Corea del Norte dispara dos misiles en el Mar de Japón

Kim presiona con sus ensayos militares a Biden, que ultima su nueva estrategia frente a Pyongyang

Un misil balístico táctico Scud-B (C) norcoreano en exhibición en el Museo Conmemorativo de la Guerra de Corea en Seúl
Un misil balístico táctico Scud-B (C) norcoreano en exhibición en el Museo Conmemorativo de la Guerra de Corea en SeúlJEON HEON-KYUNEFE

La península coreana vuelve a cobrar protagonismo. Este jueves, el régimen de Kim Jong Un disparó dos supuestos misiles balísticos de corto alcance desde su costa oriental hacia el mar de Japón. Un lanzamiento que constituye el primer ensayo armamentístico desde que Biden llegó a la Casa Blanca y que se interpreta como una manera de presionar a Washington justo cuando se prepara para anunciar su nueva política sobre Pyongyang.

Según el Estado Mayor Conjunto surcoreano, los misiles fueron lanzados desde la aldea oriental de Hamju, en la provincia norcoreana de Hamgyong del Sur, entre las 7:06 y las 7:25 de la mañana. Funcionarios japoneses afirmaron que volaron 420 y 430 kilómetros antes de aterrizar en aguas fuera de la zona económica exclusiva de Japón y que no hubo que lamentar daños. Los servicios de inteligencia de Seúl y Washington continuaban esta tarde investigando el modelo de los proyectiles y tampoco estaba claro si el propio Kim supervisó los disparos como en ocasiones anteriores. La última vez que Corea del Norte lanzó un misil fue en marzo de 2020.

Corea del Sur convocó una reunión de emergencia para tratar el asunto y mostró su «profunda preocupación» ante un ejercicio que supone un aumento de las tensiones en la región. Sobre todo porque se produce cuatro días después de que el país comunista lanzara dos misiles de crucero hacia el mar Amarillo, y tras la gira asiática de la semana pasada del secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken.

El lanzamiento del domingo fue tachado por EE UU como una «prueba normal», ya que no está prohibida bajo las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Incluso el propio Biden admitió que «nada ha cambiado mucho». El de ayer, según el portavoz del Comando del Indo-Pacífico Sur, el capitán Mike Kafka, «pone de relieve la amenaza que el programa de armas ilícitas de Corea del Norte representa para sus vecinos y la comunidad internacional». Por eso, las Fuerzas Armadas Estadounidenses en Corea del Sur insistieron en el firme compromiso de EE UU por proteger a Seúl, al tiempo que aseguraban estar monitoreando la situación y consultando con los aliados.

Sin embargo, hasta ahora no se habían pronunciado desde el otro lado del Pacífico. Para numerosos analistas, eso se debe a que la postura que tome la Casa Blanca tras este lanzamiento marcará el devenir de las relaciones entre Biden y Kim. Para Cheong Seong Chang, investigador principal del Instituto Sejong, si EE UU sanciona al Norte, Pyongyang lo interpretará como la «confirmación» de una «política hostil» hacia ellos y eso les empujará a llevar a cabo más pruebas con otras armas tales como los misiles balísticos de lanzamiento submarino.

La Administración Biden se encuentra en medio de una encrucijada en la que deberá sopesar si opta por la confrontación o apuesta por la búsqueda del diálogo. De un modo u otro, no será tarea fácil. Desde Pyongyang ya admitieron que el contacto con Washington solo podía ser posible si este abandonaba su hostilidad hacia el país. Incluso Kim Yo Jong, la hermana del líder norcoreano, advirtió a su contraparte de que no «cause problemas» si desea dormir en paz durante los próximos cuatro años en la Casa Blanca.

De hecho, la visita de Blinken al Sur y sus declaraciones sobre la situación de los derechos humanos en el Norte no sentaron nada bien en Pyongyang. Tampoco lo hicieron las recientes maniobras militares conjuntas que llevaron a cabo Seúl y Washington. «El Norte está enviando un mensaje al mundo a través de este acto de provocación bien calibrado que en el centro del problema nuclear de Corea del Norte está la política hostil de Estados Unidos», admitió Yang Moo Jin, profesor de la Universidad de Estudios de Corea del Norte en Seúl.

Aun así, no hay que olvidar que el antecesor de Biden, Donald Trump, tras un comienzo complicado, se reunió con Kim en tres ocasiones y llegaron a un acuerdo por el que Pyongyang se comprometía a no realizar pruebas de misiles balísticos de largo alcance ni de armas nucleares. Aunque posteriormente tuvieron lugar algunas pruebas menores a las que Trump no les dio importancia, ahora se espera que Biden muestre las líneas maestras de su estrategia con el régimen de Kim. Más aún cuando su equipo acaba de regresar de Japón y Corea del Sur y les ha dejado claro a sus aliados que «EE UU está de vuelta».

Mientras, desde China la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, afirmó que mantener la paz y la estabilidad en la península de Corea es el objetivo de toda la humanidad. «Hacemos un llamamiento a las partes relevantes para que se reúnan a medio camino y continúen la desescalada para avanzar en el arreglo político y trabajar por una paz y seguridad duraderas en la península», apuntó.