Biden defiende que la salida de Afganistán ha sido un «éxito extraordinario»

El presidente estadounidense ha recibido fuertes críticas, especialmente desde las filas republicanas, por retirar de forma definitiva las tropas de Kabul

Biden mantuvo hasta el final la decisión de retirar de manera definitiva las tropas de EE UU en Afganistán el 31 de Agosto.
Biden mantuvo hasta el final la decisión de retirar de manera definitiva las tropas de EE UU en Afganistán el 31 de Agosto. FOTO: MICHAEL REYNOLDS EFE

Nueva era para EE UU y Afganistán pero, por primera vez en veinte años, por separado. Después de dos décadas de presencia militar estadounidense en Kabul y tras la salida del último avión de su Ejército, los medios de todo el mundo destacaban en portada la histórica retirada de las tropas con el sabor agridulce de no haber completado con éxito la fase final de evacuación.

Los rotativos estadounidenses celebraban con cierto alivio contenido el fin del conflicto bélico más largo de la historia de EE UU, destacando que todos aquéllos nacidos después de 2001 amanecían, por primera vez, sin que su país estuviera en guerra en Afganistán. La foto del último soldado abandonando el aeropuerto internacional de Kabul daba la vuelta al mundo, mientras otros cientos de miles de afganos también se despertaban por primera vez, desde su país, sin presencia militar estadounidense.

“La guerra ha terminado, pero el compromiso de EEUU con los que faltan por evacuar todavía no”, decía el martes de buena mañana el secretario de prensa del Pentágono, John Kirby. Horas antes, también desde el Pentágono, el general McKinzie se conectaba por videoconferencia para dar a conocer, visiblemente emocionado, los detalles del último vuelo C-17 que había partido de la capital afgana a punto de iniciar la madrugada del 31 de agosto.

Con ese vuelo final, EE UU había completado la evacuación de más de 123.000 personas, pero dejaba atrás a cerca de 200 estadounidenses y miles de afganos que no pudieron acceder al aeropuerto para ser evacuados.

Decisión por la que Joe Biden ha recibido duras críticas, especialmente desde las filas republicanas. “No terminas una guerra rindiéndote. No aseguras a EEUU dejando a los estadounidenses detrás de las líneas enemigas, traicionando a nuestros aliados y empedrando a nuestros enemigos”, criticó la congresista republicana por Wyoming, Liz Cheney, en su cuenta de Twitter. “Esto no es poner fin a una guerra. Es perderla”, añadió la republicana.

Biden mantuvo hasta el final la decisión de retirar de manera definitiva las tropas de EE UU en Afganistán el 31 de agosto, fecha límite permitida por los talibanes tras la rápida toma de control del país, a pesar de la promesa del presidente de EE UU de mantener la operación militar de evacuación hasta que todos los estadounidenses y aliados afganos que quisieran abandonar el país pudieran hacerlo.

Pero el plazo se terminaba y, ante la amenaza de los insurgentes y el temor por las amenazas a nuevos atentados terroristas que pusieran en riesgo al personal estadounidense en Kabul, Biden decidió no prolongar la permanencia de sus tropas a pesar del expreso deseo de sus aliados internacionales y poner punto y final a veinte años de conflicto bélico en el país asiático.

En un giro sorprendente, el presidente de EEUU dejó en manos de la cúpula militar del Pentágono la responsabilidad de dar a conocer la histórica noticia al mundo, confirmando el despegue del último avión del ejército estadounidense desde Kabul horas antes de la fecha límite y poniendo fin a veinte años de presencia militar en la que se ha convertido en la guerra más larga de la historia de Estados Unidos.

Biden: «Ya era hora de terminar con esta guerra»

Casi 24 horas después de la salida definitiva de sus tropas, Biden calificó de «éxito extraordinario» la retirada de los militares de su país en un discurso desde la Casa Blanca, pero ha admitido que el cálculo de que las fuerzas armadas afganas aguantarían ante la ofensiva de los talibanes «resultó no ser acertado».

