Un nuevo escándalo amenaza la credibilidad de Johnson en pleno auge de Ómicron

Ante la polémica, el ministro de Educación, Nadhim Zahawi, salió ayer al rescate del premier y aseguró que “no quebrantó ninguna norma”

En una imagen publicada ayer en el Sunday Mirror, se ve al premier participando en diciembre del año pasado en un tradicional juego de preguntas navideño en Downing Street
En una imagen publicada ayer en el Sunday Mirror, se ve al premier participando en diciembre del año pasado en un tradicional juego de preguntas navideño en Downing Street FOTO: Adrian Dennis AP

Dos años en política son una eternidad. Y si no, que se lo digan a Boris Johnson. Atrás queda aquel diciembre de 2019 en el que logró los mejores resultados para los conservadores en más de 30 años. Tocó el cielo, a lomos de la promesa de ejecutar el Brexit, y ahora le toca afrontar su particular descenso a los infiernos.

Después de una convulsa semana marcada por la polémica de las “fiestas covid”, que ya han costado la cabeza a la entonces portavoz del Ejecutivo, Allegra Stratton, Johnson trata ahora de recuperar el control en la sala de máquinas de Downing Street. Pero no es una misión sencilla con los escándalos en los talones.

En una imagen publicada ayer en el Sunday Mirror, se ve al premier participando en diciembre del año pasado en un tradicional juego de preguntas navideño en Downing Street. Aunque el trivial fue virtual, Johnson aparece compartiendo habitación con al menos dos colegas, sin respetar la distancia de seguridad y mezclando varias unidades familiares en un momento en el que las restricciones por la covid-19 prohibían eventos sociales debido al auge de contagios.

Ante la polémica, el ministro de Educación, Nadhim Zahawi, salió ayer al rescate del premier e insistió en una entrevista en la BBC en que se trató de una quedada “virtual” en la que no se quebrantó ninguna norma. Un argumento que, sin embargo, no compran ni el líder laborista, Keir Starmer, convencido de que Johnson se saltó la ley, ni siquiera las filas conservadoras, entre las que ya suena la propuesta de sacrificar al premier y favorecer así un cambio de guardia en Downing Street.

En medio de esta tormenta, que ha propulsado a los laboristas hasta su máximo de popularidad en siete años, según el organismo de encuestas Opinium, crece la inquietud entre los expertos de que el doble rasero del gabinete de Johnson y su derivada caída de credibilidad puedan afectar a la gestión de la ola de Ómicron, con más de 3.100 casos registrados en el Reino Unido. Para reconducir la situación, y tras elevar el nivel de alerta por la covid del 3 al 4 (de 5 en total), el líder conservador se dirigió ayer a la nación con el objetivo de alentar a la población a recibir la dosis de refuerzo.

Según la diputada liberal demócrata Layla Moran, al frente del Grupo Parlamentario sobre el Coronavirus, la polémica sobre las fiestas navideñas en Downing Street se ha transformado de un “escándalo político” a un “grave riesgo para la salud pública en un momento crítico”, algo que corrobora un 65 % de la población encuestada por Opinium, que considera que la controversia afectará negativamente al cumplimiento de las normas contra la covid-19.