Nick Clegg, el hombre detrás del veto de Facebook a Trump

El liberal británico ideó la comisión que supervisa el contenido de la red social. El ex viceprimer ministro de Reino Unido ha creado una especie de tribunal paralelo en Facebook con poder para expulsar a los usuarios

El ex viceprimer ministrode Reino Unido y líder del Partido liberaldemócrata, Nick Clegg
El ex viceprimer ministrode Reino Unido y líder del Partido liberaldemócrata, Nick Clegg FOTO: SUZANNE PLUNKETT REUTERS

Un hombre parece estar detrás de los tropiezos del ex presidente Donald Trump con Facebook, que ayer prorrogó otros seis meses la prohibición de que participe en la red social. Según el “New York Times” el cerebro de la operación ha sido Nick Clegg, político británico y ex viceprimer ministro. Tampoco debería de sorprender. Desde 2018, Clegg ocupa el puesto de director de Asuntos Globales y Comunicación de Facebook. El hombre que lideró a los liberales británicos ya avisaba en hace dos años, entrevistado por la BBC, que su nueva empresa tenía que ser mucho más proactiva para intentar frenar los ataques contra la privacidad y los de quienes intentan minar el sistema demoliberal desde dentro. Explicó que hasta entonces Facebook «no había hecho lo suficiente» y luego compensaría añadiendo que en los últimos tiempos la empresa había virado sus políticas, implementando filtros para impedir la repetición de escándalos como el de Cambridge Analytica.

Pero la cuestión de Donald Trump, acusado por Facebook de incitar a la violencia, que resultó en el asalto del Capitolio del pasado 6 de enero, abría un frente de guerra completamente nuevo. Con implicaciones decisivas, más allá de la discrepancia partidista o de lo que pudieran determinar en su momento los tribunales. Se trata más bien de asumir que Facebook, en tanto que proveedor decisivo del debate público, que circula en buena medida por las redes, adopte o no el papel de una suerte de tribunales paralelos, con la capacidad para expulsar de la conversación a quien considera que viola sus contratos internos.

Sostiene el “New York Times” que cuando en enero Mark Zuckerberg, director del gigante tecnológico, publicó un comunicado para justificar la expulsión de Trump, el borrador fue escrito por Clegg. La idea de crear un comité para reunirse meses más tarde y evaluar el caso también fue suya, aunque la decisión final le correspondió a Zuckerberg. Éste aceptó y ahora la llamada Junta de Supervisión de Facebook ha vuelto a confirmar su decisión, al tiempo que estima que la suspensión indefinida no estaba justificada.

La cuestión resulta peliaguda y sorprende en cierta forma el papel adoptado por Clegg. Básicamente, y ante los agujeros legislativos que existen, propone que la comisión o junta sea algo así como un órgano ajeno al control de la empresa, con la suficiente entidad propia como para decidir sobre la libertad de expresión de un usuario que fue nada menos que ex presidente de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, tal y como exponen los reporteros del Times, los críticos de la medida, incluso dentro del propio Facebook, argumentan que el panel de expertos ha sido elegido y pagado por la propia empresa. Básicamente se trataría más de una fachada que de un órgano capaz de juzgar con independencia. Y esto por no meditar respecto a la discutible legitimidad del asunto, con las empresas privadas reservándose el derecho de admisión.

Un debate que, lejos de darse en la burbuja de los medios, ha llegado a la arena política e incluso a la judicatura. Así, nada menos que un juez del Tribunal Supremo, Clarence Thomas, que escribió en un voto particular en una sentencia reciente que las plataformas como Facebook, auténticos servicios de suministro y distribución, inevitables y necesarios para canalizar la información, no pueden bloquear a un cliente y, mucho menos, escudarse en razones de índole moral para sacarlo de la vía pública. De haber delito, entiende, habría que acudir a los tribunales ordinarios. Se trataría de evitar que asumen el papel de árbitros y jueces unas corporaciones, capitales en el proceso dialéctico de las democracias contemporáneas.

Más allá de Trump

En cuanto a la influencia del político británico en algunas de las recientes decisiones adoptadas por Facebook, no se ha limitado al affaire Trump. El “New York Times” también señala el papel que ha jugado para que Facebook cambie de criterio, entre otras cosas, respecto a la tributación, la regulación de la publicidad política antes de las elecciones del pasado octubre. Los republicanos han prometido responder con leyes antitrust y Trump acusó este miércoles a Facebook de atacar la «libertad de expresión del presidente de los Estados Unidos porque los Lunáticos Radicales de Izquierda tienen miedo de la verdad».