Venezuela: entre la confusión y el desamparo

En unas elecciones regionales que ha pasado de todo, lo cierto es que hay una sociedad desconcertada, divorciada de la clase política y con un sentimiento de desamparo importante

El 60% de los venezolanos ha decidido no salir a votar por varias razones pero la principal es la construcción de un esquema, desde el chavismo, que ha entrampado a la sociedad civil
El 60% de los venezolanos ha decidido no salir a votar por varias razones pero la principal es la construcción de un esquema, desde el chavismo, que ha entrampado a la sociedad civil FOTO: Miguel Gutiérrez EFE

¿Quién ha sido el triunfador de la jornada del 21 de noviembre en Venezuela? En unas elecciones regionales que ha pasado de todo, lo cierto es que hay una sociedad desconcertada, divorciada de la clase política y con un sentimiento de desamparo importante.

El 60% de los venezolanos ha decidido no salir a votar. ¿Por qué? Varias razones pero la principal es la construcción de un esquema, desde el chavismo, que ha entrampado a la sociedad civil dejando por fuera a líderes importantes que hoy están presos, en el exilio o perseguidos. También, por un régimen que ha suprimido el derecho más importante: la libertad.

En este sentido, la desmovilización no es una responsabilidad exclusiva del liderazgo opositor, que ciertamente ha cometido muchos errores, ni tampoco exclusiva de una ciudadanía apática. La culpa, sobre todo, es de un sistema diseñado precisamente para «quebrar» la moral de algunos cuadros que se autodenominan opositores y que pretenden ser alternativa a Maduro. La culpa, en primer lugar, es de un sistema que asfixia y chantajea a los ciudadanos mediante una caja de comida y que ahora pretende normalizar lo atípico acostumbrando a la gente a vivir bajo un esquema de lógica carcelaria.

Se necesita un verdadero despertar del pueblo venezolano pero en primer lugar del liderazgo genuino, el auténtico, que sí existe, pero que durante estas horas se encuentra descifrando lo que ocurrió y cómo asumir lo que viene. Es cierto que los países no se acaban, como las empresas, pero también es cierto que de seguir así, Venezuela será tierra desértica, donde el talento termine de irse y donde quienes permanezcan deban elegir entre cooperar con el sistema o convertirse en mártires del régimen.