El problema en Venezuela es la tiranía

Maduro no ganó legitimidad con estas elecciones regionales, por el contrario confirmó su talante totalitario y la ausencia absoluta de estado de derecho

FOTO: Ariana Cubillos AP

Cualquier analogía que se haga le quedaría grande al último episodio de la política venezolana, que no llega ni al gatopardismo de cambiar todo para que todo siga igual. Después de las elecciones regionales todo sigue igual sin duda, pero es que tampoco había cambiado nada antes como algunos quisieron vender.

El ente electoral estaba controlado por el régimen de Maduro, los partidos políticos de oposición seguían ilegalizados o usurpados, el tribunal supremo ilegítimo seguía intacto dispuesto a sustituir la voluntad del pueblo con sentencias ilegales, mientras se despoja de competencias a estados y municipios y se inhabilitan candidato incluso después de que ganan.

Nada cambió, la única novedad es que esta vez hay una agenda (interna y externa) interesada en decir lo contrario, para normalizar la tiranía en beneficio de una cúpula. Ejemplo de esto es la carta de buena conducta que se le ha querido dar a un Consejo Nacional Electoral que fue incapaz de proclamar al ganador indiscutible del estado Barinas y se quedó esperando por unas actas que nunca llegaron, para luego repetir la elección por orden de un tribunal, previa inhabilitación de todos los contrincantes del candidato perdedor del régimen. Lo ocurrido en ese estado es tan grotesco que no deja lugar a dudas ni permite el engaño en cuanto a que Maduro intentará en 2024 lo mismo que hizo Daniel Ortega en Nicaragua. Escogerá a su adversario electoral persiguiendo al resto, para reelegirse fraudulentamente una vez más.

Ante este escenario cantado no queda otra que ratificar el reconocimiento al presidente encargado Juan Guaidó y mantener la presión interna y externa, en busca de un acuerdo que garantice condiciones para una elección presidencial libre en Venezuela. Cualquier otra cosa es complicidad con una tiranía acusada de crímenes de lesa humanidad.

Maduro no ganó legitimidad con estas elecciones regionales, por el contrario confirmó su talante totalitario y la ausencia absoluta de estado de derecho. Esperar sentados a 2024 podrá ser rentable para unos pocos, pero solo garantiza la continuidad indefinida de esta tragedia que tiene al 90% de la población viviendo en pobreza y a millones refugiados en otros países.

Rendirse bajo el falso paradigma chino de que se puede prosperar económicamente sin democracia, es un dilema elitesco que no aplica para la gran mayoría de venezolanos que saben muy bien que el problema es la tiranía y que sin libertad no hay bienestar. El reto ahora será movilizar a los millones que se abstuvieron de votar y a quienes lo hicieron de buena fe, manteniendo las posiciones alcanzadas para seguir luchando por unas elecciones presidenciales libres para salir de Maduro y rescatar la democracia.