Perú afronta un cambio radical con triunfo de Pedro Castillo

La candidata conservadora ha puesto un recurso y el ganador oficial tardará aun en conocerse

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Pedro Castillo está a un paso de convertirse en el nuevo presidente de Perú. El conteo de votos de la elección del pasado domingo ha terminado con el 100% de las actas procesadas, marcando la ventaja por unos 63.000 votos -de más de 17 millones de votos válidos- para el abanderado del partido de izquierda radical Perú Libre, sobre su rival Keiko Fujimori. Pero aún no hay proclamación.

Ahora la batalla por un resultado definitivo se dará en lo jurídico, pues la hija del exmandatario Alberto Fujimori ha impugnado una inédita cantidad de actas, 803, que ponen en juego unos 300.000 votos que, de ser anulados, la pondrían adelante en los números. Ambas campañas entran ahora a una confrontación legal frente a los jurados electorales especiales (JEE). Ya varios recursos han comenzado a ser resueltos -y desestimados- dentro del plazo inicial que cierra el sábado, pero cuyas resoluciones pueden ser apeladas ante un jurado nacional que pudiera alargar el asunto por unos 10 días más.

Los observadores internacionales han felicitado a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) por la organización de las votaciones, y analistas han observado los reclamos de Fujimori como menores y sin fundamentos reales, además con el partido de Castillo incapaz de haber logrado un fraude nacional vista su limitada estructura.

El izquierdista, por su parte, ha llamado a sus seguidores a mantenerse atentos y confiados. “Es tiempo de madurez y tranquilidad, y gracias pueblo peruano por esta vigilia nacional pararecuperar no solamente el voto, sino por recuperar esta patria”, dijo este jueves en la tarde al agradecer las felicitaciones adelantadas de Alberto Fernández y Daniel Ortega, presidentes de Argentina y Nicaragua, respectivamente.

El plan de Castillo

Con Pedro Castillo esperando su proclamación, se dibuja el Perú que el maestro de escuela devenido en político pudiera liderar a partir del 28 de julio, día en que asumiría el poder cuando Perú cumpla 200 años de independencia. Será el final de un camino ascendente que comenzó cuando el candidato de sombrero de paja y un lápiz gigante logró un sorprendente primer lugar en la primera vuelta de las elecciones generales de abril pasado.

Castillo nació en la región Cajamarca, en la sierra norte de Perú, hace 51 años. Esa zona del país está marcada por la pobreza, a pesar de ser rica en oro y otros minerales. Allí se extraen materias primas que terminan significando el 61% de las exportaciones de Perú y la mayor fuente de ingresos del país, pero en un entorno de pobreza donde se resiente que los capitales terminen concentrados en la zona capitalina.

Además, fue escenario de los enfrentamientos ente el Estado peruano y Sendero Luminoso en la década de 1980, que terminó generando que los campesinos organizaran autodefensas, conocidas como “ronderos” de las cuales formó parte. De allí viene el sombrero.

El lápiz simboliza su carrera como maestro de escuela primaria en estas tierras de los Andes peruanos. Por eso le llaman “el profe”. Desde 1995 dio clases, armado con una maestría en Psicología Educativa, y pasó a tener una intensa actividad sindical entre los docentes. Su salto a la política lo dio en 2002 cuando se postuló sin éxito a la alcaldía de Anguía, en su región, por el partido Perú Posible del entonces presidente Alejandro Toledo, actualmente investigado por corrupción. En 2017, adquirió notoriedad al dirigir una huelga nacional de profesores, que se extendió por 75 días, exigiendo aumentos de sueldos.

El programa del partido Perú Libre que ha llevado a Pedro Castillo a tener ventaja al cierre del balotaje implica reformas radicales, cambios en el modelo económico, e impulsar ua nueva Constitución a través de una constituyente popular que incluya estatizar sectores estratégicos y darle al Estado un papel activo en las regulaciones de mercado.

Según ha dicho durante la campaña, Castillo busca que los sectores minero, gasífero y petrolero pasen a manos del gobierno. También propuso destituir a los magistrados del Tribunal Constitucional para que sean nombrados por el pueblo y no por el parlamento. Por otro lado, Castillo ha dicho que quiere aumentar el presupuesto en educación y agricultura y ha manifestado su interés en reformar los tratados internacionales firmador por Perú.

Gobernar sin el Congreso

El perfil de izquierda de Pedro Castillo no es el de un progresista. Su partido se inscribe en el marxismo, y sus visiones sobre políticas sociales son más cercanas a las de grupos radicalmente conservadores. Se ha declarado abiertamente contra el aborto, el enfoque de género, el matrimonio igualitario y la legalización de la marihuana. Castillo es integrante de una de las iglesias evangélicas más antiguas de Perú.

Pero lo que ha espantado a las élites son sus planteamientos económicos que, de concretarse, pudieran dar al traste con el modelo de libre mercado implementado desde hace tres décadas. Pero de los anuncios a los hechos, hay trecho. No solo porque Castillo gobernaría habiendo ganado una elección profundamente dividida y con apenas 0,4% de ventaja, sino porque enfrentará a un Congreso en contra.

Perú Libre logró tiene 37 de 130 curules, y el otro partido de izquierda, Juntos por el Perú, obtuvo otras cinco sillas. Desde el parlamento se ha utilizado el juicio político para deponer presidentes, como ocurrió en 2020 con Martín Vizcarra bajo el argumento de “incapacidad moral”.

Cierto es que Castillo pudiera aceleradamente optar por disolver el Congreso, por ejemplo, lo que lo llevaría a profundizar un enfrentamiento con los grupos opositores, sectores empresariales y mediáticos, además del militar que lleva una semana llamando a todos los candidatos a respetar las leyes.

El principal reto de Pedro Castillo será superar las barreras políticas para saciar las expectativas de quienes le han votado de mejorar el entorno económico aguas abajo y permitir mayor inclusión de sectores hasta ahora mantenidos al margen de las decisiones. Y al mismo tiempo maniobrar para sus políticas no afecten el crecimiento macroeconómico de Perú, con inversiones extranjeras en alza, como ha sido por una década al menos. Además, deberá demostrar que la izquierda puede gobernar sin caer en hiperinflación y escasez como ocurrió hace 40 años o lo vive el presente Venezuela gracias al modelo chavista cuyos líderes han alabado a Castillo como uno de los suyos.