Europa

Detenida la doctora de Navalni al intentar visitarlo en prisión

Anastasia Vasilyeva considera al líder opositor ruso «un preso moribundo».

Anastasia Vasilyeva, al ser detenida por la Policía rusa
Anastasia Vasilyeva, al ser detenida por la Policía rusa FOTO: Pavel Golovkin

Nadie puede negar a estas alturas que Alexei Navalni sea el preso más famoso de Rusia. La última novedad de este culebrón carcelario se publicó la semana pasada por la decisión del activista de comenzar una huelga de hambre indefinida para protestar por un trato discriminatorio. Navalni exigía ser visitado por un médico de su confianza para ser tratado de unos fuertes dolores de espalda que se habían extendido hasta su pierna. La negativa del Servicio de Prisiones de Rusia fue automática.

El propio centro ya informó la pasada semana de que Navalni se había sometido a un examen médico el 24 de marzo y el estado del opositor es «estable y satisfactorio».

Este martes, el rotativo «Izvestia» publicaba que el opositor se quejaba de fiebre alta y una persistente tos, no descartando la posibilidad de que se hubiese contagiado de coronavirus, ante lo cual, la prisión ya le habría hecho una prueba a la espera de respuesta.

Mientras, Navalni se encontraba en la enfermería de la cárcel con unos problemas respiratorios que no remitían y que podrían deberse, de descartarse el coronavirus, a un hipotético contagio de tuberculosis, después de haberse contabilizado tres casos en el pabellón donde el opositor comparte celda.

Rápidamente, los seguidores y aliados de Navalni se han movilizado a través de las redes sociales denunciando que el activista, que cumple una condena de dos años y medio a cien kilómetros de Moscú, se está muriendo lentamente ante la pasividad de las autoridades.

Ayer mismo, sanitarios de la organización afín al opositor, Alianza de Médicos, se congregaron en las inmediaciones de la Colonia Correccional Nº2 (IK-2 en ruso) de Pokrov para intentar acceder al centro con el objetivo de examinar su estado de salud. El resultado de la tentativa se saldó con varios detenidos, incluido el corresponsal de la CNN, Matthew Chance (que fue puesto en libertad después de varias horas), y Anastasia Vasilyeva, médico personal del activista. Vasilyeva volvió a acusar al Kremlin de intentar envenenar a Navalni en agosto y lo calificó como «un preso moribundo».

Las Fuerzas de Seguridad bloquearon los accesos al centro penitenciario donde se encuentra Navalni para evitar que estas detenciones se conviertan en un efecto llamada para los seguidores con los que cuenta el bloguero. Desde el regreso de Navalni a Rusia y su posterior encarcelamiento, el activista ha organizado varias manifestaciones en todo el país que se han saldado con centenares de detenidos.

El «caso Navalni» ha provocado el distanciamiento de Rusia con la Unión Europea y Estados Unidos, que condenan el trato al opositor y la pérdida de libertades en Rusia con una serie de sanciones que, de momento, no han sido respondidas por Moscú.

Desde el Kremlin se reitera que el encarcelamiento de Navalni se ha producido como consecuencia de no cumplir sus obligaciones en libertad condicional después de haber sido juzgado y condenado por un delito de estafa y blanqueo de capitales mientras trabajaba para la empresa Yves Rocher.

El próximo mes de septiembre tendrán lugar en Rusia las elecciones legislativas, a las que no podrá concurrir Navalni, como era su deseo, ni ningún partido político formado por él, pero en el Kremlin ya se esperan la vuelta a las calles de sus seguidores, esperando no repetir las movilizaciones del pasado mes de enero.