China mira con avidez los yacimientos de tierras raras de Afganistán

El suelo afgano atesora importantes depósitos de minerales

China comparte una pequeña frontera con Afganistán llamada Corredor de Wakhan, de apenas 210 km de largo y entre 20 y 60 km de ancho
China comparte una pequeña frontera con Afganistán llamada Corredor de Wakhan, de apenas 210 km de largo y entre 20 y 60 km de ancho FOTO: CHINA DAILY REUTERS

Pekín se regodea mientras observa el desordenado éxodo de Estados Unidos de Afganistán tras dos décadas de guerra, celebrándolo como un enorme fracaso del liderazgo y la política estadounidenses. Para China, la retirada de Estados Unidos ofrece oportunidades y algunos riesgos.

Cuando los combatientes talibanes entraron en Kabul el 15 de agosto, no sólo se hicieron con el control del gobierno afgano, también con la capacidad de controlar el acceso a enormes depósitos de minerales que son cruciales para la economía mundial de la energía limpia.

China, ávida de recursos, puede beneficiarse de una relación más estrecha con los nuevos dirigentes afganos. Afganistán es rico en minerales, desde el oro, el aluminio y el mineral de hierro, hasta los llamados metales de tierras raras, vitales para la fabricación de la tecnología moderna.

Pero la rápida toma del país por parte de los talibanes y el hecho de tener un gobierno islámico extremista en sus fronteras, amenazan a Pekin y aumenta su preocupación por la seguridad de los intereses chinos en la región.

Minerales arma de doble filo para Afganistán

Se calcula que los minerales y metales de tierras raras del país tienen un valor de entre 1 y 3 billones de dólares en 2020, según un informe de la revista de noticias The Diplomat, que cita a Ahmad Shah Katawazai, antiguo diplomático de la embajada afgana en Washington D.C

En 2010, un memorando interno del Departamento de Defensa de Estados Unidos denominó a Afganistán “la Arabia Saudí del litio”, después de que los geólogos estadounidenses descubrieran la enorme riqueza mineral del país, valorada en al menos un billón de dólares. El metal plateado es esencial para los vehículos eléctricos y las baterías de energías renovables.

Diez años después, gracias a los conflictos, la corrupción y las disfunciones burocráticas, esos recursos siguen sin ser explotados casi en su totalidad. Y mientras Estados Unidos trata de desligar sus cadenas de suministro de energía limpia de China, el principal productor de litio del mundo, tener los minerales de Afganistán bajo el control de los talibanes es un duro golpe para los intereses económicos estadounidenses.

Por ejemplo, en 2007, un consorcio de empresas chinas ganó una licitación para desarrollar una mina de cobre en Mes Aynak, en la provincia de Logar, a unos 40 km al sureste de Kabul. El yacimiento tiene unas reservas de unos 9,98 millones de toneladas de cobre y fue descubierto en los años 70 por geólogos soviéticos. Trece empresas de todo el mundo participaron en la licitación para la explotación del yacimiento, entre ellas el grupo minero chino Zijin y la corporación China Metallurgical Group (MCC Group). A cambio del derecho a extraer minerales de cobre durante 30 años, las empresas se comprometieron a invertir unos 3.000 millones de dólares en el proyecto principal y a construir la central eléctrica y el ferrocarril necesarios.

El subsuelo afgano también es rico en hidrocarburos. En 2011, la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) ganó una licitación de 400 millones de dólares para perforar tres campos petrolíferos durante 25 años que contienen unos 87 millones de barriles de petróleo.

Minerales en Afganistán
Minerales en Afganistán FOTO: Teresa Gallardo

El potencial de extracción de metales de tierras raras como el praseodimio, el cerio, el lantano, el neodimio y el gadolinio, dada la gran demanda del mercado y los altos precios, es excepcionalmente alto. En 2014, basándose en los resultados de la investigación realizada por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), las autoridades afganas anunciaron que su valor era de aproximadamente 3 billones de dólares.

Mientras Occidente ha amenazado con no cooperar con los talibanes después de que éstos se hicieran con el control de Kabul, China, Rusia y Pakistán se están alineando para hacer negocios con el grupo militante, lo que aumenta la humillación de Estados Unidos y Europa por la caída del país. Como fabricante de casi la mitad de los bienes industriales del mundo, China alimenta gran parte de la demanda mundial de productos básicos. Se considera que Pekín -que ya es el mayor inversor extranjero en Afganistán- puede liderar la carrera para ayudar al país a construir un sistema minero eficiente que satisfaga sus insaciables necesidades de minerales.

Asegurar el megaproyecto : Nueva ruta de la Seda

Por su parte, los medios de comunicación estatales chinos han descrito cómo Afganistán puede beneficiarse ahora de la enorme Nueva Ruta de la seda (Belt and Road Initiative, BRI), el controvertido plan de infraestructuras de Pekín para construir rutas por carretera, ferrocarril y mar a través de Asia hasta Europa.

China comparte una pequeña frontera con Afganistán llamada Corredor de Wakhan, de apenas 210 km de largo y entre 20 y 60 km de ancho. Aunque la longitud de la frontera pueda parecer insignificante, su ubicación es lo que hace que Wakhan sea crucial en la geopolítica.

El corredor une la inquieta provincia china de Xinjiang con la provincia afgana de Badakshan, con Tayikistán al norte y con Khyber Pakthunkhwa y Cachemira de Pakistán al sur. El terreno montañoso de la región ha hecho del área un lugar difícil para la construcción de redes de carreteras.

Asegurar el corredor ayudaría a China a controlar la actividad de los militantes uigures, al tiempo que garantizaría la seguridad del CPEC, una red de carreteras y enlaces ferroviarios que se está construyendo, con un coste estimado de 62.000 millones de dólares. El CPEC pretende dar a China un acceso terrestre al Mar Arábigo, impulsando las perspectivas comerciales hacia Oriente Medio, África y Europa al reducir el tiempo de viaje.