La extrema derecha alemana se desinfla, pero supera el 10%

Alternativa para Alemania mantiene su fuerza en el Este, donde es el partido más votado en Sajonia y Turingia

Dieron la sorpresa en las elecciones de 2017 al convertirse en el primer partido de extrema derecha que entraba en el Parlamento federal desde el final del nazismo con un 12,6% de votos y 94 diputados. Alternativa para Alemania (AfD) había sabido capar el malestar contra la decisión de Angela Merkel de permitir entrar en el país a un millón y medio de refugiados en 2015.

Sin embargo, cuatro años después, el foco de interés de la campaña ha pasado de la inmigración, el islam y el terrorismo a la lucha contra el cambio climático, el futuro de la pensiones o el mercado de la vivienda. Temas en los que la extrema derecha no ha aportado ninguna iniciativa.

Los resultados provisionales reflejan que la derecha xenófoba y antieuropea resiste en Alemania y se mantiene por encima del 10,5%, pero queda relegada en un Parlamento donde pasará de tercera a quinta fuerza política. La tercera Gran Coalición entre conservadores (CDU/CSU) y socialdemócratas (SPD) había colocado a AfD como principal partido de la oposición en el Bundestag. Los ultras confirman, sin embargo, su fuerza en el Este de Alemania, donde son la fuerza más votada en dos regiones de la antigua RDA, Turingia y Sajonia.

Pese a caer más de dos puntos, la dirección de la formación ultraderechista se mostraba satisfecha anoche. «Se habló de que cuatro años después estaríamos fuera del Parlamento y estamos otra vez por encima del 10%, es un éxito», defiende la copresidenta del grupo parlamentario de AfD, Alice Weidel. Weidel señaló que había sido una campaña difícil en la que se había intentado aislarles tanto desde los otros partidos como desde los medios.

Según Weidel, Alternativa para Alemania también se vio afectada por la polarización de la campaña entre Armin Laschet y Olaf Scholz. Con todo, ningún partido alemán cuenta con ellos para formar Gobierno.