Marruecos cierra los accesos fronterizos e interrumpe el éxodo migratorio

Centenares de personas que estuvieron concentrados frente al Tarajal hoy están emprendiendo el camino inverso

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Fin momentáneo del éxodo migratorio. El fuerte dispositivo policial desplegado por las autoridades marroquíes en las fronteras con la ciudad autónoma de Ceuta durante las últimas horas ha dado sus frutos. Una calma tensa se impone ahora en la localidad de Fnideq (la antigua Castillejos de tiempos del Protectorado español), donde deambulan varios miles de personas llegadas de todos los rincones del país en las últimas jornadas, la mayoría nacionales, aunque también muchos de origen subsahariano, esperando volver a probar suerte.

Por ahora las fuerzas de seguridad marroquíes, que han desplegado a un importante número de agentes antidisturbios, se muestran inflexibles con quienes se aproximan al puesto fronterizo. Tampoco permiten a grupos ni individuos que se adentren por los senderos de los montes más próximos a la verja o tomen la carretera que desde esta explanada del Tarajal conduce a la ciudad de Tánger por la costa del Estrecho.

“Nos hemos jugado la vida. No hemos recibido nada bueno de nadie. Solo pedimos una oportunidad”, explican a LA RAZÓN dos jóvenes cameruneses, cubiertos por sendas mantas de la Cruz Roja española, que avanzan renqueantes rumbo de vuelta a territorio marroquí tras haber sido expulsados de Ceuta.

“Hemos venido desde Casablanca andando, y hemos sufrido la discriminación de la gente de este país. No tenemos nada. Volveremos a intentarlo”. Los migrantes avanzaban al ritmo del empuje de la línea de efectivos antidisturbios marroquíes, que a final de la mañana dejó los aledaños del puesto fronterizo para acabar fijándose de nuevo en Fnideq.

Esta vez sí un representante del Gobierno de Marruecos se refería directamente a la crisis migratoria. Por si había dudas sobre cómo se interpreta desde Rabat lo sucedido, el ministro de Estado de Derechos Humanos y Relaciones con el Parlamento, Mustafá Ramid, aseguraba esta mañana que España “sabía que el precio por subestimar a Marruecos es muy alto”. Con todo, la crisis está prácticamente ausente de los medios de comunicación nacionales; no así de las cabeceras de las comarcas del norte, pues pueden verse a informadores en estas horas por las calles de Fnideq.

Todo indica a que las próximas horas estarán marcadas por la misma tranquilidad relativa de esta tarde. Pero nadie duda de que, aunque a otra escala, el goteo de salidas de migrantes en patera o a nado desde esta costa mediterránea marroquí o desde el Estrecho no tardarán en volver a producirse. Más allá del grado de implicación de las autoridades marroquíes y de la reconducción -obligada de la crisis-, la realidad es que la situación económica y social de las provincias del Rif y la Yebala es crítica.

Al llegar la tarde una espesa niebla se apoderaba de esta gran bahía que limita al norte con la ciudad autónoma española y al sur con las escarpadas costas del Rif. Y con la niebla nuevos intentos de entrar en Ceuta de jóvenes que siguen aguardando en la carretera que conecta Fnideq con la frontera de Ceuta o en los montes circundantes, donde muchos hallan malhadado hogar.