Estados Unidos afianza sus alianzas en Asia para frenar a China

Los secretarios de Estado y de Defensa norteamericanos inician en Japón su primera gira por la región y amenazan a Pekín con responder a sus «acciones coercitivas»

El secretario de Estado de EEUU Antony Blinken con el ministro de Exteriores de Japón Toshimitsu Motegi en Tokio
El secretario de Estado de EEUU Antony Blinken con el ministro de Exteriores de Japón Toshimitsu Motegi en TokioKazuhiro Nogi

Semana crucial para definir el rumbo que tomará la nueva Administración americana en Asia. Este martes, el secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken, comenzó una gira que ya ha puesto sobre la mesa la determinación de Washington por reconstruir los lazos con sus tradicionales aliados y hacer frente unidos contra China. Un periplo que promete sacar jugo de todos los encuentros y redefinir la relación entre la Casa Blanca y Pyongyang.

La reunión entre los ministros de Exteriores y de Defensa de EE UU y Japón ya mostró los primeros avances. Ambos países firmaron una declaración conjunta en la que identificaron a China como uno de los principales «desafíos militares, políticos, económicos y tecnológicos» que afronta la comunidad internacional y advirtieron de que habían renovado su compromiso para oponerse ante la «coerción y al comportamiento desestabilizador» de Pekín hacia otros en la región de Asia Pacífico.

«Haremos retroceder a China si fuera necesario si usa acciones coercitivas para imponer su voluntad», afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense. Junto a los diplomáticos nipones, Blinken acusó a Pekín de llevar a cabo «actividades disruptivas» de la Guardia Costera china y de «reivindicaciones ilegales» en el Mar de China Meridional, entre otros asuntos.

Además, otros de los acuerdos a los que se llegó en Tokio fue el de reafirmar su compromiso para lograr la «completa desnuclearización de Corea del Norte». Precisamente, aprovechando la visita del mandatario norteamericano, desde Corea del Norte también se hicieron notar. Tras dos meses de silencio, la hermana de Kim Jong Un, Kim Yo Jong, lanzó una advertencia a su contraparte estadounidense. Según dijo, los americanos no deberían tomar iniciativas que puedan hacerles «perder el sueño durante los próximos cuatro años» en referencia a las maniobras militares que Seúl y Washington están llevando a cabo desde hace más de una semana en la región.

Estos ejercicios, aunque de menor dimensión que en otras ocasiones, son considerados por Pyongyang como una prueba de fuerza contra ellos y por ello exigieron su fin inmediato. Incluso amenazó con suspender los acuerdos con el Sur.

Su viaje culminará en Alaska, donde se reunirá con el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, y el consejero de Estado, Yang Jiechi. Allí, la Administración Biden tratará de establecer las reglas básicas y definir las líneas rojas de «la mayor prueba geopolítica del siglo XXI», según definió Blinken en referencia a la relación con China. Una ardua tarea que ya arrancó la semana pasada con la primera cumbre virtual entre los aliados Quad: Estados Unidos, Australia, India y Japón, una alianza que subraya la determinación norteamericana por promover asociaciones internacionales frente a China además de defender sus propios intereses nacionales.

A día de hoy, Washington es consciente de que la posición de China en el tablero internacional y en la región asiática es cada vez más fuerte. La nación comunista es la única gran economía que creció el año pasado, cuando la mayoría de potencias entraron en recesión debido a la pandemia de coronavirus.

Además, la modernización de su Ejército ha reducido la brecha militar con EE UU y la ha situado en una posición fuerte para frenar a aquellos que tratan de interferir en asuntos que consideran incumben su soberanía nacional como Taiwán, Hong Kong o el trato a los uigures en la región de Xinjiang.

Por eso, tras las reuniones de ayer, quedan pocas dudas de que el presidente Biden pretende plantar cara a China tanto en las disputas territoriales como en los desafíos a la democracia. Una postura que Japón acogió con agrado después de cuatro años en los que su tradicional alianza vivió momentos muy bajos. En ese sentido, los dos países reafirmaron su oposición a «cualquier acción unilateral que busque cambiar el statu quo o socavar la administración» de las islas Senkaku, un archipiélago controlado por Tokio y cuya soberanía también reclama China, a las que se refiere como islas Diaoyu.

La gira de Blinken, que supone la visita al extranjero de más alto nivel realizada por la nueva Administración, está suponiendo un respiro para todos aquellos a los que les preocupaba que EE UU pudiera dar un paso atrás en la postura tan dura que adoptó Trump hacia Pekín.

Para Toshiyuki Ito, profesor de gestión de crisis y relaciones internacionales en el Instituto de Tecnología de Kanazawa, «Estados Unidos ha cambiado del ’'América primero’' a darle importancia a la alianza». Su visión es compartida por otros analistas. Sobre todo después de que la semana pasada el comandante del Comando Indo-Pacífico de EE UU advirtiera de la creciente amenaza de China a Taiwán, una isla gobernada democráticamente pero que la nación comunista considera «parte inalienable» de su territorio.

Allí, en el Estrecho de Formosa justo después de que Biden asumiera el cargo, Pekín voló cuatro aviones de combate en una demostración de fuerza. Desde entonces, el Gobierno americano ha enviado hasta en tres ocasiones destructores en un claro gesto de apoyo a Taiwán.

Este martes, a apenas unos días de la reunión en Alaska, el programa de Taipéi para construir su propia flota de submarinos recibió un impulso después de que Washington aprobara la venta de tres equipos clave. Así lo confirmó el ministro de Defensa de Taiwán, Chiu Kuo Cheng, que agregó que EE UU había aprobado permisos de exportación, incluida la primera venta de armas a la isla bajo la era Biden. Más leña al fuego.