa el 80% del valor de los contratos de defensa europeos. Si el viejo continente pone en marcha mecanismos para fomentar iniciativas de sus propias empresas esa enorme tarta queda reducida. Ante el embate, la Administración Trump advirtió a mediados de 2019 por escrito que los planes de Bruselas podrían fracturar décadas de cooperación militar, incluida la industrial, que se han mantenido a ambos lados del Atlántico. A esto se suma el Brexit, que de facto deja a las empresas británicas también fuera del reparto.

Ante la presión, sobre todo de Washington, Europa ha tenido que claudicar en parte y abrir la puerta a determinados países, entre ellos precisamente Estados Unidos y Reino Unido, para que puedan tomar parte en sus proyectos transnacionales de defensa para desarrollar nuevos aviones, helicópteros y distintas armas, por ejemplo, aunque con determinadas reservas. En concreto, las compañías estadounidenses y británicas, entre otras (Noruega por ejemplo también tendrá este trato especial), únicamente podrán participar en proyectos concretos en los que aporten conocimientos sustanciales.

Instalaciones de un fabricante europeo de helicópteros
Instalaciones de un fabricante europeo de helicópteros FOTO: Ginés Soriano Forte

En síntesis, el FED es una herramienta activada por primera vez en la historia europea que trata de estrechar lazos de cooperación entre las naciones de la UE, de modo que sumen esfuerzos en sus proyectos militares conjuntos. Se trata de encontrar sinergias para ganar eficiencia en un ámbito ahora muy disgregado a través de un desembolso presupuestario sin precedentes, aunque más reducido de lo que se había previsto.

Son algo más de 7.000 millones para un periodo de siete años, pero más de 13.000 millones si se tiene en cuenta también el presupuesto destinado a seguridad. En este apartado se contemplan partidas de prevención y lucha contra el terrorismo y la radicalización, contra la delincuencia grave y organizada, para enfrentar los delitos cibernéticos y también para proteger a las víctimas de la delincuencia, además de gestionar la migración externa en relación con la lucha contra la migración ilegal y la trata de seres humanos.

Con estas cantidades aún se está lejos de enjugar las pérdidas de entre 25.000 y 100.000 millones al año que, según la propia Comisión Europea, supone la falta de mayor cooperación en defensa y seguridad entre los Estados miembros. Con este argumento, el primer presupuesto europeo con partidas de defensa se antoja todavía escaso, pero es un paso real que se ha dado casi 30 años después de que el Tratado de Maastricht incluyesen la defensa y la seguridad entre los tres pilares de la Unión Europea.