Ejecuciones en el Sahel: los métodos del Estado Islámico

La acción criminal en la que han sido asesinados dos periodistas españoles recuerda mucho a la perpetrada, en agosto del año pasado, en la cercana Níger contra cooperantes franceses

Una niña pasa por delante de un grafiti en la que se puede leer "Justicia" en Ouagadougou, la capital de Burkina FAso
Una niña pasa por delante de un grafiti en la que se puede leer "Justicia" en Ouagadougou, la capital de Burkina FAsoJoe Penney

La acción criminal en la que han sido asesinados dos periodistas españoles, David Beriáin y Roberto Fraile, en Burkina Faso recuerda mucho a la perpetrada, en agosto del año pasado, en la cercana Níger, cuando un grupo de cooperantes franceses, que se dirigían al parque nacional de Kouré, famoso por su reserva de jirafas blancas, fueron interceptados por una célula del Estado Islámico del Gran Sáhara (EIGS), franquicia en el Sahel del Estado Islámico (Daesh, ISIS) y salvajemente muertos. Después, publicaron las fotografías en su revista oficial.

Al igual que en otras zonas de esta parte de África, dos franquicias de las principales bandas yihadistas, Al Qaeda y el Estado Islámico, se enfrentan en Burkina Faso, con el concurso de otros grupos criminales, simples forajidos, que suelen vender a los secuestrados a unos u otros. Pero el rápido desenlace de lo ocurrido, apunta más a los de Daesh, ya que Al Qaeda es partidaria de retener a los que captura y negociar su liberación a cambio de grandes cantidades de dinero y la liberación de terroristas presos (como ocurrió recientemente en Mali). Sean los de Ansarul Islam (los Defensores del Islam) o los de EIGS, el atentado demuestra la peligrosidad de una zona en la que, no se debe olvidar, se está jugando de alguna manera la seguridad de Occidente en el futuro próximo.

Los periodistas no realizaban ninguna misión informativa para denunciar las actividades terroristas, sino para informar contra la caza furtiva de especies protegidas. Los franceses asesinados en agosto iban a contemplarlas. A los yihadistas, les da lo mismo. Son occidentales en una zona que creen suya y, por lo tanto, visitantes «molestos». Desde hace tiempo, se advierte por parte de autoridades locales e internacionales de esta circunstancia: lo que pretenden los terroristas es llegar a lograr una «zona de confort» en la que instalar sus campos de entrenamiento (ya lo han logrado) y, sobre todo, sus organismos centrales que, en su día, estuvieron ubicados en Siria, antes de la derrota del «Califato».

Si lo logran, el peligro para Europa estará servido, con las consecuencias de todo tipo que ello conlleva. Hay un nombre a memorizar, el de Adnan Abu Walid al Sarhaoui, cabecilla del EIGS, uno de los cabecillas emergentes del Daesh, un sujeto que habla español, nació en El Aioun, en el Sáhara.

El periodismo es una profesión de riesgo y el Sahel, una zona explosiva, una mezcla en la que han sido absorbidos dos de nuestros compatriotas. Ahora se especulará, hasta que haya una reivindicación o investigación fiable, si los asesinos eran terroristas u otro tipo de delincuentes; el peligro está ahí y no se le debe dar la espalda.