Se investiga si el ataque al Capitolio que costó la vida a un policía fue un atentado terrorista

El sospechoso, tras empotrarse contra la barricada, salió del vehículo blandiendo un cuchillo. Instantes después la policía abrió fuego y el agresor resultó muerto

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La policía de Washington mató este viernes a un hombre que embistió con su coche contra dos agentes apostados en una de las barricadas que protegen el Capitolio. Uno de los policías murió como consecuencia de las heridas causadas en un ataque posterior con arma blanca. Los rumores apuntaban al cierre de esta edición a que el sospechoso, tras empotrarse contra la barricada, salió del vehículo blandiendo un cuchillo. Instantes después la policía abrió fuego y el agresor resultó muerto, según confirmó Yogananda Pittman, jefa interina de la Policía del Capitolio. Nancy Pelosi, presidente del Congreso, ha ordenado que las banderas del Capitolio ondeen a media asta. La orden fue adelantada por su jefe de gabinete, Drew Hammill.

Si bien en un principio el jefe interino del Departamento de Policía Metropolitana de Washington, Robert Contee, ha descartado de que se trata de un atentando “terrorista”, el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, ha expresado que “aún queda mucho por determinar” la naturaleza del ataque.

“Mis pensamientos y oraciones están con la familia, los amigos y los colegas del oficial de policía del Capitolio que perdió la vida protegiendo el símbolo de nuestra democracia”, ha escrito Mayorkas en su cuenta de Twitter.

Un par de horas después del suceso se ha levantado el cierre de las instalaciones del Capitolio, aunque sigue desplegado un amplio dispositivo de seguridad en las inmediaciones del edificio. La Guardia Nacional estadounidense ha puesto a disposición de las autoridades locales a unos 2.300 de sus efectivos.

Dos agentes heridos

Tras el incidente, que tuvo lugar en Constitution Avenue, los dos agentes heridos fueron «conducidos al hospital», pero uno de ellos falleció. Como consecuencia del tiroteo la policía cerró varias de las principales avenidas de la ciudad mientras el Capitolio, fuertemente custodiado desde el asalto del 6 de enero, resultaba inaccesible.

Durante meses, la capital del país ha vivido aterrorizada por la posibilidad de nuevos incidentes violentos. El FBI rastreaba posibles amenazas y los servicios secretos alertaban de conversaciones en chats donde los miembros de las milicias fantaseaban con un nuevo ataque contra los edificios del legislativo.

La Guardia Nacional informó que había desplegado la Fuerza de Respuesta Inmediata (IRF), «compuesta por soldados y pilotos», que se sumaron a los 2.300 efectivos estacionados en el complejo del Capitolio.

Chuck Schumer, líder de la mayoría demócrata en el Senado, ha declarado que está «desconsolado por el oficial asesinado hoy defendiendo nuestro Capitolio y por su familia». «Rezo por el oficial herido y su familia», dijo, para añadir que «Estamos en deuda con ellos» y agradecer «a la Policía del Capitolio, la Guardia Nacional y los servicios de emergencia por todo lo que hacen para proteger el Capitolio y a los que están adentro».

Alambre de espinos

El «New York Times» recordó que hace apenas una semana las autoridades habían retirado una defensa con alambre de espinos que fue situada alrededor del edificio después del 6 de enero. El jefe de la policía metropolitana, Robert Contee, descartó, con la información disponible y con todas las cautelas imaginables, que el ataque fuera de naturaleza terrorista. También aseguró que sus agentes continuarán «investigando para ver si existe algún tipo de nexo en ese sentido».

Poco después del ataque Kevin McCarthy, líder de la minoría republicana en el Congreso, pidió a sus conciudadanos que se unieran a él entonando una «oración por los dos oficiales de policía del Capitolio y sus familias». McCarthy subrayó que los agentes había reaccionado de forma rápida y valiente y que «todo el país los está apoyando en este momento».

El congresista demócrata por California, Rohit Khanna, le explicó a la CNN que el ataque los sorprendió mientras compraba comida en la calle y que inmediatamente recordó los disturbios de enero. «Es realmente triste», le explicó a Brooke Baldwin, de CNN, «pensé que una vez que fueron eliminadas las barreras recuperaríamos algún tipo de normalidad. Pero esto solo muestra el nivel de riesgo que todavía existe». «Existe la sensación de que ahora ir a trabajar es algo que se ha vuelto peligroso. Es muy triste», añadió.

Tras el ataque se desplegó un amplio dispositivo de seguridad en las inmediaciones del Capitolio, cuyas calles de alrededor fueron cortadas al tráfico. Con motivo de las vacaciones de primavera, la gran parte de los congresistas estadounidenses no se encontraban dentro de las instalaciones del Congreso. Durante la operación para someter al atacante, se vio un helicóptero sobrevolando y se ordenó a los observadores que abandonaran el área.

Conductor desconocido

Al cierre de esta edición, las autoridades de EEUU no habían publicado ninguna información sobre la identidad del conductor del vehículo. El congresista Peter Meijer llamó en Twitter a «rezar» por los agentes de la policía del Capitolio y por el personal de emergencia en el lugar. «Estamos tratando de entender la situación que se está desarrollando en el Capitolio ahora mismo», dijo el congresista.

La Casa Blanca, por boca de su portavoz, Jen Psaki, confirmó que el presidente, Joe Biden, está al tanto de lo sucedido. Biden se ha trasladado durante el fin de semana al complejo de Camp David. Pittman, por su parte, explicó durante su emotiva comparecencia ante los medios que su departamento vive un «momento extremadamente difícil» después de los «sucesos del 6 de enero». «Les pido que mantengan a nuestra familia de la Policía del Capitolio de los Estados Unidos en sus pensamientos y oraciones», concluyó. A sus oraciones se unía el líder de la minoría republicana en el senado, Mitch McConnell, que agradeció a las fuerzas del orden por su actuación.