Cruzada anti LGTBI: uno de cada tres países castiga penalmente las relaciones homosexuales y seis con la muerte

Un total de 69 estados continúan criminalizando los actos sexuales entre personas adultas del mismo sexo

La comunidad LGTBI sigue defendiendo los derechos conseguidos y logrando pequeños avances en todo el planeta, pero aún hay mucho terreno por construir.
La comunidad LGTBI sigue defendiendo los derechos conseguidos y logrando pequeños avances en todo el planeta, pero aún hay mucho terreno por construir.IAN LANGSDONEFE

Ser homosexual no es lo mismo en un rincón del planeta que en otro. En algunos países los actos sexuales con personas del mismo sexo pueden ser castigados con años de cárcel e incluso la muerte, mientras que en otros es legal que dos hombres o dos mujeres se casen o adopten.

Se trata de avances y retrocesos más o menos profundos dependiendo del país. El último caso podemos encontrarlo en Hungría, donde una nueva ley contra la homosexualidad entró en vigor el pasado jueves y ha causado una enorme indignación y protestas generalizadas en la comunidad LGTBI, agregando también incertidumbre a la vida bajo el Gobierno del primer ministro nacionalista Viktor Orban.

Esta normativa polémica prohíbe “mostrar o promocionar” la homosexualidad o el cambio de género entre los menores de 18 años. También propone la creación de una lista de grupos autorizados para impartir sesiones de educación sexual en las escuelas. Y es que la ley de Orban ha disparado las alarmas dentro del club comunitario por sus semejanzas con la norma aprobada en Moscú en 2013 que prohibía lo que el Kremlin consideraba “propaganda gay” en los ámbitos en los que hubiera menores.

A día de hoy hay un total de 69 países de todo el mundo que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo, aunque en 124 es legal y en 28 -dos más que en la anterior revisión- existe matrimonio igualitario. El listado asciende a 30 si se tiene en cuenta a Puerto Rico -estado libre asociado de EE UU- y Taiwan. Más de la mitad -hasta 16- están en Europa: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Islandia, Luxemburgo, Malta, Noruega, Países Bajos, Portugal, Reino Unido y Suecia. Son datos de la última actualización del informe Homofobia de Estado, elaborado por la asociación internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA).

El siguiente «mapa de la homofobia mundial» arroja tanto luces como sombras, puesto que el informe empeoró el pasado año tras la llegada al poder de líderes homófobos que redoblaron sus esfuerzos para oprimir aún más al colectivo LGTBI. ILGA también explica cómo 30 países castigan a las personas homosexuales con hasta ocho años de cárcel, mientras que en otros 27 va de los diez años a la cadena perpetua.

Mapa sobre las leyes de orientación sexual en el mundo FOTO: ILGA La Razón

Entre las 69 naciones que aún castigan penalmente la homosexualidad y que suponen el 35% del total, hay además seis que contemplan la pena de muerte: Brunei, Irán, Mauritania, Nigeria (solo en una docena de estados del norte), Arabia Saudita y Yemen. En Afganistán, Pakistán, Qatar, Somalia y los Emiratos Árabes Unidos también podría imponerse la pena capital, pero hay menos certeza jurídica sobre la situación.

África y Asia, los continentes más peligrosos

África y Asia son los continentes con mayor porcentaje (59 y 52%, respectivamente) de países que criminalizan la homosexualidad. En seis de estos estados -Sudán, Tanzania, Uganda, Zambia, Barbados y Guyana- existe la cadena perpetua para castigarla y en otro medio centenar hay penas de prisión que van desde uno hasta 20 años, como ocurre en Malasia. Pasan también de los diez años de cárcel Kenia, Gambia y Malawi.

Desde ILGA también señalan como motivo de preocupación que la legislación se queda corta para interpretar qué ocurre con la homosexualidad en cada país y apunta a la necesidad de un análisis más amplio que tenga en cuenta «múltiples capas de la realidad». La organización afirma que el camino hacia la igualdad ya no solo es más lento, sino que incluso se va deshaciendo: hay retrocesos en el reconocimiento legal de las personas trans, ataques a la sociedad civil y a la libertad de reunión y un discurso del odio más potente por parte de políticos y medios de comunicación que puede llevar a agresiones. En ese grupo se encontrarían Polonia, Hungría, Letonia, Bulgaria, Rumania y Eslovaquia.

Letonia se disputa cada año con Polonia estar a la cola de la clasificación sobre derechos y libertades LGTBI+ que elabora ILGA. Las ONG europeas ya han denunciado este retroceso de las libertades LGTBI+ en la mitad oriental del continente. Europa Occidental tampoco logra zafarse del lastre de la homofobia. Italia, según ILGA, sigue siendo el quinto país de la UE más atrasado en los derechos y libertades del colectivo LGTBIQ+. La Iglesia Católica ha usado por primera vez la vía diplomática para intervenir en un proyecto de ley contra la homofobia y la transfobia que está examinando el Senado.

Pero también Bélgica, que en las últimas décadas ha marcado el camino al resto de Europa, ve cómo dirigentes del partido ultraderechista Vlaams Belang -al que las encuestas sitúan incluso como primer partido del país- han respaldado la nueva ley de Orban.

No todo son malas noticias

Este último año también se han logrado progresos en la protección del colectivo LGTBI; Gabón, por ejemplo, ha salido de la “lista negra” de los países que castigan penalmente las relaciones entre personas del mismo sexo, al igual que Bután, que eliminó de su código penal las relaciones homosexuales a finales de 2020.

Del mismo modo, la lista de países en los que se permite el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres ha crecido con dos nuevos miembros, hasta los 28, con la última incorporación de Costa Rica que se ha unido a España, Bélgica, Argentina o Canadá. Además 34 estados miembros de la ONU prevén algún tipo de reconocimiento legal a las parejas del mismo sexo después de que en los últimos 12 meses Mónaco y Montenegro votaran a favor.

Aunque parece que el discurso homófobo está ganando terreno, la comunidad LGTBI sigue defendiendo los derechos conseguidos y logrando pequeños avances, pero aún hay mucho terreno por construir.