La UE mira a Macron ante el parón alemán

Bruselas guarda silencio sobre el 26-S y espera a que se despejen los escenarios

La canciller alemana, Angela Merkel y el presidente galo, Emmanuel Macron ofrecen una rueda de prensa durante la cumbre de jefes de Estado de la UE, en Bruselas
La canciller alemana, Angela Merkel y el presidente galo, Emmanuel Macron ofrecen una rueda de prensa durante la cumbre de jefes de Estado de la UE, en Bruselas

Bruselas se prepara para la incertidumbre. En la capital comunitaria aún se recuerda cómo las negociaciones en 2017 para la formación de gobierno en Alemania, que duraron casi seis meses, dejaron al club comunitario sumido en la parálisis y en un periodo de reflexión que, al menos, sirvió para ir digiriendo el trauma del Brexit.

Ahora, la situación es mucho más delicada porque a la salida de la canciller Angela Merkel, el ancla de estabilidad a la que se ha agarrado el club comunitario siempre que ha sido sacudido por la tempestad en estos 16 años, se une la fragmentación del Bundestag y las dificultades para formar una coalición de gobierno coherente capaz no sólo de liderar Alemania sino el conjunto del club comunitario. Porque normalmente Bruselas propone y Berlín dispone y casi ninguna reforma de calado puede emprenderse sin la aquiescencia del país más poderoso desde el punto de vista económico y demográfico.

Ante esta orfandad de liderazgo, todos los ojos se dirigen al presidente francés, Emmanuel Macron. La otra parte del motor que casi con total seguridad aprovechará estos meses para suplir el hueco de la canciller y fijar las prioridades de la agenda. La retirada de EE UU de Afganistán y el viraje de Washington hacía el Pacífico supone la oportunidad perfecta para que el presidente francés relance el debate de una de sus principales obsesiones: la autonomía estratégica europea para dejar de depender de EE UU en ámbitos como la Defensa o los sectores económicos que configuran el modelo del siglo XXI.

Alemania, aunque comparte estas preocupaciones, siempre se ha mostrado más proclive a mantener el vínculo transatlántico y las dudas germanas no siempre han sido bien entendidas por el impetuoso presidente francés.

Durante la primera mitad de 2022, París ostentará la presidencia rotatoria de la UE y la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, ya ha anunciado la celebración en suelo francés de una cumbre extraordinaria sobre Defensa. Además, se espera que durante el semestre de presidencia gala concluya la Conferencia sobre el Futuro de Europa, una iniciativa que pretende recoger las demandas de los ciudadanos europeos sobre el futuro del club a través de diferentes foros para escuchar la voz de la sociedad civil.

Como colofón, esto coincidirá con las elecciones presidenciales francesas en primavera dónde si, todo sucede tal y como pretende Macron, el presidente francés volverá a vencer sobre el euroescepticismo de Marine Le Pen o/y la nueva estrella Éric Zemmour. Se espera que, si bien en las elecciones alemanas los candidatos apenas hablaron de Europa en los debates, ya que ninguno de los dos grandes partidos pone en cuestión el proyecto de integración comunitario, en Francia el futuro del país aparezca intrínsecamente ligado al del devenir del club comunitario.

Pero aunque Macron aprovechará la ocasión para erigirse como el líder incontestable de los Veintisiete mientras Merkel queda relegada a la interinidad, muchos son los que dudan de que pueda por sí solo marcar la agenda y vaticinan que su liderazgo jupiterino y dado a presentarse como figura providencial, a la medida de la grandeur francesa, seguirá incomodando en algunas capitales, lo que puede reabrir las brechas del club comunitario Norte- Sur, Este-Oeste.

De hecho, si el retraso en la formación de gobierno en Alemania se prolonga hasta 2022, esto puede quitar brillo a su presidencia si los grandes temas como las reformas de las normas fiscales y la transición energética quedan aparcados sine die y Francia no puede presentar ningún logro de calado. Aunque el candidato socialdemócrata Olaf Scholz ha prometido que intentará pronunciar el discurso de Navidad como nuevo canciller, en los pasillos comunitarios sigue muy presente la situación de Países Bajos que, tras las elecciones de marzo, ha sido incapaz de formar gobierno a pesar del buen resultado cosechado por el primer ministro en funciones, el liberal Mark Rutte.

En todo caso, la época Merkel ha tocado a su fin y quién será el próximo canciller también tendrá repercusiones sobre las grandes familias políticas europeas dónde la preocupación de los Populares Europeos contrasta con la euforia de los socialdemócratas.