Libia, un país desgarrado diez años después de Gaddafi

El coronel fue asesinado a manos de un grupo de rebeldes y el país está hoy fracturado, inestable y violento

Rebeldes libios celebraron ayer en Trípoli la conquista de Sirte y la caída del dictador, acontecimientos que marcan el final de la guerra
Rebeldes libios celebraron ayer en Trípoli la conquista de Sirte y la caída del dictador, acontecimientos que marcan el final de la guerra

Diez años después del asesinato del coronel Muammar Gaddafi a manos de un grupo de rebeldes, Libia es hoy un país fracturado, inestable y violento. A pesar de los intentos de la comunidad internacional de apuntalar una nueva democracia, el extenso país magrebí es hoy un Estado fallido en el que, tras el experimento de la dictadura, emergen los viejos clanes y divisorias étnicas y tribales y en el que distintas guerrillas siguen peleando por hacerse con el control del territorio tras una década de violencia. Aunque la situación de seguridad varía sobremanera de una región a otra, la inflación y la carestía de vida son generalizadas en un país rico en recursos naturales como pocos.

“Comparado con hace cinco años, la situación es mucho mejor. Pero si la comparamos con hace diez, en tiempos de Gaddafi, es totalmente inestable. Tenemos además un gran número de organizaciones terroristas e individuos que operan en el país como nunca habíamos tenido”, afirmaba en declaraciones a Euronews el académico libio Mustafa Fetouri.

Con todo, hay motivos para albergar esperanzas en el país magrebí un año después del alto el fuego entre los dos bandos que se enfrentaban en el campo de batalla, el Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) de Fayez al Sarraj y del Ejército Nacional Libio (ENL) de Khalifa Haftar. Una guerra por interposición (2014-2020) en la que ENL contó el apoyo de Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Francia y Egipto y el GAN con el de Turquía y Qatar. Tras obtener el apoyo de ambas facciones y del Parlamento libio, el Gobierno de Unidad Nacional auspiciado por la misión de la ONU en el país magrebí sigue en pie como única autoridad nacional siete meses después de su formación.

El próximo reto para la sociedad libia y la comunidad internacional es la celebración de elecciones presidenciales, previstas para el día 24 de diciembre próximo. Unos comicios convocados sin que el Estado libio cuente aún con una Constitución y con el problema de unificar el mando y la estructura de las nuevas fuerzas armadas estatales. En enero deberán celebrarse asimismo elecciones legislativas.

La conferencia ministerial internacional que se celebra este jueves en Trípoli confía, en fin, en acelerar la llamada Iniciativa para la Estabilización de Libia, plan que aspira a crear un espacio político firme y una economía competitiva que permita celebrar las elecciones a tiempo y lograr la paz. Uno de las cuestiones que abordará la conferencia será la presencia de miles de mercenarios extranjeros aún en el país –entre ellos sirios, rusos, sudaneses o chadianos- quienes entraron 2015 al comenzar la guerra civil.

Otra de las grandes preocupaciones de la comunidad internacional es que el país magrebí se ha convertido, merced a la incapacidad de fuerzas de seguridad de tener un efectivo control del territorio, en uno de los puntos calientes de la emigración irregular que se lanza al Mediterráneo con la esperanza de alcanzar suelo europeo, al alza en los últimos meses en todo el norte de África. Decenas de miles de personas han sido interceptadas por los guardacostas libios en lo que va de año antes de tratar de escapar del país.

Nostalgia del régimen de Gaddafi

La inestabilidad y la inseguridad actuales hacen cada vez más mella en la población libia, una parte de la cual evoca con nostalgia el régimen de Gaddafi, dictadura que imperó en Libia durante 42 años -con un discurso antiimperialista, panarabista, africanista y socialista- hasta que una revuelta inspirada por la Primavera Árabe y la ayuda de la OTAN lo derrocaron en 2011.

Una nostalgia que explica que una parte de los libios vea con simpatía la candidatura de uno de los hijos de Gaddafi, Saif al Islam –quien reivindica sin ambages el legado de su padre-, para las próximas elecciones presidenciales. Todo apunta a que se las verá en las urnas con el mariscal Khalifa Haftar.

Hace diez años, un 20 de octubre de 2011, un grupo de rebeldes dio con el paradero del dictador en su refugio de Sirte, su localidad natal, para torturarlo y darle muerte en plena vía pública. Las imágenes del cautiverio de Gaddafi y su ejecución, también la de su cuerpo inerte, dieron la vuelta al mundo por su brutalidad y son el mejor recordatorio del fracaso de la última década libia, el de un país en guerra consigo mismo –y la de otros en su territorio- incapaz de garantizar su supervivencia.