Mario Draghi, el salvador de Italia

El ex presidente del BCE será el sexto primer ministro no elegido en las urnas

Mario Draghi tras reunirse con el presidente Sergio Mattarella en el Quirinal
Mario Draghi tras reunirse con el presidente Sergio Mattarella en el QuirinalANGELO CARCONIEFE

Una frase acompañará siempre a Mario Draghi (Roma, 1947). Era el 26 de julio de 2012, no había cumplido todavía un año al frente del Banco Central Europeo (BCE). Su antecesor, el francés Jean Claude Trichet, había sido demasiado tibio al inicio de la crisis del euro. Tardó en reaccionar, provocando un mayor hundimiento de la economía de la zona euro. Draghi, procedente de un país del sur, llegaba dispuesto a cambiarlo todo. Y fue entonces cuando pronunció aquello del «Whatever it takes» (cueste lo que cueste) para explicar que el BCE reaccionaría para estimular los mercados.

Gustó en las instituciones y los Gobiernos, conquistó a la Prensa y la opinión pública. La cuadratura del círculo. Draghi se convirtió en «Súper Mario», el salvador del euro.

Pero si el consenso era unánime en Bruselas, imaginen en Italia, cuya economía se encuentra siempre bajo sospecha. La compra de títulos de Estado del BCE rebajó la prima de riesgo italiana, que había superado los 600 puntos, y el economista se convirtió en héroe. Más que un salvador, «Súper Mario» era el orgullo nacional, el hombre encargado de demostrarle a Europa que Italia es un país serio.

Su padre ya había trabajado en el Banco de Italia y así el hijo estudió Economía en la Universidad romana de La Sapienza. Hizo un máster en Boston y poco después de su regreso trabajó para el Ministerio del Tesoro. Ya como presidente del Banco de Italia entre 2006 y 2011 fue uno de los responsables de obligar al país transalpino a reducir el gasto público.

La crisis acabó con Silvio Berlusconi en 2011, cuando fue sustituido por Mario Monti. Curiosamente, Berlusconi es todavía el último primer ministro elegido en las urnas y Monti recuerda que los Gobiernos técnicos no fueron demasiado bien.

Draghi pretende ser distinto. Goza de un enorme prestigio después de ocho años al frente del BCE y acude al rescate, con la misión específica de gestionar los fondos de recuperación de la UE. Pero de la trituradora política italiana es difícil salir indemne.

A los 73 años, su enorme influencia lo había puesto en el escaparate para ser el próximo presidente de la República, cargo del que el año que viene se despedirá Sergio Mattarella. Pero también sonaba como primer ministro desde hace meses, cuando el ex primer ministro y lider de Italia Viva, Matteo Renzi, ya tenía en la cabeza la operación para deshacerse del dimisionario Giuseppe Conte.

Finalmente se ha precipitado ahora, poco antes de que comience el reparto del dinero de la Unión Europea y de la prohibición de disolver las Cámaras (el semestre blanco), lo que ocurre seis meses antes de la elección del jefe de Estado. Draghi, como el salvador. Una vez más.