Macron prepara el confinamiento de París para frenar la tercera ola

El colapso hospitalario obliga a tomar medidas drásticas en la capital francesa. Aun así, el presidente quiere imponer restricciones sin tener que cerrar las escuelas

Los hospitales en París están al borde del colapso. Decenas de pacientes con covid-19 han empezado a ser traslados a otras regiones durante esta semana y las cifras de contagios de la tercera ola aumentan exponencialmente debido a la presencia de la cepa británica en la capital francesa. Hasta ahora, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, había evitado confinar la capital.

El Ejecutivo galo lanzó hace un par de semanas su estrategia de confinamientos locales (novedosa en un país centralista que siempre había actuado con restricciones comunes) debido a la dispersa distribución de las variantes del virus, que había forzado a actuar regionalmente.

Así, mientras en toda Francia se mantiene el toque de queda a las 18 horas, dos regiones habían sufrido una escalada de restricciones imponiendo, además del toque de queda, confinamientos domiciliarios los fines de semana: la aglomeración de Niza y la región del norte del país. Pero París, pese a mostrar cifras similarmente preocupantes, escapaba a la misma decisión, creando cierto recelo entre regiones. Eso podría cambiar mañana jueves cuando se anuncien nuevas restricciones en las que el Gobierno ya anuncia que la región parisina de 12 millones de habitantes se verá afectada.

El objetivo del Elíseo es atacar esta tercera ola intentando minimizar el impacto económico y sobre todo, sin suspender la asistencia a la escuela, una máxima que Macron tiene presente en cada toma de decisión. La escuela no se toca. Con esta premisa previa, en el Ejecutivo galo se habían creado dos opiniones distintas.

El primer ministro, Jean Castex, y su ministro de Sanidad, Olivier Véran, eran partidarios desde hace días de confinar París, al menos durante los fines de semana. Una opción apoyada por buena parte de los responsables sanitarios. El presidente, en cambio, se había resistido a aplicar más restricciones al pulmón económico del país, hasta ahora. Pero lo cierto es que con las cifras sobre la mesa, la decisión de confinar París se hace casi inevitable. Con una incidencia en la capital que bordea los 400 casos por 100.000 habitantes y que se dispara en algunos departamentos de la región parisina como Seine-Saint Denis hasta los 499, el doble que la media nacional, el Ejecutivo ha pasado toda la jornada del miércoles buscando la modalidad de las nuevas restricciones para París.

Dos posibilidades

Dos hipótesis han sido estudiadas durante las últimas horas: bien un confinamiento de fin de semana manteniendo el toque de queda a diario o bien optar directamente por un confinamiento para la capital dejando las escuelas abiertas. Según los medios galos sería la primera de ellas la privilegiada pero será el primer ministro, Jean Castex, quien despeje la incógnita mañana por la tarde.

La medida está siendo valorada al milímetro porque en esta ocasión, la lectura política puede tener alcance. Macron es consciente del hartazgo de una parte de la población y de la complejidad para hacer aceptable socialmente más restricciones a un año de unas elecciones para las que la propia alcaldesa de la capital, la socialista Anne Hidalgo, calcula sus opciones.

Macron necesita la capital tanto o más que en 2017 para mantenerse en el Elíseo y del otro lado, Hidalgo, envía mensajes medidos de oposición al gobierno a sabiendas de que pasarse en la crítica puede ir contra ella en este escenario de crisis sanitaria. Hace un par de semanas pidió al Gobierno un confinamiento de tres semanas para la capital, pero anteriormente criticó algunas restricciones como el cierre de bares o de parques. No son pocos los que esperan la reacción de Hidalgo cuando Macron confine París criticando que llega tarde. Un juego político que actúa en bambalinas a las decisiones sanitarias que se toman sobre la capital.