Al Qaeda ordena a sus militantes que no se vacunen con AstraZeneca

Al Shabaab, la franquicia de la banda yihadista en Somalia, teme que sus combatientes sufran reacciones

Imagen de archivo de un atentado en Mogadiscio (Somalia)EFE/EPA/SAID YUSUF WARSAME
Imagen de archivo de un atentado en Mogadiscio (Somalia)EFE/EPA/SAID YUSUF WARSAMESAID YUSUF WARSAMEEFE

La pandemia de coronavirus suscitó, nada más aparecer, un debate en el seno de las dos grandes bandas yihadistas, Al Qaeda y Estado Islámico (Isis, Dáesh). Desde formular una serie de recomendaciones al principio para evitar contagios, se pasó a interiorizar la enfermedad como algo positivo para sus fines, ya que era un “castigo de Dios” contra los infieles “cruzados” por no abrazar el Islam.

Según informa el portal Site Inteligence, Al Shabaab, la franquicia de Al Qaeda en Somalia, una de las más activas y peligrosas de la banda terrorista, ha pedido a sus militantes que rechazan la vacuna AstraZeneca contra la COVID-19. Parece claro que los yihadistas, tras hacerse eco de las noticias que se han difundido a nivel mundial, sobre las posibles reacciones que puiede provocar el producto, no quieren correr el riesgo de que sus combatientes queden inoperativos.

Además, hay que tener en cuenta el recelo, dentro de la fanatización de estos grupos, que existe contra todo lo que venga de países gobernados por los “kuffar” (infieles) y la idea que tendrán que puede existir algún tipo de maniobra para dejarles fuera de combate mediante la introducción de productos dañinos. La realidad es que, tras algunas dudas, la vacuna ha sido avalada y se está utilizando a nivel global, entre otros países en España, aunque algunos gobiernos aún tienen sus reticencias.

Por lo que respecta al Isis, el primer mensaje que lanz-o, en marzo del año pasado, a través de sus redes sociales y publicaciones, fue que la enfermedad era una maldición de Alá contra China por sus actuaciones contra los yihadistas uigures de la provincia de Xinjiam.

Después, con kla extensión de la pandemia, reflexionó y lanzó una serie de recomendaciones sanitarias basadas en las creencias musulmanas, para terminar con el mensaje de que lo que había que hacer era aprovecharse de la situación y atacar a un Occidente debilitado, precisamente por el castigo de Dios.

En concreto, publicaron en el semanario “Naba” número 226 un artículo titulado “La peor pesadilla de los cruzados”. Tal y como publicó LA RAZÓN, el Estado Islámico consideraba que la pandemia de coronavirus, y las debilidades que provocan en Occidente, conformaban una situación inmejorable para cometer atentados en estos países.

Por ello, reclama de los musulmanes que no tengan piedad de los “cruzados” (España está incluida dentro de este conjunto) y les ataquen sin contemplaciones, ya que, como en otras ocasiones, pueden obtener la victoria en la “guerra”.

“Los musulmanes no deberían compadecerse de los incrédulos y apóstatas (…) Los “cruzados” esperan que los “muyahidines” (combatientes) estén tranquilos y se compadezcan de sus sufrimientos actuales, pero fingen olvidar sus propios crímenes contra los musulmanes y los que continúan cometiendo este día”.

“Le pedimos a Dios que aumenta su tortura y salve a los creyentes de todo esto, que castigue severamente a aquellos que desobedecen al misericordioso. La pandemia actual es un ejemplo del tormento de Dios contra las naciones de su creación, que ha golpeado principalmente a las naciones idólatras. Que Dios aumente el tormento sobre los incrédulos y mantenga a los creyentes a salvo”.

Por ello, explicaban que las naciones “cruzadas” se tienen que preocupar ahora de su seguridad en sus propias tierras, de combatir la pandemia y de las consecuencias económicas que va a tener para “los precios de los bienes y para caos y desorden”. Ante esta oportunidad, los muyahidines pueden aprovechar para “conquistar partes de la Tierra como sucedió en el pasado”.

Estamos ante la “peor pesadilla de los “cruzados””, subrayan. “Dios Todopoderoso ha derramado algo de su doloroso tormento en las naciones idólatras con la epidemia. Sus empresas han sido cerradas, sus mercados y actividades suspendidas y muchos de ellos confinados en sus hogares. Y están al borde de una gran catástrofe económica”. Hasta hoy.