Merkel y Biden restauran una histórica relación bilateral dañada bajo la Administración Trump

La dependencia energética de Rusia enfrenta a ambos aliados en el adiós de la canciller al “amigo americano”

En este tiempo, la canciller ha coincidido con cuatro presidentes, Bush, Obama, Trump y Biden. Sólo con el tercero hubo tantas diferencias que se pusieron en peligro las relaciones trasatlánticas. AP
En este tiempo, la canciller ha coincidido con cuatro presidentes, Bush, Obama, Trump y Biden. Sólo con el tercero hubo tantas diferencias que se pusieron en peligro las relaciones trasatlánticas. APEvan VucciAP

Joe Biden lleva seis meses en la Casa Blanca. Angela Merkel está a tres de abandonar la cancillería de Alemania. El encuentro de Washington marca la confluencia del dirigente con todo por hacer, a pesar de la hiperactividad manifiesta, y la mandataria con mucho más pasado que futuro, que dejará una Unión Europea huérfana de liderazgo. Estos días, en Estados Unidos, los medios repetían que esta es la vigésimo tercera visita de Merkel. En este tiempo ha coincidido con cuatro presidentes, George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y, finalmente, Biden. Sólo con el tercero las diferencias fueron tan pronunciadas que pusieron en peligro las relaciones trasatlánticas.

Un funcionario de Casa Blanca anticipó la reunión entre los dos mandatarios rindiendo tributo a Merkel. Reunido con periodistas en Washington, afirmó que «a lo largo de su largo y distinguido mandato, la canciller Merkel ha sido una verdadera amiga de Estados Unidos, una firme defensora de la asociación transatlántica, de la cooperación multilateral y de nuestras prioridades compartidas».

Lo primero que Biden hizo nada más llegar al poder fue asegurar que volvían los tiempos de la diplomacia y que trabajaría para restablecer la relación con los socios tradicionales. Devolver a Estados Unidos al ajedrez multilateral fue una promesa central de un político convencido de que el aislamiento de la gran potencia trabaja en su contra, por no hablar de que entienden que el mundo necesita del poder benéfico de los Estados Unidos para afrontar los grandes retos globales, con menciones destacadas a la epidemia provocada por el SARS-CoV-2 y, desde luego, por la situación de los derechos humanos.

Como dijo el secretario de Estado, Anthony Blinken, con ocasión del regreso de su país al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la nueva era en Washington llegó marcada por «la determinación de escuchar, aprender y trabajar por un mundo en el que los derechos humanos sean respetados universalmente». cuando desde la sede del departamento de Estado afirmó que «América ha vuelto». «Este es el mensaje que el mundo quería oír», dijo entonces, «América ha vuelto, y la diplomacia vuelve a ser el centro de nuestra política internacional». Y no ha diplomacia posible, ni regreso a la arena internacional, sin afrontar con decisión el estado de los vínculos con Alemania.

Relaciones difíciles con Rusia

Pero aunque los canales de comunicación entre ambos países han mejorado notablemente en estos seis meses, las relaciones tampoco son perfectas. El asunto más acuciante pasa por Rusia, y por el suministro energético. Concretamente por el gasoducto ruso Nord Stream 2. La relación con Moscú atraviesa momentos muy difíciles, multiplicados por la injerencia de los servicios secretos de este país en los procesos electorales de EE.UU, así como por los continuos ciberataques contra diversas empresas, protagonizados por grupos delincuenciales radicados presumiblemente en Rusia. Dichos ataques han llegado a comprometer el suministro energético y alimenticio. Que Alemania fortalezca sus relación e, incluso, que sea más dependiente del gas ruso sin duda engorda los recelos. Sea como sea hay mucho que hablar.

Para el recuerdo quedará aquella entrevista con Trump, recién llegado al Despacho Oval. El estupor que provocó el trato degradante que brindó a la representante de uno los aliados tradicionales de Estados Unidos desde el final de la II Guerra Mundial. Por supuesto que Trump usó el escándalo de la mano que no ofreció para teatralizar sus profundas diferencias con las aportaciones europeas, y alemanas, a la defensa de Europa y a la Alianza Atlántica. Unos problemas que con el tiempo le llevaron a prometer que retiraría a buena parte de las tropas de Estados Unidos en Alemania. Las palabras de Trump provocaron un enorme malestar que alcanzó a parte del partido republicano, pero el presidente siguió acusando a los alemanes de no cumplir con sus obligaciones contractuales y de rechazar asumir las cargas económicas asociadas a la defensa común. Trump vaticinó una retirada de hasta 9.950 soldados, de un total de 35.000 estacionados en Alemania. Cero paños calientes: «Alemania», dijo, «es muy delincuente en sus pagos a la OTAN».

«Uno de los únicos países que no ha acordado pagar lo que se supone que deben pagar», añadió, «es Alemania». Lo cierto es que Estados Unidos esperaba y espera que Europa asuma con más decisión sus compromisos de inversión y gasto en defensa común. Pero lejos de aquel tono pendenciero la nueva Casa Blanca ha celebrado «los profundos y duraderos lazos bilaterales entre nuestros dos países». «Mientras miramos hacia el futuro», comentó el funcionario, «buscaremos formas de continuar fortaleciendo la cooperación entre nuestros países en los meses y años venideros». En la agenda, a todo lo citado, cabe añadir la lucha contra el cambio climático, las amenazas terroristas, la situación en el Sahel, Libia, Siria y Afganistán, o las conversaciones nucleares con Irán.