Las seis amenazas que enfrenta la OTAN ante el nuevo desorden mundial

La Alianza Atlántica lidia con el resurgimiento de Rusia, la asertividad de China y la creciente escalada armamentística

Foto de familia de la cumbre de líderes de la OTAN que se celebra en Bruselas
Foto de familia de la cumbre de líderes de la OTAN que se celebra en BruselasHorst WagnerEFE

Han pasado casi 73 años desde que los aliados occidentales firmaron el Tratado de Washington para crear la OTAN, basado en el principio de autodefensa colectiva contra la entonces amenaza soviética consagrado en el artículo 5 del tratado. Hoy no solo es Rusia la que amenaza el orden internacional. China está inmersa en una carrera económica y militar para disputar cara a cara a EEUU la hegemonía mundial. El mundo se halla inmerso en una carrera armamentística y la OTAN trata de superar una crisis de identidad.

La presencia por primera vez de Joe Biden en la cumbre anual de la Alianza Atlántica en Bruselas supone un soplo de aire fresco para la organización militar tras el tempestuoso paso de Donald Trump, que calificó la Alianza de “obsoleta” y amenazó con dejar en la cuneta a los miembros que no dedicaran un 2% de su PIB a la defensa nacional. Sin la Unión Soviética, la OTAN se enfrenta a nuevos desafíos.

Carrera armamentística

Desde hace años ha cobrado fuerza una nueva carrera de misiles que se ha intensificado tras la salida de EEUU y de Rusia del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés). Este tratado para la eliminación de misiles nucleares de medio y corto alcance fue hito de la Guerra Fría que firmaron Washington y Moscú en 1987. Pero los expertos señalan que desde antes de la llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU, Rusia ya venía alimentando un rearme con nuevos misiles de crucero. Hace poco, el Pentágono anunció que invertirá 15.000 millones de euros en un sistema antimisiles que desplegará en Alaska, un rearme en plena frontera rusa que no gusta en Moscú. La noticia alentadora vino con la extensión de cinco años en febrero pasado del tratado de control de armas nucleares Nuevo START, que limita el número de armas nucleares estratégicas con un máximo de 1.550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos para cada una de las dos potencias, en tierra, mar o aire.

La agresividad de Rusia

Rusia sigue siendo el mayor desafío para la alianza, dijo Jonathan Eyal, director asociado del Royal United Services Institute. La Alianza Atlántica considera que Moscú ha emprendido un camino de acciones agresivas que incluyen amenazas a sus vecinos, ciberataques o incluso envenenamientos, como en el caso del opositor ruso Alexei Navalni. Además, en 2014 se anexó el territorio ucraniano de Crimea. La estrategia de la OTAN pasa por “una defensa fuerte combinada con diálogo”, en palabras del secretario general de la Alianza Jens Stoltenberg, quien segura que “el diálogo no es una señal de debilidad, sino una señal de fuerza”.

China, la nueva amenaza

China no es nuestro enemigo, clama el secretario de la OTAN Stoltenberg, pero a nadie se le escapa que Estados Unidos ha situado a Pekín en el centro de su estrategia militar. El gigante asiático está experimentando en los últimos años una expansión militar significativa y además ha invertido fuertemente en nuevas capacidades y sistemas armamentísticos más avanzados. De China preocupa no solo su postura militar en expansión en el Indo-Pacífico sino una presencia cada vez mayor en África y Oriente Medio además de su avance económico y tecnológico, como se ha visto con el imparable avance de su red 5G, que amenaza la propia base industrial y tecnológica de Europa.

El comportamiento de Pekín en el mar de China Meridional, su manera de reprimir las manifestaciones democráticas en Hong Kong y la persecución de las minorías así como el uso de nuevas tecnologías y el reconocimiento facial para “controlar y vigilar” a su propia población “de manera nunca vista antes” han alertado a los aliados. La OTAN no entrará en una nueva “guerra fría” con China pero buscará hacer frente unida a los desafíos para la seguridad de la Alianza que implica su escalada militar y expansión de poder en el mundo, según Stoltenberg. La receta de la OTAN pasa por trabajar más de cerca con socios regionales como Japón o Australia.

Bajos presupuestos en Defensa

Más del 90% de la población de la Unión Europea vive en un país de la OTAN, pero sólo el 20% del gasto de defensa de la OTAN proviene de los miembros de la UE de la OTAN, asegura Stoltenberg. Donald Trump se quejó varias veces de la falta de compromiso de los países europeos con su propia defensa. Con la presidencia de Biden, los analistas creen que Estados Unidos mantendrá la presión sobre sus socios miembros europeos para cumplir con el objetivo de gasto de defensa del 2% del PIB, establecido en la cumbre de la OTAN de 2014 en Gales. Pero más allá de la discusión sobre los presupuestos nacionales subyace otra cuestión de fondo. Los estadounidense son cada vez más reacios a expandir el poder de su país allende los mares y más aún como parte de una alianza con Europa que se considera una reliquia del pasado, tal y como señala el analista Fabrice Pothier.

Turquía, el socio incómodo

Turquía, bajo la presidencia de Recep Tayyip Erdogan, se ha convertido en un socio problemático dentro de la OTAN, a la que pertenece desde 1952. Ankara decidió comprar un sistema de defensa antimisiles ruso S-400, incompatible con la tecnología de la OTAN que puede derribar aviones y misiles balísticos no estratégicos a una distancia de hasta 400 kilómetros y a una altura de 27.000 metros. Esta compra provocó el malestar dentro de la Alianza, hasta el punto de que algunos países han congelado la venta de armas. Al mismo tiempo, las relaciones bilaterales de Turquía con Europa son tensas debido, entre otros motivos, a la gestión de la crisis migratoria. Europa aceptó pagar miles de millones de Ankara para que cerrara las fronteras con Europa.

El fin de la guerra más larga en Afganistán

La OTAN espera completar el 11 de septiembre, 20 años después de los atentados de Al Qaeda en EEUU que motivaron la operación aliada en el país asiático, su salida definitiva tras terminar una misión militar que deja numerosos interrogantes en el aire. ¿Volverán los talibanes a controlar el país? Stoltenberg asegura que mantendrá una presencia civil para seguir dando apoyo a las instituciones de seguridad afganas, seguir proporcionando financiación a las fuerzas de seguridad.

Afganistán se ha visto sumido en un incremento de la violencia a pesar del inicio en septiembre del proceso de conversaciones de paz entre el Gobierno y los talibán en la capital de Qatar, Doha, y en medio del repliegue de las tropas internacionales del país.