Lo que está en juego en la guerra pesquera entre Reino Unido y Francia

París impondrá sanciones a Londres, que a su vez ha dado un ultimátum si no se soluciona la crisis tras diez meses de negociaciones sin éxito

Las cuotas pesqueras ya habían sido el último de los obstáculos para poder firmar el acuerdo de la retirada de la Unión Europea
Las cuotas pesqueras ya habían sido el último de los obstáculos para poder firmar el acuerdo de la retirada de la Unión Europea FOTO: YOAN VALAT EFE

Francia y Reino Unido han intensificado la tensión entre ambos países por los derechos de los pescadores tras el Brexit, en el primer conflicto entre ambos desde que el país británico se saliera de la Unión Europea. Según el acuerdo comercial, los pescadores europeos pueden operar en aguas británicas siempre que puedan demostrar que anteriormente ejercían allí su actividad, pero los desencuentros en ambos puntos ha tensado la cuerda entre las relaciones de ambos países.

Tras diez meses de negociaciones sin éxito, han pasado de las palabras a los hechos. El último caso se vivió el pasado jueves, cuando la guardia costera francesa detuvo a dos barcos británicos que estaban pescando en sus aguas, siendo uno de ellos expedientado y multado y otro detenido. Quizás más por orgullo o por despecho tras la polémica desunión del grupo europeo, pero ambos países están protagonizando una rivalidad tan evitable como milenaria.

Las cuotas pesqueras ya habían sido el último de los obstáculos para poder firmar el acuerdo de la retirada de la UE, y eso que el porcentaje que representa la pesca para la economía británica es de tan solo un 0,1% de su PIB. Este martes entrarían en vigor una lista de medidas de sanción contra el Reino Unido impuestas por el país que lidera Emmanuel Macron, pero Londres ha puesto un ultimátum de 48 horas si no se resuelve el problema de la pesca.

Francia busca tener las licencias de pesca a las que considera que tiene derecho para faenar en las islas anglo normandas por los acuerdo del Brexit. Los comerciantes franceses necesitan ahora pagar una licencia que les permita entrar a estas aguas, algo que no toleran y que supone un duro golpe para sus economías familiares, dependientes en casi la totalidad de la pesca que se concentra en este archipiélago frente a sus casas que, sin embargo, no está bajo soberanía francesa desde hace siglos.

París quiere prohibir a los pesqueros británicos que desembarquen sus capturas en algunos puertos franceses y quiere endurecer los controles sanitarios y aduaneros. Los puertos afectados por mayores controles pueden ser anunciados a principios de la próxima semana. Y los pescaderos franceses amenazan con complicar el desabastecimiento que padece Reino Unido, junto a una suspensión del suministro de energía.

En paralelo, el Gobierno de Boris Johnson había advertido a su vez que tomaría represalias si Francia introduce controles adicionales en los barcos y camiones que llegan desde Reino Unido. “Las amenazas de Francia son decepcionantes y desproporcionadas, y no son lo que esperaríamos de un aliado y socio cercano. Las amenazas no parecen ser compatibles con el Acuerdo de Comercio y Cooperación (el TCA firmado entre Londres y la UE) y el derecho internacional y, si se llevan a cabo, recibirán una respuesta adecuada y calibrada”, aseguran.

En un encuentro entre ambos en los márgenes del G20 que se celebró en Roma, Johnson recalcó su “profunda preocupación por la retórica del Gobierno francés en los últimos días”. Entre los países que apoyan a Francia se encuentra España, así como Alemania, Países Bajos y hasta siete países más. Las autoridades británicas han rechazado las solicitudes para faenar de la mayoría de barcos galos que las habían solicitado, tanto en el área de la isla de Jersey como en otras zonas, y el pulso político va en aumento.