Macron y Boris Johnson tensan el acuerdo del Brexit

París acusa a Londres de incumplir el acuerdo comercial en medio de una disputa que pone en peligro el pacto

El propio vicepresidente de la Comisión Europea, Maros Sefcovic, mostró desde las páginas del diario “The Telegraph” su inquietud ante la postura británica
El propio vicepresidente de la Comisión Europea, Maros Sefcovic, mostró desde las páginas del diario “The Telegraph” su inquietud ante la postura británica FOTO: POOL REUTERS

Si algo nos ha enseñado el Brexit, es que el final siempre puede ser un nuevo principio. El 24 de diciembre de 2020, día de Nochebuena, Reino Unido y Bruselas rubricaron un acuerdo sobre su relación futura tras el divorcio, en lo que parecía un mensaje inequívoco de buena voluntad en las fechas más entrañables del calendario.

Casi un año después, todo puede saltar por los aires. La impresión en la capital comunitaria es que cualquier ascua basta para prender el fuego. Como muestra, las tensiones entre Reino Unido y Francia por las licencias pesqueras, ya que París considera que Londres no está cumpliendo lo acordado. Las amenazas mutuas entre los dos países han ido in crescendo en las últimos días, han enrarecido el ambiente en la cumbre del G-20 en Roma y pueden seguir haciéndolo durante la cumbre contra el cambio climático, COP 26 que se celebra en Glasgow (Reino Unido) con Boris Johnson como anfitrión.

El propio vicepresidente de la Comisión Europea, Maros Sefcovic, mostró ayer desde las páginas del diario “The Telegraph” su inquietud ante la postura británica. Según el representante europeo, Downing Street se está decantando por la “confrontación” en vez de la concordia, para intentar solucionar los problemas derivados del que sigue siendo el escollo principal del periodo post- brexit: la aplicación del Protocolo sobre Irlanda del Norte. Aunque Bruselas confiaba en llegar a un acuerdo antes de finales de año, las esperanzas parecen disiparse después de los últimos contactos celebrados este pasado viernes en Londres entre Sefcovic y el secretario de Estado británico para el Brexit, David Frost.

En el pacto de divorcio, las dos partes acordaron que provincia británica de Irlanda del Norte quedara alineada con el mercado común. Bruselas y Londres llegaron a esta solución como modo de evitar una frontera dura entre Irlanda del Norte ( territorio británico) y la República de Irlanda que pusiera en peligro la paz alcanzada en el Acuerdo de Viernes Santo firmado en 1998, tras décadas de terrorismo del IRA. De esta forma, Irlanda del Norte queda fuera de la unión aduanera europea y los controles fronterizos se trasladan al Mar de Irlanda. La frontera invisible entre las dos Irlandas se convierte en la entrada al mercado común europeo y de ahí la necesidad de que no se convierta en una puerta de atrás que favorezca el contrabando o la laxitud de los estándares.

Aunque la actitud de las autoridades británicas no se ha caracterizado por el entusiasmo a la hora de aplicar este Protocolo, fuentes diplomáticas europeas han acabado reconociendo que algunas disposiciones han tenido efectos no deseados.

Como rama de olivo, Bruselas ha presentado un paquete para intentar reducir todo lo posible los controles fronterizos, pero cree que Reino Unido no está respondiendo a esa mano tendida. “Esto se hizo de buena fe y estoy trabajando las veinticuatro horas del día para lograr un acuerdo con el Gobierno del Reino Unido que ofrezca estabilidad, certeza y previsibilidad que se merece Irlanda del Norte”, asegura Sefcovic en su artículo como quien clama en el desierto. Londres sigue persiguiendo que el Tribunal de Justicia de la UE deje de tener jurisdicción sobre la provincia británica, a pesar de que el territorio sigue alineado con el mercado común y para Bruselas éste es un principio innegociable.

Aunque el comisario no lo diga de forma expresa, uno de los mayores temores es que el Reino Unido decida pulsar por sorpresa el botón nuclear y deje de activar el Protocolo, algo permitido a través del artículo 16 de este tratado. Algunos países europeos como Alemania, Francia, Holanda, Italia y España han pedido en las últimas semanas al Ejecutivo comunitario que enseñe los dientes y vaya preparando el terreno por si es necesario actuar de manera recíproca. Esto incluiría represalias comerciales o que Reino Unido deje de participar de algunos programas europeos.

A diferencia de las negociaciones durante el Brexit, no existen plazos claros de cuándo pueden descarrilar los trenes y de ahí la urgencia de estar preparados para lo peor. Nadie descarta un golpe de efecto británico antes de las Navidades, quizás después de la cumbre del clima. Puede que las amenazas de Downing Street sean tan sólo órdago pero en las cancillerías europeas se quiere transmitir el mensaje de que Bruselas no está de brazos cruzados.

La iniciativa presentada a mediados del mes de octubre por parte de Bruselas para solventar los problemas derivados de la aplicación del Protocolo pretende reducir el 80% de estos controles sanitarios para mercancías de animales y plantas que se dirigen desde Gran Bretaña hasta Irlanda del Norte. Como modo de salvaguardar el mercado común, Bruselas propone sustituir estos chequeos por otras medidas que garanticen que estos productos no llegarán hasta la República de Irlanda y, por ende, al resto de los Veintisiete, sino permanecerán en la provincia británica

Además, los cambios que la Comisión Europea quiere introducir en la aplicación del protocolo también pretender reducir la mitad del papeleo en las declaraciones de bienes aduaneras siempre y cuando Reino Unido se comprometa a permitir el acceso en tiempo real a sus sistemas de datos y sus autoridades realicen los chequeos necesarios para evitar el contrabando. Se trata de crear una especie corredor express para las mercancías desde Gran Bretaña a la provincia británica, pero siempre y cuando Reino Unido cumpla su parte, y alejar de manera definitiva el fantasma del desabastecimiento de productos de primera necesidad.