Opinión

Alarma en Naciones Unidas
foto-autor

La alocución pronunciada por Antonio Guterres ante la Asamblea General de la ONU, con ocasión de la apertura de la sesión ordinaria de este órgano, ha puesto de relieve los graves y serios problemas a los que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI y que toca resolver. Hace tiempo que se conocen los desafíos y retos que tiene ante sí la comunidad internacional. Pero es difícil determinar cuáles son las soluciones más apropiadas y acertadas a un mundo en cambio o, por lo menos, cuál es el grado de voluntad política decidido a encontrar respuestas. La principal receta que ha propuesto el secretario general ha sido retornar al multilateralismo y, en el fondo, acentuar los componentes esenciales que definen la cooperación internacional. Poco importa esto a la mayoría de los Estados y, en particular, a las grandes potencias. Aunque el discurso de Joe Biden ha secundado las tesis de Naciones Unidas, la verdad es que su país ha decidido centrarse en las cuestiones puramente internas y abandonar a su suerte los valores que deben primar en la convivencia internacional. Lo mismo, pero sin tapujos, hace la política exterior china, cuyos dirigentes están empeñados en crear un cúmulo de relaciones que se basan únicamente en la satisfacción de los intereses. Por si fuera poco, la Rusia presidida por Vladimir Putin sigue teniendo una trayectoria imperial en la que priman los objetivos propios que fijan las autoridades moscovitas. En definitiva, un mundo en el que la alarma forma parte de las esencias de las relaciones internacionales y en el que no se vislumbran atisbos de solidaridad. El mensaje es suficientemente claro; el diagnóstico reúne todos los requisitos de credibilidad; e, incluso, las soluciones podrían estar al alcance de las manos. Pero nadie quiere que la humanidad salga del estado de alarma y que se llegue, por lo tanto, a un estado de convivencia mundial.