Los alemanes eligen entre dos candidatos continuistas para suceder a Merkel

La canciller llama a votar a Laschet para evitar un giro a la izquierda, mientras el socialdemócrata Scholz mantiene una estrecha ventaja

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Llegó el día. Alemania vota no solo la era post Merkel, sino el futuro de toda Europa. Atrás, una campaña plagada de muchas promesas, pero también de muchas burlas y, por primera vez tras 16 años, sin la veterana canciller en las papeletas o con la incertidumbre de cómo se reconfigurará el panorama político. Unos 60,4 millones de ciudadanos alemanes están llamados a votar este domingo, alrededor de 1,3 millones menos que en las elecciones de 2017. De trasfondo, un ambiente dominado por la indecisión y por la intención de los dos principales partidos –la Unión Cristianodemócrata (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD)–, de no reeditar la Gran Coalición. Los socialdemócratas, que figuran por delante en los sondeos tras ir a la zaga durante toda la legislatura saliente, lanzan guiños a Los Verdes, que aspiran a obtener su mejor resultado histórico, mientras que el bando conservador se inclina más hacia los liberales del FDP.

Nada está escrito hasta el cierre de los colegios electorales y de ahí que los distintos candidatos hayan mantenido su lucha hasta el último momento. De esta forma volvieron a surgir llamamientos, advertencias y palabras de aliento de todas partes. Incluso Merkel, que permaneció al margen de la campaña, acompañó a Armin Laschet –candidato de su partido– en sus dos últimos mítines. El viernes en Múnich y ayer en la ciudad de Aquisgrán –feudo del candidato–, donde la todavía canciller apeló al electorado de mayor edad, predominante en Alemania, al que pidió mantener a sus conservadores en el poder en aras de la estabilidad alemana.

Con las últimas encuestas que revelan una reducción de las diferencias, el candidato conservador, de 60 años, pasó al ataque agitando el espectro de un giro a la izquierda con Olaf Scholz, el moderado líder socialdemócrata. El candidato de la SPD concluyó su campaña en Potsdam y aunque hasta ahora logró obtener apoyo popular al presentarse como el «candidato de la continuidad» de Merkel, aprovechó sus últimas apariciones para urgir a un «nuevo inicio para Alemania» y un «cambio de Gobierno» después de dieciséis años bajo la canciller.

El SPD figura en las encuestas con una intención de voto cercana al 26%, solo un punto por delante de la Unión conservadora. Los Verdes rondarían el 16%, la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) el 10%, los liberales del FDP el 10,5% y el partido de izquierda Die Linke el 5%. A excepción de la AfD, denostada para pactos en la escena política alemana, de los votos y escaños que obtengan el resto de grandes partidos dependerá quién gobierne Alemania. Los vaticinios aritméticos anticipan una coalición de al menos tres partidos y los posibles pactos han sido motivo recurrente de reproche durante la campaña.

La CDU aspira a conservar el poder de la mano de Armin Laschet, responsable del Gobierno de Renania del Norte-Westfalia, el Estado más poblado, y sacudido en los últimos meses por todo tipo de polémicas. No obstante, y pese a figurar como favorito para suceder a Merkel, ha visto cómo desde el comienzo de la campaña su bloque perdía en torno a diez puntos en las encuestas. Laschet, sin embargo, se ha esforzado por defender que los resultados están «muy ajustados», en un último intento por apelar al alto número de indecisos.

Polémicas como unas controvertidas risas en plenas inundaciones a mediados de julio no han favorecido la imagen del aspirante conservador, que ha visto cómo le adelantaba en las encuestas primero la candidata de Los Verdes, Annalena Baerbock y luego –ya de forma más sostenida–, el candidato socialdemócrata.

Scholz, vicecanciller y ministro de Finanzas en el actual Gobierno, ha vendido una imagen más estable que la de su rival de la CDU. Su solvente participación en los debates y su demostrada experiencia de gestión dibujan en él un perfil similar al de Merkel. Además, ha sabido beneficiarse también de un declive progresivo tanto de Laschet como de Baerbock, cuyo partido llegó a figurar con una intención de voto superior al 20%. En su contra, ha jugado su ambigüedad en asuntos clave como sus potenciales aliados tras los comicios, en particular sobre el trato que está dispuesto a dar a «Die Linke».

Largas negociaciones

Para llegar al tiempo de los pactos, no obstante, primero habrá que saber el número de escaños de cada formación política. Para ello, la legislación alemana establece un sistema múltiple de reparto a partir de dos votos: en uno de ellos, los electores eligen un candidato directo por cada una de las 299 circunscripciones, mientras que en el segundo se examinan listas de partido a nivel regional. Al reparto final, aún le resta incorporar los denominados escaños adicionales, de tal forma que si un partido recibe en un Estado más escaños por el voto directo que por el de listas, se añade un número equivalente de asientos en la Cámara. Esta compensación hace que no haya siempre un número fijo de escaños en el Bundestag.

Los nuevos diputados tomarán posesión de sus cargos un mes después de las elecciones y, hasta que haya un Gobierno en firme, Merkel seguirá siendo la canciller de Alemania en funciones.

¿Qué Gobierno saldrá de estas elecciones? Es todavía pronto para saberlo. Reditar una Gran Coalición –como ha ocurrido siempre en la historia alemana de posguerra–, será difícilmente probable y todo apunta que tres partidos tengan que unirse y formar una alianza. Eso podría llevar meses. Pase lo que pase, Alemania entrará en una nueva era sin Merkel, a falta de ver si lo hará de la mano de Scholz, de Laschet o, en menor medida, de Baerbock. De momento, y tras una larga y cambiante campaña electoral, los alemanes van hoy a las urnas a elegir al sucesor de Merkel.