El «mariscal Twitto» toma las riendas del club europeo

Eslovenia asume la presidencia rotatoria de la UE entre críticas por su deriva autoritaria y su defensa de la Hungría de Orban

El primer ministro de Eslovenia, Janez Jansa
El primer ministro de Eslovenia, Janez JansaFrancisco SecoAP

El 1 de enero de 2008, Eslovenia se convirtió en el primer país –dentro de los nuevos Estados miembros que se adhirieron al bloque comunitario en 2004– en ostentar la presidencia rotatoria de la Unión Europea. Su primer ministro, Janez Jansa, era alabado como un viejo luchador contra el comunismo y un acérrimo defensor de las libertades. Un europeísta entusiasta que en 1991, como carismático ministro de Defensa, lideró a las fuerzas eslovenas en su resistencia al Ejército yugoslavo y consiguió el reconocimiento de la independencia del país.

Este pasado 1 de julio, Eslovenia vuelve a tomar el timón de la UE durante seis meses y Jansa es también primer ministro. Es su tercer mandato: 2004-08, 12-13 y este último, desde 2020. El antiguo héroe, el liberador frente al yugo del dictador Tito, ahora se ha ganado el apodo de «mariscal Twitto», por sus querencias autoritarias y uso enfervorizado de Twitter. Quizás no haya mejor ejemplo para intentar explicar la difícil digestión de la entrada de nuevos miembros al club comunitario.

La presidencia rotatoria eslovena parece llegar en el peor momento posible. Esta pasada semana, el primer ministro húngaro Viktor Orban se vio acorralado durante la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno, en una ofensiva sin precedentes para que el líder magiar retire una ley que prohíbe hablar de homosexualidad en las escuelas y que extiende este veto al material audiovisual destinado a menores de 18 años. Aparte de la previsible defensa del «premier» polaco, Jansa fue el otro líder que arropó a Orban, aunque con menos entusiasmo.

En los pasillos comunitarios, Jansa siempre ha jugado con una calculada ambivalencia. En la campaña electoral de 2018, se distinguió por un duro discurso anti-inmigración que le sitúa en la misma órbita que el resto de los países de Visegrado (Polonia, Hungría y República Checa), pero a la hora de la verdad nunca ha ido tan lejos como los dos primeros. Se desligó del veto de estos países al fondo de reconstrucción europeo, Next Generation EU, por la vinculación del desembolso de las ayudas al respeto al Estado de Derecho y no tiene intención de que su fuerza política rompa amarras con el Partido Popular Europeo, algo que sí ha hecho Orban.

Aunque Jansa puede parecer más controlable que el primer ministro húngaro, también le gusta ir por libre y quizás sea peligroso subestimarlo. Fue el único líder europeo que felicitó a Donald Trump en las presidenciales cuando todavía no había acabado el recuento (ganó las elecciones con el lema «Eslovenia primero» como homenaje al magnate) y es uno de los países que todavía no ha nombrado representantes a la recién creada Fiscalía europea (EPPO), órgano que pretende llevar ante la justicia a los sospechosos de cometer fraude y atentar contra los intereses económicos europeos en el desembolso del maná comunitario.

El primer ministro esloveno Janes Janza FOTO: JOHANNA GERON REUTERS

Aunque haya acaparado menos titulares y la UE no le haya abierto los mismos procedimientos de infracción que a Polonia y Hungría, muchas voces alertan de la progresiva deriva autoritaria en el país. En estos años últimos años, el «permier» ha atacado a los medios, ha sido acusado de obstruir la elección de fiscales (lo que obligó a dimitir a la ministra de Justicia) y ha emprendido una guerra sin cuartel contra el sector cultural, con el reemplazo de los directores de los siete mayores museos nacionales.

Uno de los grandes temores reside en que Jansa use la presidencia de la UE como atril para acallar a sus adversarios políticos y como modo de atemperar las críticas en el seno de los 27 a las políticas de Orban. Tampoco parece que pueda haber demasiados avances en ámbitos como el paquete migratorio, que por otra parte lleva meses encallado.

Hasta sus mayores detractores admiten que Jansa es todo un superviviente. En 2013 fue condenado a 2 años de prisión por un presunto caso de tráfico de influencias, pero cumplió menos de seis meses y acabó siendo absuelto por el Tribunal Constitucional.

Aunque las presidencias rotatorias europeas han perdido capacidad de influencia desde la creación del puesto de presidente del Consejo en 2010, durante este semestre Eslovenia deberá marcar la agenda y encauzar debates. En su primera rueda de prensa, el «premier» indicó que Eslovenia es una víctima incomprendida de los «dobles raseros», a veces a manos del poder ejecutivo cada vez más poderoso de la UE, la Comisión Europea. «No somos una colonia. No somos un miembro de segunda clase de la UE, indicó Jansa a periodistas extranjeros el viernes. «La UE reúne a países con diferentes tradiciones, con diferentes culturas. Hay diferencias que hay que tener en cuenta y respetar».

En estos seis meses, la UE deberá luchar contra la pandemia y poner en pie el plan de recuperación económica. Además, Eslovenia quiere impulsar la ampliación hacía los Balcanes Occidentales y todo indica que la cumbre de octubre dedicada a este fin puede convertirse en su gran contribución.