Draghi acepta formar un Gobierno técnico en Italia

El ex presidente del BCE se compromete a “acabar con la pandemia y hacer despegar al país”, pero necesita atar los apoyos parlamentarios. La bolsa sube y la prima de riesgo baja nueve puntos

El ex presidente del Banco Central Europeo en su primer discurso después de reunirse con el presidente Sergio Mattarella
El ex presidente del Banco Central Europeo en su primer discurso después de reunirse con el presidente Sergio MattarellaROBERTO MONALDO / POOLEFE

Italia se despertó este miércoles con una extraña sensación. Tras varias semanas inmersa en una crisis de Gobierno que ha paralizado todo, al fin el desenlace se antoja cercano. El protagonista elegido, además, es lo más parecido a una estrella del rock. Mario Draghi, el economista respetado no solo por los suyos, sino por una Europa que suele mirar a Italia con escepticismo. Cuando no con desdén.

El ambiente podía ser triunfalista, pero no lo era. En el ánimo pesaba que la política había vuelto a actuar de espaldas al mundo para encontrar el enésimo arreglo. Draghi se convertiría en el sexto mandatario en la última década que no ha pasado por las urnas, el segundo en esta legislatura, otro técnico como Mario Monti, llegado en los peores momentos de la crisis económica. La percepción era que esta vez no había necesidad. Como un abrigo bonito y caro, que te regalan cuando ya tienes uno que, al fin y al cabo, cumple la misma función.

Según las encuestas, a los italianos les convencía tanto la idea de Draghi como que siguiera el primer ministro saliente, Giuseppe Conte. Pero con las negociaciones rotas entre los anteriores miembros de la coalición, solo quedaba la alternativa de decantarse por el mejor. Así acudió hoy Draghi al Palacio del Quirinal, donde le esperaba el presidente de la República, Sergio Matarella. El jefe de Estado había anunciado la noche anterior que prefería esta solución antes de sumergir al país en un vacío de poder en mitad de la crisis sanitaria y con el mismo espíritu se dirigió Draghi a los italianos.

“Acabar con la pandemia, completar la campaña de vacunación, responder a las exigencias de los ciudadanos y hacer despegar el país son nuestros retos. Tenemos los recursos extraordinarios que llegarán de la Unión Europea y podemos hacer mucho por nuestro futuro”, fueron sus palabras. La fórmula habitual es aceptar el encargo de Gobierno “con reservas”. Quiere decir que primero debe consultar a los grupos políticos si tienen intención de apoyarlo y, en caso contrario, debería declinar la oferta. En esas estamos ahora.

Tras salir del Quirinal, Draghi inició una ronda de contactos institucionales con los presidentes de las cámaras y el primer ministro saliente. Conte, que ha visto cómo le arrebataban el Gobierno de las manos sin que apenas pudiera reaccionar, no ha dicho una palabra en público desde hace dos semanas. Pero lo importante se cocía ayer en las sedes de los principales partidos.

El nuevo escenario obliga a tomar posiciones y amenaza con partir por la mitad a más de uno. Los únicos apoyos claros son los del socialdemócrata Partido Democrático (PD), que se erige como la fuerza europeísta por excelencia, e Italia Viva de Matteo Renzi, quien provocó la crisis e hizo todo lo posible por colocar a Draghi donde está ahora.

En la derecha hay división de opiniones. El sector moderado, comandado por Silvio Berlusconi, muestra su predisposición, sin dar una respuesta tajante. Mientras que sus dos socios, Matteo Salvini y Giorgia Meloni, de posturas radicales, prefieren antes que nada las elecciones anticipadas. Sin embargo, votar en contra de Draghi implicaría ser catalogados como antipatriotas y antieuropeístas, una etiqueta que ambos no están dispuestos a soportar, por muy soberanistas que se definan. La opción que ganaba fuerza a última hora de ayer era la abstención, con la que no darían un apoyo explícito, pero permitirían la investidura.

Un dilema similar tienen en el Movimiento 5 Estrellas (M5E), que ganaron las últimas elecciones con un tercio de los sufragios y solo han sabido actuar como secundarios en dos Gabinetes con diferentes partidos -Liga y PD- que tenían menos diputados que ellos. Apoyar ahora a Draghi supondría la enésima humillación, tras haber perdido la batalla de Conte. La oposición podría ser el lugar natural en el que recomponerse y elevar el tono contra los tecnócratas que no respetan la decisión de los ciudadanos.

De ahí que la primera reacción fuera negarse a apoyar a Draghi, pero según avanzaron las horas, comenzaron las fisuras. Una parte del M5E, la más institucional, cree que quedarse fuera los volvería a presentar como un partido poco fiable. El riesgo más claro es que el partido se divida y pueda llegar a desgajarse.

La apuesta por un Gobierno técnico ha dado la vuelta al panorama político, con los partidos muy poco cohesionados. “Esa debilidad de las diferentes fuerzas, que está en la raíz de ésta y otras crisis queda en evidencia ahora. Los partidos no se presentarán como bloques graníticos, sino en diferentes corrientes”, opina Daniela Giannetti, politóloga de la Universidad de Bolonia.

El espectro parlamentario corre el riesgo de atomizarse aún más, aumentando una inestabilidad ya crónica en este país. Curioso, cuando la llamada es a un Gobierno de unidad nacional.

En cualquier caso, sería improbable que la decisión de Mattarella no obtenga el respaldo parlamentario suficiente. Draghi debería poner en pie el 67º Ejecutivo de los últimos 76 años. Su función principal es muy clara: gestionar los fondos de recuperación de la UE. Italia será el principal beneficiario, con 209.000 millones procedentes de Bruselas, y qué persona puede causar mayor confianza que el ex presidente del BCE. Así lo ratificaron los mercados, con una subida del 2% de la Bolsa de Milán y un descenso de nueve puntos de la prima de riesgo, que se sitúa en mínimos de las últimas semanas.

Renzi había evocado los fondos de recuperación como el principal argumento para hacer caer un Gobierno, al que consideraba incapaz. Después aparecieron otros temas, como la posibilidad de acudir al fondo de rescate europeo para sufragar el gasto sanitario, las inversiones en infraestructuras o la renta básica de ciudadanía, que aprobó el M5E.

Sobre todos ellos debería decidir Draghi, experto en finanzas, perfecto conocedor de la administración pública y persona de confianza en la UE. Y, en medio de todo ello, sigue habiendo una pandemia, que en el último mes ha quedado desatendida, a la espera de quién se sentaría en el sillón de mando.