El pulso del colectivo LGTB al primer ministro húngaro Orban

Miles de personas salen a las calles en Budapest contra la ley que vincula homosexualidad con pederastia

Un manifestante en la marcha en Budapest contra ley del gobierno húngaro
Un manifestante en la marcha en Budapest contra ley del gobierno húngaroSZILARD KOSZTICZAKEFE

Sus asistentes lo llaman revolución. Llenar las calles con la bandera arcoiris en Budapest o Varsovia es considerado un acto de rebeldía contra el gobierno. El ejecutivo de Viktor Orban y Jaroslaw Kaczyński mantienen una guerra abierta contra el colectivo LGBT desde su llegada al poder. La agenda ultraconservadora de ambos mandatarios mantiene contra las cuerdas a miles de ciudadanos que ayer abarrotaron las avenidas de Budapest durante la marcha del día del Orgullo para reivindicar sus derechos.

Polonia y Hungría forman un tándem llamado a proteger a sus ciudadanos de la “ideología de género”, un término que ambos gobiernos utilizan para legislar sobre lo que consideran amenazas a la familia tradicional, y que incluyen derechos reproductivos, estudios de género y derechos LGBT. ”Ciudades como Budapest son una isla progresista, pero cada vez son más las personas que no se sienten bienvenidas en su propio país. Tienen un gobierno que los ve como ciudadanos de segunda clase” asegura a LA RAZÓN el activista Rémy Bonny, director de la ONG Forbidden Colours.

Bruselas inició el 15 de julio acciones legales contra Hungría por una polémica ley que es ampliamente condenada como discriminatoria al colectivo LGBT. Todo empezó en junio, cuando el parlamento húngaro aprobó la Ley de Protección Infantil, argumentando que el objetivo es salvaguardar el bienestar de los menores de edad y combatir la pedofilia. Pero los parlamentarios de Fidesz, el partido de Viktor Orban, incluyeron enmiendas en el texto principal que prohíbe cualquier referencia a la homosexualidad y la reasignación de género en el material escolar o en los programas televisivos dirigidos a menores.

Tres días después de verse implicado en el escándalo global de videovigilancia Pegasus, en el que salió a la luz que Orban y su ejecutivo espiaba a empresarios, opositores y periodistas críticos, el primer ministro anunció la convocatoria de un referéndum sobre la ley de contenidos LGBT. Miembros del gobierno han llamado al voto para detener la “amenaza occidental”. Fidesz se enfrentará a las urnas en unas elecciones parlamentarias la próxima primavera.

En Polonia, la Comisión Europea considera que las instituciones nacionales no están respondiendo eficazmente al impacto que suponen las llamadas “zonas libres de ideología LGBT”. Las críticas de Bruselas coinciden con la llegada al poder del partido Ley y Justicia (PiS), formación liderada por Kaczyński. La retórica del partido se acentuó en 2019 cuando el popular alcalde de Varsovia, Rafał Trzaskowski, publicó una carta abierta de apoyo al colectivo, anunciando subvenciones y ayudas. Inmediatamente después el PiS puso en marcha una ofensiva para hacer frente a lo que llamaron: “propaganda LGBT”.

A través de ordenanzas municipales aprobaron textos a favor de la “familia natural” o “pro familia”. El 60% de los concejales que han apoyado estas leyes son miembros del PiS, seguido de políticos sin adscripción política. Hasta hoy, un tercio de Polonia está considerado zona hostil para personas no heterosexuales.

Cerca de 100 municipios, un territorio mayor que el tamaño de Hungría, han aprobado ordenamientos que discriminan al colectivo. En la práctica, estos estatutos ofrecen subvenciones únicamente a familias donde los padres sean un hombre y una mujer, unido a la discriminación social. “Sabemos que en Polonia y Rusia, cuando los políticos atacan a las minorías, los grupos extremistas también creen que está bien linchar a las personas LGBT”, apunta Bonny. Activistas, organizaciones internacionales y el Parlamento Europeo han condenado estas resoluciones argumentando que son excluyentes y socavan los derechos de las personas que pertenecen al colectivo.

Con la nueva ley, Hungría se une a Polonia y prohibirá la educación sexual en los colegios públicos sin previa autorización paterna. El gobierno de Kaczyński carga contra lo que ellos consideran “fomento de la homosexualidad” y la “sexualización temprana de los menores de edad” promovida por la Organización Mundial de la Salud. “Impacta extraordinariamente en el bienestar mental de muchos adolescentes LGBT. Ya no tienen acceso a información neutral y científica sobre su orientación sexual e identidad de género.

En los lugares donde la igualdad LGBT sigue siendo un tabú, las tasas de suicidio son extremadamente altas”, comenta Bonny. La Fundación de Apoyo a los Niños (Dajemy Dzieciom Siłę, en polaco) concluyó a través de un estudio en Polonia que siete de cada diez adolescentes LGBT tienen pensamientos suicidas y más del 70% de ellos experimenta violencia a través de internet, en el colegio, pero también en hogares donde no son aceptados; tan solo el 25% de las madres y el 12% de los padres aceptan que su hijo no sea heterosexual.