El “escándalo de las mascarillas” castiga a la CDU a pocos días de dos elecciones regionales

Los conservadores alemanes caen en los sondeos en el primer test electoral de cara a los comicios federales de septiembre, los primeros sin Merkel como candidata

Armin Laschet, el líder de la CDU, en el Parlamento de Renania del Norte Westfalia, "Land" del que es presidente
Armin Laschet, el líder de la CDU, en el Parlamento de Renania del Norte Westfalia, "Land" del que es presidenteFRIEDEMANN VOGELEFE

Elegido presidente de la Unión Cristiano Demócrata Alemana (CDU) el pasado enero, Armin Laschet se enfrenta a un primer examen electoral en las elecciones regionales de este domingo en Renania Palatinado y Baden Württemberg. Pero las primera cita del superaño electoral alemán que concluye con las federales del 26 de septiembre se ha convertido en una carrera de obstáculos para el partido de Angela Merkel.

El clima político en Alemania muestra un creciente malestar con los conservadores habida cuenta del confinamiento social al que está sometida la población desde la pasada Navidad, la lenta campaña de vacunación y los errores en la puesta en marcha de los test masivos de coronavirus.

Como resultado, según un sondeo del instituto Kantar para el diario “Bild”, la CDU cae el 32% de intención de voto, dos puntos menos que hace una semana y lejos del pico del 40% que llegó a disfrutar la pasada primavera, cuando la gestión alemana de la pandemia era puesta como ejemplo en toda Europa. En cambio, los partidos más críticos con el Gobierno, la ultraderechista AfD y los liberales del FDP, salen reforzados y suben hasta el 10% y el 9%, respectivamente.

A la imagen de los conservadores alemanes no beneficia, precisamente, el escándalo de que dos de sus diputados en el Bundestag (Parlamento federal) hayan tenido que dimitir tras revelarse que se enriquecieron por mediar entre fabricantes de mascarillas e instituciones sanitarias públicas durante la primera ola de coronavirus, entre marzo y mayo de 2020. Según los estatutos del Parlamento alemán, sus diputados no pueden recibir ningún ingreso fruto de sus actividades privadas.

El bautizado como “escándalo de las mascarillas” salpica, por ahora, a dos diputados conservadores, pero, según el semanario “Der Spiegel” podría implicar hasta a una veintena de parlamentarios. Uno de los señalados es Nikolas Löbel (CDU), de 34 años, que anunció este lunes que dejaba su cargo en el partido y su escaño en la Cámara Baja “para evitar hacer más daño a mi partido”. Löbel confirmó que su empresa cobró una comisión de 250.000 euros por la intermediación de contratos de mascarillas.

“Ser miembro del Bundestag y poder representar allí a mi ciudad Mannheim es un gran honor y una obligación moral especial. He violado esto con mi actuación y por eso quiero disculparme ante todos los ciudadanos de este país”, explicó después de asegurar durante el fin de semana que completaría su cargo hasta el final de la presente legislatura.

Sin embargo, la dirección del partido no se anduvo con paños calientes y exigió la renuncia de todo aquel implicado en el escándalo. En una entrevista con la televisión pública ARD, Laschet advirtió de que “quien se enriquece personalmente no es un representante del pueblo y debe abandonar el Parlamento lo más rápido posible”.

Y es que para añadir más leña al fuego, Löbel es diputado de uno de los dos “Land” que votan este domingo, Baden Württemberg. La candidata principal de la CDU en este Estado federado, Susanne Eisenmann, no podía disimular su enfado a “Der Spiegel”: “Es inaceptable que un parlamentario se enriquezca con la adquisición de mascarillas durante esta grave crisis”.

Baden Württemberg no es solo un rico “Land” del suroeste de Alemania, sino un antiguo feudo electoral de los conservadores hasta que fue conquistado por Los Verdes hace una década, en plena conmoción por el accidente nuclear de Fukushima.

El otro diputado obligado a dimitir es Georg Nüsslein, de 51 años, parlamentario de la CSU, el partido hermano bávaro de la CDU, que no solo se enfrenta a consecuencias políticas, sino también a las legales por aceptar 660.000 a cambio de presionar a un proveedor de mascarillas.

El ministro alemán de Sanidad y vicepresidente de la CDU, Jens Spahn, declaró al periódico “Rheinpfalz” que “aceptar el pago de una comisión y ganar dinero mediando en una situación de emergencia es absolutamente imposible. Destruye la confianza en nuestra democracia”.

Por su parte, el secretario general de la CDU, Paul Ziemiak, tachó en Twitter de “profundamente inmoral” que parlamentarios “se hayan enriquecido con el aprovisionamiento de mascarillas en la peor crisis desde la II Guerra Mundial”. Exigió además que las “conductas erróneas” sean “investigadas” y “desterradas” de forma inmediata, y lamentó el daño que suponen al conjunto del partido. “No puede ser que algunos desacrediten a toda la CDU y el duro trabajo de todos los parlamentarios del Bundestag y el Gobierno alemán”, agregó.

Cuando a las seis de la tarde del domingo cierren los colegios electorales en Baden Württemberg y Renania Palatinado, conoceremos hasta qué punto el electorado castiga a la CDU por el comportamiento corrupto de algunos diputados. Si el batacazo es considerable, el líder de la CSU y presidente de Baviera, Markus Söder, afilará sus cuchillos para lanzarse a ser el candidato conservador a la Cancillería el próximo septiembre. Algo parecido le ocurrió en 2002 a Merkel con Edmund Stoiber.