El pueblo que ya no quiere ser sirio: “Israel es el mejor país para estar en Oriente Medio”

Se cumplen 40 años de la anexión israelí de los Altos del Golán, donde viven miles de drusos que han experimentado un proceso de “israelización”

Drusos observan desde el lado israelí de los Altos del Golán el humo de los combates en Quneitra
Drusos observan desde el lado israelí de los Altos del Golán el humo de los combates en Quneitra

La anexión israelí del territorio sirio de los Altos del Golán, hace hoy 40 años, generó gran resistencia entre su población autóctona drusa, que se sentía siria y rechazaba la ciudadanía de Israel, pero décadas bajo control israelí y la guerra de Siria le han alejado cada vez más de Damasco. “No volveremos a ser parte de Siria”, asegura a Efe Fayez Safadi, joven de Majdal Shams, principal pueblo druso del Golán, quien opina que “ahora Israel es el mejor país donde estar en Oriente Medio”.

Israel, que ocupó el Golán en la Guerra de los Seis Días de 1967 y aplicó desde entonces una política de colonización, dio otro paso más para asimilar este territorio bajo su jurisdicción con la Ley de Anexión aprobada en el Parlamento el 14 de diciembre de 1981, de la que hoy se cumple el 40 aniversario en un contexto muy distinto. Esta polémica medida, no reconocida hasta hoy por la mayor parte de comunidad internacional, fue declarada “nula y sin valor” por el Consejo de Seguridad de la ONU, y en el Golán abrió un nuevo frente de conflicto con los árabes drusos locales, reacios a la anexión.

Estos, de una minoría religiosa presente en varios países de la región, se negaron a obedecer a Israel y reafirmaron su voluntad de volver a Siria con un ciclo de protestas que consideran “histórico”.

DEL PARO GENERAL A LA ISRAELIZACIÓN

“La respuesta de los sirios locales fue defender su identidad con manifestaciones” contra Israel, que “intentaba imponer la ciudadanía por la fuerza”, explica a Efe Wael Tarabieh, miembro de la entidad de derechos humanos Al Marsad, mientras contempla la valla metálica que marca la divisoria con Siria en Majdal Shams. Las movilizaciones derivaron en una huelga general en febrero de 1982, que se alargó hasta julio, cuando las protestas acabaron porque el Gobierno israelí se comprometió a no imponer la nacionalidad.

Desde entonces, la mayoría de drusos -26.000 árabes que conviven con 23.000 colonos judíos de unas treinta colonias- tiene permiso de residencia permanente y solamente consta como ciudadanía indefinida. Solamente en torno a un 20 % tiene nacionalidad israelí, pero la tendencia va cambiando y el “proceso de israelización” es cada vez más patente, sobre todo entre jóvenes, remarca Tarabieh.

EL IMPACTO DEL CONFLICTO SIRIO

Tras cuatro décadas de anexión e incorporación del Golán a la ley, economía y al sistema laboral y educativo de Israel, los lazos de muchos drusos con Siria se han diluido, y son pocos los que ven el retorno a la “madre patria” como una opción plausible. A esto se sumó el conflicto armado de la última década: la guerra ayudó a Israel “a intensificar la absorción” del Golán e hizo añicos cualquier perspectiva de reunificación con Siria, analiza Tarabieh.

“El conflicto destruyó el Estado sirio como entidad política y muchos vieron que la utopía de volver se desvanecía, pero a su vez el Golán quedó a salvo de atrocidades”, puntualiza. “La gente valora” haber estado a resguardo al otro lado de la línea divisoria, pese a que muchos sigan sin ser favorables a la ocupación israelí, algo cada vez más “olvidado” a nivel mundial, asegura el activista.

Con todo, los vínculos emocionales o de identidad siria quedan más bien entre ancianos, adultos de mediana edad o familias con esta tradición política, pero se evaporan entre los más jóvenes, que siempre han vivido bajo administración israelí y nunca han pisado Siria.

“No me siento sirio ni israelí, me considero del Golán”, dice a Efe un joven cocinero de un bar céntrico de Majdal Shams, que cuenta que tomó la ciudadanía israelí “por razones prácticas” como estudiar en universidades israelíes o viajar al extranjero más fácilmente.

FUTURO COMO PARTE DE ISRAEL

Para Dawlan Abú Saleh, alcalde del pueblo, “la gente del Golán solo quiere estar en el lado seguro” y su futuro está con Israel. Sentado en su despacho con toda la simbología oficial del Estado israelí, Abú Saleh destaca a Efe que el 50 % de los 12.000 habitantes de Majdal Shams se dedica al turismo, donde los visitantes israelíes son mayoría. De hecho, muchos negocios del pueblo -de habla árabe- están rotulados solo en hebreo para atraer a esta clientela.

“La población se integró en el sistema económico israelí y no tiene problemas”, aunque “muchos no lo admitan”, mientras que los más jóvenes “quieren una nueva vida” y “no lo mezclan con política”. Ante ello, asegura que si más drusos se hicieran con la ciudadanía, el Estado pondría más atención e invertiría más en el Golán, con muchas carencias en infraestructuras o transporte.

Israel, por su parte, ve esta meseta como un lugar clave para su seguridad, donde tiene una posición privilegiada ante una región hostil. También obtiene de ella importantes recursos de agua dulce, y su tierra es óptima para agricultura, viticultura o ganadería.

Las últimas negociaciones de paz serias que mantuvo con Siria se remontan a los 2000, y tras fracasar, un retorno de la meseta a Damasco no está sobre la mesa, sino todo lo contrario: Israel quiere duplicar su población en el Golán para finales de la década con un plan de construcción masivo, otro paso que le alejaría aún más de Siria.