Bruselas propone menos controles aduaneros en Irlanda del Norte

La Comisión Europea realiza una última oferta para evitar una guerra comercial con Reino Unido tras el Brexit

Un cartel contra la frontera marítima en Larne (Irlanda del Norte)
Un cartel contra la frontera marítima en Larne (Irlanda del Norte)CLODAGH KILCOYNEREUTERS

Bruselas ha decidido responder al órdago británico con una rama de olivo. El negociador europeo, Maros Sefcovic presentó ayer una batería de propuestas para facilitar la aplicación del Protocolo de Irlanda. Son una serie de medidas en las que Bruselas lleva trabajando semanas para conseguir reducir al máximo la burocracia y los controles fronterizos, aunque su presentación tiene lugar en un momento en el que Downing Street parece tan sólo interesado en dinamitar este acuerdo que tanto costó negociar y pide que el Tribunal de Justicia de la UE deje de tener jurisdicción sobre la provincia británica de Irlanda del Norte.

Sefcoviv calificó ayer este paquete como “robusto y creativo ,con soluciones prácticas para ayudar a Irlanda del Note a lidiar con las consecuencias del Brexit” y se ha mostrado esperanzado en que Reino Unido se siente en la mesa a negociar y olvide su estrategia de amenazas y ultimatos.

La propuesta presentada hoy pretende evitar el 80% de los controles sanitarios y fitosanitarios previstos hasta el momento para las mercancías de animales y plantas que se dirigen desde Gran Bretaña hasta Irlanda del Norte. Como modo de salvaguardar el mercado común, Bruselas propone sustituir estos chequeos por otras medidas que garanticen que estos productos no llegarán hasta la República de Irlanda y, por ende, al resto de los Veintisiete, sino que permanecerán en la provincia británica. Tan sólo quedarán fuera de esta nueva reglamentación los productos considerados peligrosos. Bruselas espera consensuar esta lista con Reino Unido y admite cambios si peligra el suministro de algún bien.

Esta propuesta permite poner fin de manera duradera a la denominada “guerra de la salchichas”, la contienda desatada entre Bruselas y Londres por la prohibición de transportar desde Gran Bretaña a Belfast estos productos y otras carnes refrigeradas, si no se ponían en marcha los controles sanitarios necesarios. Un conflicto de gran simbolismo para el país ya que ponía en peligro el tradicional desayuno británico.

Además, los cambios que la Comisión Europea quiere introducir en la aplicación del protocolo también pretenden reducir la mitad del papeleo en las declaraciones de bienes aduaneras que deben realizar los transportistas siempre y cuando Reino Unido se comprometa a permitir el acceso en tiempo real a sus sistemas de datos y sus autoridades realicen los chequeos necesarios para evitar el contrabando. Se trata de crear una especie corredor exprés para las mercancías desde Gran Bretaña a la provincia británica.

La propuesta presentada por Sefcovic también otorga un mayor papel de interlocución a las autoridades de Irlanda del Norte en la Aplicación del Protocolo y asegura el suministro de medicamentos desde Gran Bretaña a Irlanda del Norte sin introducir cambios legislativos, siempre y cuando estas mercancías no sean transportadas a la República de Irlanda y entren en el mercado único.

En el acuerdo de divorcio las dos parte acordaron que la provincia británica de Irlanda del Norte quedara alineada con el mercado común y que el Tribunal de Justicia de la UE tuviera la última palabra en la interpretación del derecho comunitario aunque la provincia ya no pertenezca al club europeo. Bruselas y Londres llegaron a esta solución como modo de evitar una frontera dura entre Irlanda del Norte (territorio británico) y la República de Irlanda que pusiera en peligro la paz alcanzada en el Acuerdo de Viernes Santo firmado en 1998, tras décadas de terrorismo del IRA. De esta forma, Irlanda del Norte queda fuera de la unión aduanera europea y los controles fronterizos se trasladan al Mar de Irlanda. La frontera invisible entre las dos Irlandas se convierte en la puerta de entrada al mercado común europeo, como modo de salvaguardar la frágil convivencia entre protestantes y católicos.

Bruselas confía en que Londres negocie de manera constructiva y pueda llegarse un acuerdo a finales de año, aunque este pasado lunes Reino Unido pidió cambios sobre el papel del Tribunal de Justicia. Una petición que Bruselas considera inasumible. Según Sefcovic, el papel del alto tribuna europeo es “muy, muy claro . Y creo que fue muy claro desde el principio cuando comenzamos a discutir el acuerdo de retirada y cuando discutimos los diferentes protocolos que luego se convirtieron en parte de todo el paquete”

Bruselas se niega a renegociar el Protocolo de Irlanda que tantos quebraderos de cabeza trajo durante las negociaciones del Acuerdo de divorcio. La primera propuesta fue rechazada hasta en tres ocasiones por el Parlamento de Westminster y terminó con la carrera política de la entonces primera ministra Theresa May. La llegada de Boris Johnson a Downing Street permitió llegar a una nueva solución y de ahí la sorpresa de los Veintisiete ante la actitud del “premier” británico, que ahora pretende dinamitar el pacto que él mismo negoció.

Además Downing Street también ha amenazado con la suspensión unilateral del Protocolo lo que desataría una guerra comercial con los Veintisiete. Bruselas es consciente de la situación pero ahora mismo prefiere ser constructiva y centrarse en una posible negociación con Reino Unido para calmar las aguas. Existe el peligro de que este tema emponzoñe otras negociaciones como el estatus de Gibraltar tras el Brexit y las licencias de pesca en aguas británicas para los pescadores europeos que ya han originado las primeras tensiones con Francia. A pesar de la mano tendida, como aseguran fuentes diplomáticas: “deseamos lo mejor pero nos preparamos para lo peor”.

Londres no se conforma

Después de que la UE publicara sus propuestas para intentar calmar la crisis en torno al Protocolo de Irlanda, Downing Street asegura que “estudiará los detalles” y “por supuesto, los veremos con seriedad y de forma constructiva”.

“El siguiente paso debería ser conversaciones intensivas sobre nuestros dos conjuntos de propuestas, que se llevarán a cabo rápidamente, para determinar si hay un terreno común para encontrar una solución”, matizó un portavoz del Número 10.

En cualquier caso, Londres insiste en que si se quiere “acordar un pacto duradero que cuente con el apoyo de Irlanda del Norte”, deben realizarse “cambios significativos que aborden las cuestiones fundamentales en el corazón del Protocolo, incluida la gobernanza”. En definitiva, tal y como avanzó David Frost, ministro para el Brexit, durante su discurso el martes, lo que el Gobierno británico busca es la supervisión judicial de la aplicación del tratado en la región por parte del Tribunal de Justicia de la UE. Y eso es una línea roja para Bruselas

El portavoz de Downing Street insistió en que se necesita “encontrar una solución que todas las partes puedan respaldar en el futuro, que proteja el Acuerdo de Belfast (Viernes Santo) y que coloque la relación entre Reino Unido y la UE sobre una base más sólida”. “Estamos dispuestos a trabajar duro con esto en mente”, añadió.

De momento, Londres apuesta por el diálogo. Pero si no se cumplen sus expectativas, no descarta activar el artículo 16, un freno de emergencia que permite que cualquiera de las partes adopte medidas unilaterales si considera que el protocolo está causando “graves dificultades económicas, sociales o ambientales que pueden persistir” o perturbar el comercio.