Biden y Putin celebrarán su primera cumbre el 16 de junio en Ginebra

Las relaciones entre EE UU y Rusia pasan por su peor momento desde el final de la Guerra Fría

Biden y Putin en 2011
Biden y Putin en 2011Alexander ZemlianichenkoAP

Aumenta la tensión por el secuestro del opositor bielorruso Roman Protasevich, mientras la Casa Blanca confirma que el presidente Joe Biden se reunirá con Vladimir Putin en la ciudad suiza de Ginebra el próximo 16 de junio. No hay duda de que la suerte de Protasevich será un asunto crucial. La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, explicó que los dos líderes «discutirán toda la gama de cuestiones urgentes, mientras buscamos restaurar la previsibilidad y la estabilidad de la relación entre Estados Unidos y Rusia».

Sus palabras llegan después de que el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, haya dialogado con la líder de la oposición democrática en Bielorrusia, Svetlana Tijanovskaya. La Casa Blanca ha informado que Sullivan «transmitió el firme apoyo de Estados Unidos a las demandas del pueblo bielorruso de democracia, derechos humanos y libertades fundamentales» y «elogió la valentía y el sacrificio desinteresado de líderes democráticos como Svetlana Tijanovskaya, su esposo, Syarhey, y los cientos de otros activistas por la democracia, periodistas independientes y líderes de la sociedad civil bielorrusos que languidecen en las cárceles como presos políticos del régimen de Lukashenka».

Horas antes, en una declaración que dejaba poco espacio para la ambigüedad, Biden expuso que el desvío forzado del vuelo de Ryanair y el secuestro del bloguero Protasevich constituyen «una afrenta directa a la legalidad internacional». Su Gobierno ha condenado lo sucedido, que considera «escandaloso».

En cuanto al vídeo donde puede verse a Pratasevich alabando el trato de sus captores, Biden lo considera «vergonzoso». «Me uno», dijo Biden, «a los muchos llamamientos a una investigación internacional para conocer los hechos completos del caso».

El inquilino de la Casa Blnaca celebró que la Unión Europea haya reclamado sanciones económicas y de otro tipo y anunció que le había pedido a su Gobierno que «desarrolle opciones adecuadas para que rindan cuentas los responsables, en estrecha coordinación con la Unión Europea, otros aliados y socios y organizaciones internacionales».

Para el consejero Sullivan, Bielorrusia debe responder de forma inmediata con la liberación tanto de Pratasevich como del resto de presos políticos, así como con la celebración de unas elecciones libres bajo la observación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). En el documento, la Casa Blanca afirma que «EE UU, en coordinación con la UE y otros aliados y socios, hará que el régimen de Lukashenko rinda cuentas». El problema es que Bielorrusia no tiene intereses comerciales directos con EE UU. También existe el temor a que el cierre de los aeropuertos estadounidenses y europeos a los vuelos bielorrusos acabe perjudicando a los opositores antes que a la propia dictadura.

En su declaración Biden explicaba que «durante meses el pueblo bielorruso ha hecho oír su voz, exigiendo democracia, respeto de los derechos humanos y la preservación de las libertades fundamentales». «EE UU», añadió, «seguirá apoyando al pueblo de Bielorrusia en su lucha». Lejos de amilanarse, y bien arropado por el apoyo del Kremlin, el tirano Alexander Lukashenko ha respondido a las críticas con nuevas agresiones contra la libertad de expresión e información.