Una marea de protestas desafía el nuevo emirato islámico

Una multitud sale por segundo día consecutivo a las calles con la bandera nacional para celebrar el Día de la Independencia. Las mujeres se ponen al frente de las manifestaciones ante la opresión de los yihadistas

Afganos sostienen banderas nacionales mientras celebran el Día de la Independencia en Kabul, Afganistán
Afganos sostienen banderas nacionales mientras celebran el Día de la Independencia en Kabul, AfganistánSTRINGERREUTERS

Por segundo día consecutivo, una parte del pueblo afgano se volvió a revolver contra el nuevo emirato islámico de Afganistán que los talibanes comienzan a diseñar. Lo hacía, además, celebrando el Día de la Independencia de Afganistán, fecha que conmemora la firma del Tratado de Rawalpindi en agosto de 1919. Las protestas se registraron fundamentalmente en las ciudades de Kabul, Asadabad, al este del país –muy cerca de la frontera con Pakistán-, y de nuevo en Jalalabad, donde este miércoles una nutrida concentración de personas se había echado a la calle para defender la bandera nacional afgana frente a la nueva enseña talibán.

Una defensa de la tricolor afgana, en fin, que no puede desvincularse de una reivindicación de la república –la islámica de Afganistán- y de las conquistas de derechos sociales e individuales logradas por una parte de la sociedad afgana en las dos últimas décadas. También grupos de mujeres se organizaron en la capital para defender sus derechos a la educación y participación política desafiando a los fundamentalistas islámicos. “Los tiempos han cambiado. Los talibanes saben que no pueden silenciarnos, y si cierran Internet, el mundo lo sabrá en menos de cinco minutos. Tendrán que aceptar quiénes somos y en quiénes nos hemos convertido”, aseguraba a Reuters el director de una escuela religiosa de mujeres.

El resultado de las protestas tanto de miércoles como de jueves fue idéntico: represión implacable por parte de los integristas. Dos personas perdieron la vida ayer en la capital de la provincia de Kunar tras producirse disparos de los comandantes integristas y estampidas, aunque no están claras las circunstancias de las muertes. En Jalalabad, donde los talibanes habían matado a tiros a tres ciudadanos en la víspera en las citadas marchas en favor de la bandera nacional, los militantes fundamentalistas hirieron por disparos a otras dos personas, una de ellas un adolescente. También hubo protestas en municipios de la provincia de Paktia, al sur de Kabul y también en el oriente de Afganistán limítrofe con Pakistán.

Por otra parte, este jueves una parte de la sociedad afgana, la minoría musulmana chiita celebraba la fiesta de la Ashura, que conmemora el martirio del imán Husein. Las ciudades de Mazar-i-Sharif, en el norte del país, o Herat, en el oeste, registraron concentraciones públicas, y en ellas hubo una remarcable presencia de mujeres. Pese al desafío femenino, los talibanes –musulmanes suníes- se han comprometido a proteger a la minoría chiita, que representa un 10% de la población.

Frente a unas élites nacionales y locales rendidas y aquiescentes al fulgurante empuje integrista, grita un pueblo, el afgano, que ya no es el mismo de 1996 y que se resiste a aceptar un regreso a las formas de gobierno y justicia basadas en la interpretación más rigurosa de la sharía o ley islámica. “Nuestra bandera es nuestra identidad y nuestro orgullo”, coreaban jóvenes –incluidas mujeres- en las calles de Kabul este jueves en las marchas del Día de la Independencia.

Ningún portavoz del grupo –hasta ahora los representantes talibanes han mostrado un tono moderado y conciliador en sus intervenciones públicas- salió en las últimas horas a explicar -o justificar- la violencia contra la población civil.

La ONU advierte de la represión

No en vano, según un documento confidencial de Naciones Unidas al que ha tenido acceso la BBC, los talibanes han intensificado la persecución contra quienes trabajaron o colaboraron con las fuerzas de Estados Unidos o de otros países de la Alianza Atlántica en Afganistán.

“Los talibanes están arrestando y amenazando con matar o detener a miembros de las familias de individuos concretos a menos que se rindan antes ellos”, reza el documento, elaborado por el Centro Noruego de Análisis Globales, que facilita información de Inteligencia a la ONU.

De acuerdo al informe, los fundamentalistas “avanzan en el rastreo de personas antes de tomar el control de todas las ciudades importantes”. El texto advierte de que quienes corren más peligro son aquellos que ostentan cargos en el Ejército, la Policía o unidades de investigación.

El citado documento de Naciones Unidas avisa de que los talibanes ya reclutan a los integrantes de las redes de informantes que proveerán de información al nuevo gobierno. El director ejecutivo de la Unidad de Respuesta Rápida del Centro Noruego de Análisis Globales, Christian Nellemann, explica que los talibanes “se dirigen contra las familias de aquellos que no se han rendido y las juzgan y castigan de acuerdo con la sharía”.

Continúan los vuelos de repatriación

Entretanto, en el aeropuerto internacional de Kabul proseguían ayer los vuelos de repatriación de personal de las embajadas tras varias jornadas de caos. La calma ha llegado al interior del aeródromo, pero los talibanes siguen controlando férreamente sus accesos e impiden el paso a la mayoría de civiles afganos que pretenden escapar del país. En una entrevista con la cadena ABC News, el presidente estadounidense Joe Biden abría la puerta a la permanencia de sus tropas más allá del 31 de agosto si aún no se habían completado las tareas de evacuación de los ciudadanos de su país. Al menos 8.000 personas han podido abandonar Afganistán desde el domingo, según una fuente vinculada a la inteligencia occidental sobre el terreno citada por la agencia Reuters.

A pesar del cierre fronterizo decretado por el conjunto de las repúblicas centroasiáticas vecinas, los afganos siguen tratando de hallar maneras de escapar del nuevo régimen talibán. Según datos de AFP, unos 1.500 afganos han cruzado ya la frontera uzbeka. El Gobierno uzbeko, que anunció estar en “estrecho contacto” con los talibanes, ya ha advertido de que “acabarán de manera contundente” con las tentativas ilegales de acceso a su país por vía terrestre y de que derivarán a otros Estados los vuelos procedentes de Afganistán, según recogía Al Yasira.

Casi seis días después de su entrada en la capital afgana, los talibanes siguen sin avanzar la composición del nuevo gobierno “islámico” e “inclusivo”. Según avanzó Reuters de fuentes talibanes, el próximo paso estará protagonizado por un consejo de gobierno que estará presidido por Haibatullah Akhundzada, líder supremo de los fundamentalistas. Mientras tanto, el huido ex presidente Ashraf Ghani, volvía a defender su decisión de abandonar Afganistán asegurando que se lo habían pedido desde su propio Gobierno. “Si me hubiera quedado, habría sido testigo de un baño de sangre en Kabul”, afirmaba el ex mandatario, quien niega además haberse llevado dinero a su exilio emiratí, en un vídeo publicado en Facebook.