Opinión

China enseña los dientes: el misil DF-17 que sortea todas las defensas y se despliega desde el espacio

La preocupación no se disimula en Washington y es que China está alcanzando su nivel máximo de peligrosidad

La figura del presidente chino, Xi Jinping, en el museo Madame Tussauds Museum, de Dubai
La figura del presidente chino, Xi Jinping, en el museo Madame Tussauds Museum, de DubaiRULA ROUHANAREUTERS

Se han cumplido 70 años de la toma del poder por parte del Partido Comunista Chino, y sus dirigentes no han perdido el tiempo. La República Popular de China es hoy por hoy una potencia económica, pero también militar. Si bien sus capacidades distan mucho de las de Estados Unidos, los avances de Pekín, particularmente en lo que a su capacidad ofensiva se refiere son asombrosos, además de preocupantes.

En agosto China habría probado con éxito el primer misil hipersónico, ganándole la carrera a Washington y Moscú, para sorpresa de todos, incluidas las agencias de inteligencia norteamericanas. Y es que el misil DF-17 es capaz de sortear las defensas más avanzadas del planeta, al poder ser desplegado desde el espacio, ya sea sobre un cohete, o desde cualquier satélite.

Su velocidad es más bien lenta, pero al estar liberado de las limitaciones de trayectoria parabólica que tienen los misiles balísticos intercontinentales, hace que su vuelo sea impredecible, llegando incluso a poder cambiar de dirección en pleno vuelo. Por si esto fuera poco, China también cuenta con tradicionales misiles balísticos de última generación, los DF-41, con un alcance de 15.000 km, capaces de alcanzar los Estados Unidos en apenas 30 minutos, y con la capacidad de montar hasta diez cabezas nucleares en un solo misil.

La preocupación no se disimula en Washington, y es que China está alcanzando su nivel máximo de peligrosidad. Cual animal acorralado, Pekín es consciente de que estaría llegando a su punto álgido de poder, teniendo que hacer frente en las próximas décadas a sendas crisis, tanto de índole demográfica como económica, o energética. Pekín tiene grandes objetivos para el futuro de su país: la dominación regional y una presencia global. Estos planes pasan por Taiwán, la joya de la corona y el legado al que aspira Xi Jinping