El régimen cubano bloquea internet y endurece la represión para ahogar las protestas

Aumentan las denuncias de manifestantes desaparecidos mientras el gobierno impone una censura digital total

Policías arrestan a un hombre cuando personas se manifiestan en una calle en La Habana
Policías arrestan a un hombre cuando personas se manifiestan en una calle en La HabanaErnesto MastrascusaEFE

Cerrojazo a internet y más represión. Esa parece haber sido la receta elegida por el régimen cubano para aplastar la ola de protestas que sacó a la calle a multitudes de manifestantes en diferentes puntos del país para exigir la caída del gobierno y un alivio de la miseria en la que viven, agravada por la pandemia de Covid-19.

Desde el estallido de indignación popular del domingo, la red ha estado casi totalmente bloqueada, dificultando la organización y las comunicaciones de los manifestantes, y han aumentado las denuncias de desaparecidos tras ser detenidos por las autoridades. También proliferan las informaciones sobre heridos y muertos, pero la habitual opacidad del régimen cubano y el apagón digital impide verificar las denuncias.

El portal Netblocks, que vigila el estado de internet a nivel mundial, reportó una restricción del servicio en Cuba desde los servidores del proveedor estatal, Etecsa, el único autorizado para operar en el país, que afectó principalmente a servicios como Whatsapp, Facebook, Telegram y otros que estaban siendo utilizados para convocar las protestas.

Medios independientes cubanos aseguraron que las detenciones continuaron y el centro de asistencia legal, Cubalex, calculó en un centenar las personas arrestadas.

Entre las personas cuyo paradero se desconoce están el artista disidente Luis Manuel Otero Alcántara y otros miembros del Movimiento San Isidro, el colectivo opositor al que pertenece.

El lunes el gobierno redobló sus esfuerzos, no solo por silenciar la protesta, sino para imponer su versión de lo sucedido. El presidente, Miguel Díaz-Canel, volvió a aparecer en la televisión estatal para descalificar a los manifestantes.

El sucesor de los hermanos Castro los llamó “mercenarios” y “delincuentes”. Se quejó también porque “el domingo es el día de descanso de las familias, quisieron alterar la tranquilidad en medio de una pandemia. ¿No es cruel, brutal, genocida?”.

“Ante ello, han tenido la respuesta que merecían, como la han tenido en Venezuela”, se felicitó Díaz-Canel. Efectivamente, la receta de la Venezuela chavista para la represión del descontento popular, consistente en una mezcla de violencia y persecución con la censura informativa ha sido la aplicada esta vez en Cuba, como quedó patente en los vídeos e imágenes de manifestantes agredidos que circularon por las redes sociales antes de que el gobierno las bloqueara.

Una mujer aseguró en las redes que en el pueblo de Batabanó, en la provincia de Mayabeque, un grupo de siete u ocho uniformados había matado a su sobrino. El hostigamiento de las autoridades al trabajo de la prensa independiente impidió confirmar la veracidad de esta y otras denuncias de supuestas víctimas mortales de la represión, pero un vídeo compartido en diversas plataformas mostró a un hombre con una herida sangrando en la cabeza y aparentemente inconsciente rodeado de un grupo de personas que trata de auxiliarlo mientras grita “¡lo mataron!, ¡lo mataron!” y un vehículo policial se marcha del lugar.

Además, el fotógrafo de la agencia AFP Ramón Espinosa resultó herido en un forcejeo con la Policía mientras trataba de cubrir las protestas que seguían teniendo lugar en La Habana.

Horas después de que el presidente estadounidense, Joe Biden, reclamara en un comunicado que el régimen cubano “escuche a su pueblo” y termine la opresión, le llegaron a Díaz-Canel los mensajes de apoyo de sus aliados. El más cercano de ellos, el presidente venezolano Nicolás Maduro, le reiteró que tiene “todo el apoyo” de Caracas frente a lo que califica de protestas orquestadas por el gobierno estadounidense. “A Cuba le han aplicado el mismo método de asfixia, de persecución, durante 60 años”, afirmó Maduro, repitiendo el mantra de que todas las privaciones que sufren cubanos y venezolanos son consecuencia del “bloqueo” estadounidense y no de la ineptitud y corrupción de sus gobernantes.

Quién sabe si por casualidad, las últimas horas han sido también ajetreadas en Caracas, donde las fuerzas de seguridad chavistas asaltaron la residencia del líder opositor Juan Guaidó y detuvieron a su compañero de partido Freddy Guevara.

Desde Bruselas, la Unión Europea exhortó al régimen cubano a liberar “inmediatamente” a todos los detenidos. “Estamos al tanto de las informaciones no solo del arresto de opositores y activistas, sino también de periodistas. Esto es absolutamente inaceptable”, dijo el portavoz comunitario Peter Stano el martes en la rueda de prensa diaria de la Comisión.

Mientras tanto, en Estados Unidos crecen las presiones para que Biden se implique más en la defensa de los derechos civiles en Cuba y su comunicado del lunes no satisfizo a quienes exigen a la Casa Blanca una mayor dureza frente a la dictadura castrista.

El expresidente Donald Trump emitió un comunicado en el que denunció un supuesto plan de Biden para revertir las sanciones que él impuso durante su mandato y el senador por Florida Marco Rubio, referente político del exilio cubano, advirtió de que el régimen podría optar por propiciar una crisis migratoria al estilo de la provocada por Fidel Castro en 1980, cuando abrió el puerto de Mariel y permitió la salida de más de 100.000 cubanos con rumbo a Estados Unidos. Si eso sucede, cree Rubio, Biden debe dejar claro que será visto como “una acción hostil contra Estados Unidos”.

Por otra parte, la Asamblea para la Resistencia Cubana, un movimiento anticastrista con sede en Miami, reclamó incluso una intervención. Su portavoz Orlando Gutiérrez-Boronat dijo: “Pedimos a la comunidad internacional, liderada por Estados Unidos, a intervenir, a proteger al pueblo cubano de un baño de sangre y poner fin a este régimen”. Nada hace pensar por ahora que Biden esté pensando en nada semejante.