Biden busca una pinza con Europa para contrarrestar a Rusia y China

En su primer viaje como presidente de Estados Unidos, el demócrata quiere restablecer el vínculo transatlántico para que “sean las democracias quienes escriban las reglas del siglo XXI”

El presidente norteamericano, Joe Biden, en un acto reciente sobre la pandemia
El presidente norteamericano, Joe Biden, en un acto reciente sobre la pandemia FOTO: CARLOS BARRIA REUTERS

Joe Biden llegó a la Casa Blanca con la doble promesa de robustecer la soberanía nacional y potenciar la colaboración transatlántica y los vínculos con las democracias europeas. Los dos pilares para lograrlo son de índole económica y diplomática. El Gobierno de Estados Unidos espera conseguir lo primero mediante medidas que en otros tiempos habrían sido tachadas de nacionalistas y/o proteccionistas. En cuanto a la diplomacia, Biden abre por todo lo alto con su primer viaje a Europa. Toda una declaración de intenciones frente al viaje inaugural de Donald Trump, que eligió Arabia Saudi para estrenarse en el mundo. El periplo del actual presidente incluye citas con el primer ministro británico, Boris Johnson, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de la república francesa, Emmanuel Macron. España, cuarta economía de la zona euro, pero también crecientemente invisibilizada en el concierto geoestratégico, vuelve a quedarse fuera: no habrá entrevista entre el veterano político demócrata y el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez.

En la agenda, la cumbre del G-7 en Reino Unido, del 11 al 13 de junio, un encuentro en Windsor con la Reina Isabel II, la cumbre de la OTAN el 14 de junio, incluida una reunión con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, la cumbre entre Estados Unidos y la UE del 15 de junio, y finalmente un viaje a Ginebra, Suiza, para verse con el presidente de la Federación de Rusa, Vladimir Putin, el 16 de junio.

En un artículo publicado el pasado sábado en el Washington Post, Biden recalca la importancia simbólica del viaje, el primero de su presidencia, así como los encuentros proyectados con «nuestros socios democráticos más cercanos, incluidas las naciones del G-7, nuestros aliados de la OTAN y los líderes de la Unión Europea». Tal y como ha explicado en diversas ocasiones, entiende que mientras el mundo lidia con el covid-19, Estados Unidos debe renovar su compromiso con sus socios y aliados, demostrando «la capacidad de las democracias para enfrentar los desafíos y disuadir las amenazas de esta nueva era».

Lucha contra el covid-19

Biden afronta el viaje convencido de que está haciendo los deberes en casa. Por un lado, la estrategia de vacunación nacional está permitiendo que la economía recupere sus mejores señales vitales, con el país empeñado en aproximarse a la inmunidad de grupo para el 4 de julio. Por otro lado la Casa Blanca trabaja para desplegar un formidable plan de inversiones que mira sin complejos hacia el New Deal y las medidas adoptadas por Fraklynn Delano Roosevelt en tiempos de la gran depresión. Lejos del nativismo de Donald Trump, pero también crecientemente separado del credo globalista de Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, el nuevo presidente lleva semanas empeñado en explicar que décadas de desregulación y deslocalización han fragilizado la economía estadounidense.

Minaron el nivel de vida de la clase trabajadora y las clases medias, entregando a potencias enemigas la manija económica fabril mientras emigraban empleos tan cotizados como los generados por las nuevas industrias energéticas. Medidas complementarias, como el intento de fijar un impuesto mínimo de sociedades del 15% tratan de paliar la falta de compromiso nacional de los gigantes tecnológicos como Facebook y Amazon, así como de Wall Street y, en general, los fondos de inversión. «Los ministros de finanzas del G-7», explica, «ya se han comprometido sin precedentes a generar impulso para una tasa impositiva mínima global de al menos el 15 por ciento para poner fin a la carrera a la baja en los impuestos corporativos».

Jen Psaki, secretaria de prensa de la Casa Blanca, ha explicado que el viaje «destacará el compromiso de Estados Unidos para restaurar nuestras alianzas, revitalizar la relación transatlántica y trabajar en estrecha cooperación con nuestros aliados y socios multilaterales para abordar los desafíos globales y asegurar mejor los intereses de Estados Unidos». Sobre la situación de la economía nacional, Biden comenta que «hemos creado más puestos de trabajo en los primeros cuatro meses de nuestra Administración que bajo cualquier otro presidente». «Los salarios de los trabajadores estadounidenses están aumentando», añade, «y, a medida que la recuperación económica de Estados Unidos ayude a impulsar la economía global, seremos más fuertes y más capaces cuando estemos flanqueados por naciones que comparten nuestros valores y nuestra visión para el futuro, por otras democracias».

En lo tocante a su encuentro con Boris Johnson, el presidente de EE UU quiere subrayar la relación especial con Reino Unido. Durante la reunión del G-7, en su primer encuentro no virtual en 2 años, presionará para que la agenda pivote sobre la lucha para acabar con la pandemia y para mejorar la seguridad sanitaria internacional, así como sobre el impulso para lograr «una recuperación económica mundial sólida e inclusiva». Otra cuestión crucial tiene que ver con la lucha contra el calentamiento global, que Estados Unidos quiere aprovechar para convertirlo en el motor de una revolución económica y tecnológica, logrando «un progreso ambicioso que frene la crisis climática y cree empleos impulsando una transición global hacia las energías limpias».

Al mismo tiempo la Casa Blanca viene insistiendo en la urgente necesidad de aprobar una legislación presupuestaria capaz de atajar sin medias tintas la deplorable situación de las infraestructuras a nivel nacional. Entre otras cosas porque esto ayudará a «perfeccionar la capacidad de las democracias para competir y proteger a nuestra gente contra amenazas imprevistas». Peligros como los recientes ciberataques sufridos por sectores económicos clave, como el de la energía y la alimentación, reclaman la colaboración público/privada y la cooperación internacional. Para Biden, «a medida que las nuevas tecnologías remodelan nuestro mundo de manera fundamental, exponiendo vulnerabilidades como ataques de ransomware y creando amenazas como la vigilancia invasiva impulsada por la IA», las democracias del mundo deben garantizar juntas que nuestros valores gobiernen el uso y desarrollo de estas innovaciones, no los intereses de autócratas».

El optimismo, y el compromiso con la diplomacia, que destilan los planes de Biden, ya podía rastrearse en aquel notable discurso inaugural del secretario de Estado, Anthony Blinken, del pasado 27 de enero, cuando se dirigió por primera vez a los empleados del Departamento. «El liderazgo de Estados Unidos es necesario en todo el mundo», dijo.

Respecto a la colaboración militar, tan golpeada por las acusaciones de la anterior Administración contra la UE, Biden explica que los «en Bruselas, en la cumbre de la OTAN, afirmaré el compromiso inquebrantable de Estados Unidos con el artículo 5 y con garantizar que nuestra alianza sea sólida frente a todos los desafíos, incluidas amenazas como los ataques cibernéticos a nuestra infraestructura crítica». En sus encuentros con el presidente de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo Biden espera discutir cómo EE UU y la UE pueden coordinarse para «garantizar que las democracias de mercado, y no China y otros, escriban las reglas del siglo XXI en torno al comercio y la tecnología. Y continuaremos persiguiendo el objetivo de una Europa entera, libre y en paz».