Europa

La ultraderecha alemana queda fuera de juego en la campaña

Alternativa para Alemania, devorada por sus luchas internas, no logra imponer su agenda al resto de partidos

Un cartel de los candidatos de AfD, Alice Weidel y Tino Chrupalla, en una furgoneta de campaña
Un cartel de los candidatos de AfD, Alice Weidel y Tino Chrupalla, en una furgoneta de campaña FOTO: FILIP SINGER EFE

Sin provocaciones y sin causar apenas indignación. Alternativa para Alemania (AfD), ese partido populista y xenófobo que llegó a convertirse a base de hostilidad y escándalo en el principal partido de la oposición, no se ha dejado notar en la campaña electoral alemana. En los dos debates televisados en los que participó, su candidata Alice Weidel mantuvo la calma y acomodó sus mensajes al ritmo que fueron marcando los moderadores. Nada que ver con la campaña de 2017, cuando la también líder del grupo parlamentario abandonó el estudio de televisión visiblemente enojada cuando fue preguntada por el polémico ultraderechista y líder de su partido en Turingia, Björn Höcke. Desde entonces, la economista de 42 años arremetió sin piedad contra los periodistas.

Hasta ahora. Su aparente serenidad ha sido una de las sorpresas para el electorado germano, aunque internamente muchas voces aseguran que las cuestiones no resueltas están llegando a un punto crítico y no son pocos los que desde la formación ultraderechista miran con preocupación hacia su futuro.

Hasta hace no mucho, algunos militantes del partido –que se refieren a Weidel como «la princesa de hielo»–, se esperaban lo peor cuando salía a escena por lo que sus palabras pudieran acarrear para la AfD, pero algo ha cambiado en su forma de actuar. Dicen que finalmente ha sabido escuchar algunos consejos y de ahí que ahora responda con sonrisas a los ataques de sus opositores políticos. Una táctica que también ha seguido el otro candidato de la formación «ultra», Tino Chrupalla, que, desde que fuera elegido presidente de la formación, se ha puesto en manos de asesores y ha estado entrenando para que parezca más seguro y convincente en las entrevistas.

La circunstancia no se debe solo a que los dos candidatos hayan aprendido a controlar su visceralidad, sino a que el resto de partidos, los medios de comunicación e incluso los votantes ya se han acostumbrado a su controvertido mensaje, de la misma forma que el oído se acostumbra e incluso desdeña tras unos instantes el ruido del tráfico. «Somos el partido más aburrido de la campaña electoral», aseguró alguien desde la junta ejecutiva de la formación populista y de ahí que, entre otros motivos obvios, nadie quiere acercarse a ellos.

Negacionistas del cambio climático

Lo que antaño era provocativo y perfecto para escribir un titular escandaloso, hoy está exento de toda emoción. Por ejemplo, en lo que se refiere a la protección del clima –un tema central en la campaña alemana–, la AfD insiste en no relacionar la influencia humana con el cambio climático. Una tesis que solo provoca que la oposición se encoja de hombros y que el electorado, en una gran mayoría, les mire con indiferencia. Con todo, el partido se mantiene estable en las encuestas electorales saltando del 10% al 12% en la estimación de votos. Una cifra sorprendentemente invariable, pero que sigue a un nivel demasiado bajo como para encender la preocupación del resto de partidos.

Muchos afiliados a la AfD están notando estos días la diferencia con la pasada campaña electoral. La mayoría de los estands que han levantado en los centros de las ciudades alemanas atraen a pocos ciudadanos. Antaño, cuando todavía estaba reciente la llegada de miles de refugiados, el partido fue capaz de seducir a muchos votantes con su política migratoria, pero ahora la situación es otra. «Antes mucha gente quería venir y ver quiénes somos», dice un afiliado del partido en declaraciones al informativo «Tagesschau».

«En cambio, ahora casi nadie viene a pedirnos información». Desde la formación algunos dicen que la situación no es alarmante, siempre y cuando se mantenga la estimación de voto, pero lo que también está claro es que las luchas de poder se están intensificando en el seno del partido. Hace cuatro años, AfD aglutinó a muchos recién llegados que comenzaron su aventura política de manera un poco ingenua en esta formación, pero ahora cada uno de ellos quiere convertirse en algo importante. «Estamos casi rodeados de egoístas», aseguran desde el comité ejecutivo federal. Además, y dado que Alexander Gauland, uno de los portavoces parlamentarios, ya no se esfuerza por convertirse en presidente, Chrupalla y Weidel quieren liderar como un dúo en el futuro.

Pero la resistencia, especialmente contra Weidel, ha crecido en los últimos meses. Desde la AfD, muchos no entienden cómo Weidel –reconocida lesbiana que vive con su pareja y sus dos hijos–, mantiene su estatus en la formación cuando el programa electoral define a la familia como el núcleo de la sociedad formado por «padre, madre e hijo». Además, Höcke recientemente hizo uso de una velada homofobia en un acto de campaña. La aprensión hacia Weidel es cada vez más patente y de todos es sabido la existencia de reuniones de conspiración, grupos de chat o incluso planes para derrocar el partido o deshacerse de su co-líder, pero, como destaca la prensa alemana, «cómo designar a un sustituto cuando todos se ven a sí mismo como sucesores».

En cualquier caso, el futuro grupo parlamentario de AfD será aún más difícil de liderar. No obstante, y a escasos días de las elecciones, los miembros de este partido solo tienen un objetivo: mantener el resultado de 2017 o, en cualquier caso, no bajar de los dos dígitos.