El presidente agregó que las tropas estadounidenses en los últimos días en Afganistán ejecutaron «una misión de piedad» y «no de guerra» con la evacuación de miles de afganos vulnerables en una situación llena de riesgos. «Anoche en Kabul, Estados Unidos puso fin a la guerra más larga de la historia estadounidense», proclamó Biden el final del conflicto armado en Afganistán.

El mandatario estadounidense se mostró duro y enérgico en su discurso intentando defender la sensación de que la evacuación ha sido un desastre y le ha dejado superado. Biden explicó que ha podido sacar a más de 120.000 personas, «más de lo previsto, algo que parecía imposible». Sobre los ciudadanos estadounidenses que se quedaron atrapados, señaló que «tienen doble nacionalidad y decidieron quedarse».

Por otro lado, Biden también culpó a Donald Trump -sin nombrarle- de haberle dejado las manos atadas en Afganistán. «Fue mi predecesor quien firmó un pacto con los talibanes para salir en mayo, meses después de que yo jurara el cargo».

El demócrata añadió que «no iba a prolongar esta guerra eterna, ni iba a convertir la salida en una salida eterna». «La responsabilidad es mía», dijo Biden ante las críticas, pero matizó que no las acepta. «Me responsabilizo de mis acciones, pero a los que dicen que esta evacuación masiva debió darse antes, debo decirles respetuosamente que no estoy de acuerdo, imaginen si esta retirada hubiera tenido lugar antes, durante una guerra civil», afirmó, a la vez que recalcó: «Ya era hora de terminar con esta guerra».

Festejos en Kabul tras la retirada de EE UU

Desde la capital afgana, los talibanes celebraban la salida definitiva de las tropas estadounidenses, entre disparos y fuegos artificiales, como una victoria personal del grupo islámico. Los soldados insurgentes se lucían por las instalaciones del aeropuerto, ya vacías, portando equipo y material armamentístico estadounidense de la más alta calidad, en su mayoría abandonado por las fuerzas armadas de EE UU pero también perteneciente al ejército afgano tras el rápido colapso de su gobierno.

Una veinte de militares estadounidenses, heridos en el ataque suicida de Kabul la semana pasada, permanecen hospitalizados en el Centro Médico Landsthul de Alemania, a la espera de regresar a EEUU tan pronto como se recuperen. Sus compañeros, los 13 soldados asesinados en el atentados terrorista en el aeropuerto de la capital afgana, regresaban el domingo al país trasladados en féretros y recibidos con honores por el presidente Joe Biden y la primera dama, Jill Biden.

Veinte años de guerra, cuatro distintos presidentes de EE UU, más de 2.400 soldados caídos en combate, 300 millones de dólares gastados al día y, al final, 123.000 personas evacuadas de emergencia en las últimas dos semanas. Es el balance que deja la guerra de Afganistán a Estados Unidos, la más prolongada en toda su historia y con un final incierto.

Cómo se van a efectuar las evacuaciones pendientes de todo aquéllos que no han podido acceder a tiempo al aeropuerto y cuál es el futuro que le espera a Afganistán y a los miles de afganos que quieren abandonar el país, son ahora las preguntas que se plantea la sociedad estadounidense.

Recientes encuestas de EE UU demuestran que la población está a favor de la salida de las tropas y el fin de la guerra, pero no de cómo se ha llevado a cabo la gestión de la salida ni de la aprobación de un presidente, Joe Biden, que heredó la decisión de su predecesor, Joe Biden, negociada con los talibanes en 2020.

Con la retirada definitiva de tropas, EE UU deja también atrás un contexto similar al que se encontró hace dos décadas en la capital afgana tras los atentados del 11-S perpetrados por Al Qaeda. El dominio talibán permitió que diversos grupos armados y células terroristas camparan a sus anchas por Afganistán, siendo cómplices del escondite del cerebro de los trágicos atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, Osama Bin Laden, antes de su captura y muerte.

Con la fulminante invasión talibán en Afganistán en apenas unas semanas, las amenazas a nuevos atentados terroristas se intensifican, sacudiendo a la comunidad internacional con mayor intensidad que en la etapa de inicio de la guerra. El mundo está ahora pendiente de las posibles consecuencias que pueda tener haber dejado en manos de los insurgentes la toma del gobierno afgano.