¿Tienen futuro los islamistas en Marruecos?

Tras el batacazo electoral del 8 de septiembre, el Partido de la Justicia y el Desarrollo ha apostado por una vuelta a las esencias con la reelección como líder del ex primer ministro Benkirane

Abdelillah Benkirane ha vuelto a asumir las riendas del islamista PJD tras la debacle de septiembre
Abdelillah Benkirane ha vuelto a asumir las riendas del islamista PJD tras la debacle de septiembre

¿Hay futuro para el islamismo en Marruecos? ¿Podrá el islam político recuperarse de la catástrofe de las elecciones legislativas y municipales del pasado 8 de septiembre, cuando el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) pasó de primera a octava fuerza en la Cámara de Representantes?

El fracaso de la experiencia islamista en el poder en el conjunto de la región, la mala gestión económica en el Gobierno nacional –el PJD encabezó los Gabinetes entre 2011 y 2021- y ayuntamientos, especialmente durante la pandemia, y la incapacidad de procurar los cambios que los marroquíes le reclamaban explican el retroceso del principal partido islamista de la política institucional marroquí.

Otras entidades, como el tolerado e ilegal movimiento Justicia y Espiritualidad (Al Adl wa Ihsane), defensor de la reislamización de la sociedad, opuesto al sistema monárquico y a participar en las instituciones y promotor de una “qawma” o levantamiento para la implantación de un califato, pueden aprovechar para aumentar su base en un contexto de deterioro social tras 20 meses de pandemia.

“Hay un contexto internacional marcado por el retroceso del islam político en la estela de los Hermanos Musulmanes en el conjunto del mundo arabo-musulmán. La cultura y doctrina de la Hermandad, con su dimensión autoritaria, ha mostrado sus límites”, aseguraba recientemente el politólogo marroquí Mohamed Tozy en “Jeune Afrique” al ser preguntado por el futuro del islamismo en Marruecos.

Para la profesora de la UNED y experta en islamismo marroquí Beatriz Tomé, “el PJD ha retrocedido por una confluencia de cuatro factores: el desgaste de la pandemia, lo limitado de los cambios logrado, la crisis del islamismo como solución y la alienación de sus propias bases a partir de ciertas decisiones políticas adoptadas desde el Gobierno, como el reconocimiento de Israel y la ley del cannabis”.

Sobre el porvenir de la formación, que apuesta desde hace tiempo por programas de carácter social y rehúye de las aspiraciones maximalistas de otras formaciones islamistas árabes, la especialista en relaciones internacionales estima que “si el PJD tiene la capacidad de ser la voz del descontento, tendrá futuro. Todos los sistemas políticos, incluido el marroquí, prefieren canalizar ese descontento a través de actores institucionales. Y en ese sentido el PJD es útil. Ahora tendrá que ser vocal en su oposición”.

Una de las consecuencias de la debacle fue la dimisión del hasta el 8 de septiembre pasado primer ministro Saadeddine El Othmani como secretario general de la formación. Las bases del PJD votaban el pasado 30 de octubre, con un 89% de los inscritos, el regreso a la secretaría general del partido de Abdelillah Benkirane, quien fuera líder de la formación y, entre 2011 y 2017 primer ministro de Marruecos.

“No había alternativa a Benkirane. Es la única figura capaz de reactivar a su electorado y captar el voto protesta gracias a su carisma. Además, ideológicamente es la figura más próxima a las juventudes del partido”, explica Tomé a LA RAZÓN. Con todo, la politóloga recuerda que Benkirane dejó claro que “no buscará enfrentamiento con Palacio”.

Justicia y Espiritualidad

En un discreto segundo plano tras la Primavera Árabe, el movimiento Justicia y Espiritualidad tratará de recuperar bríos en una coyuntura socioeconómica difícil en Marruecos. El especialista francés Marc-Etienne Lavergne escribía en marzo del año pasado que, bajo la dirección actual de Mohamed Abbadi, el movimiento islamista extraparlamentario “trabaja cada vez más conjuntamente con los partidos políticos y la sociedad civil”. En su estrategia de expansión con nuevas formaciones y movimientos, dentro y fuera de Marruecos, el investigador galo cita sus vínculos con el español Podemos.

Por su parte, el investigador de la UCM de Madrid y especialista en la asociación islamista Alfonso Casani, recuerda a LA RAZÓN que en los últimos tiempos Al Adl wa Ishsane “ha estado relativamente activa: ha vuelto a llamar al boicot electoral y ha participado, sin tener una postura muy activa, en movimientos de protesta periféricos como el del Rif en 2017 o ahora mismo el que hay contra el pasaporte covid”.

El profesor destaca además que lo ha hecho actuando con varios partidos de izquierda extraparlamentarios como Vía Democrática. Sobre su futuro, recuerda que la organización seguirá presente “en los pequeños espacios de protesta que vayan surgiendo”, aunque sin que se espere un “papel fundamental como oposición” y haciendo gala de una “estrategia largoplacista que le permitirá reorganizarse y esperar un momento de oportunidad”.

Una parte del electorado marroquí conecta con los islamistas, y lo seguirá haciendo cuando la oferta –y las circunstancias- lo permitan en el futuro. La nueva coalición gubernamental, que integran el liberal conservador Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI) del primer ministro Aziz Akhannouch junto a PAM e Istiqlal, tendrá ahora que estar a la altura de sus promesas electorales de carácter marcadamente social.

De su éxito o fracaso dependerá también que la oposición que lidera el PJD recupere el favor de los marroquíes próximas en elecciones. Los especialistas coinciden, en fin, en que el islamismo del régimen que representa el partido del veterano Benkirane tendrá que combinar pragmatismo, credibilidad, democracia interna y sintonía con el electorado para volver a gobernar o influir en el poder. Y, de paso, cerrar el paso a otras formas de islamismo extraparlamentario cuyos planes se antojan, sin duda, más inquietantes para todos.