Bamako (Mali), 19/08/2020.- Un soldado maliense saluda a la muchedumbre en las calles de Bamako tras el golpe de estado en agosto de 2020.
Bamako (Mali), 19/08/2020.- Un soldado maliense saluda a la muchedumbre en las calles de Bamako tras el golpe de estado en agosto de 2020. FOTO: H.DIAKITE EFE

¿Por qué hay españoles arriesgando su vida en Mali? ¿Y qué está pasando allí?

Visitamos en primera persona el punto caliente del Sahel, en busca de respuestas sobre uno de los conflictos más enrevesados y desconocidos del continente africano

Una vez que el diablo iba paseando por un pueblo manchego, se encontró con un burrito atado y decidió soltarlo. El burro escapó inmediatamente de su cerco y entró en la huerta del vecino, solo para comerse sus lechugas. Entonces el vecino propietario de las lechugas, enfurecido por lo ocurrido, mató al burro sin pestañear. Pero el dueño del burro, que era tan impetuoso como su bestia, cogió una escopeta y mató a la esposa del vecino como represalia, porque este se negaba a pagarle el precio del animal. Cuando el vecino vio a su mujer muerta en el suelo, fue a la casa del dueño del burro y lo trincó de un navajazo. Pero fíjate que al enterarse, los hijos del dueño del burro quemaron la casa del vecino como venganza. Luego el vecino se los cepilló a ellos también. Y ya por fin, horrorizados por el drama que había sucedido, los habitantes del pueblo rodearon al diablo después del último asesinato para preguntarle qué había hecho. A lo que él respondió: solo solté al burro.

Ahora voy a revertir la analogía en un orden cronológico, solo para que nadie vaya y se pierda por el camino. Vamos a ver. Los tuaregs llevan dando de pastar a sus camellos en el Sáhara desde antes de que ninguna familia tuviera apellido y ellos tienen su forma de hacer las cosas porque llevan haciéndolas así desde hace milenios, son hombres y mujeres con una cultura peculiar. Entonces ellos pueden coger y llevar a sus camellos a que mordisqueen los cultivos de cierto agricultor mande en el norte de Malí, que se pone hecho una furia y termina desgañitándose, de tanto gritar al vengativo tuareg. Esta fábula del demonio y el borrico, a mayor escala y con muchísimos más detalles, terminó en 2011 con la rebelión del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), un grupo independentista de mayoría tuareg que más tarde llegó a conquistar Tombuctú, la ciudad de los 333 santos. La rebelión provocó una ola de inestabilidad en el país que se saldó, entre otros quebrantos, con el golpe de estado de 2012. Tras el golpe, el gobierno maliense recién autoimpuesto pidió ayuda a Francia y a la Unión Europea para enfrentarse a los tuareg y sus aliados.

¡Oh, París!

Soldado francés de la Operación Barkhane, la operación militar en el extranjero más grande de Francia.
Soldado francés de la Operación Barkhane, la operación militar en el extranjero más grande de Francia. FOTO: Christophe Petit Tesson AP

Entre que todo se derrumbaba en Bamako, algo parecido ocurría en Tombuctú. Los líderes tuareg se vieron de pronto con que habían ganado y discutieron sobre qué debían hacer con el botín, si quedárselo, si instaurar la sharía, si hacer esto o aquello. Discutieron. Incluso llegaron a sonar disparos en las calles de la ciudad sagrada. En estos momentos de confusión salió a la luz un reciente aliado que se había adherido a la causa tuareg (agárrate porque viene otro nombre largo): el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental. Un grupo islamista que ha llegado a secuestrar a dos españoles, entre otras fechorías. Este aliado salió a la luz durante la discusiones tuareg y derrocaron a las tribus del desierto. Tomaron Tombuctú. Convencieron a los indecisos con promesas y discursos, ejecutaron a los rezagados. En definitiva, se hicieron con el liderazgo de la revolución, lo que significó que en Malí, hasta ahora sumida en un conflicto de corte regional, comenzó en un conflicto con influencia a escala global, o incluso peor que eso, todo porque el enemigo de ahora era islamista.

Bamako pidió ayuda a París y París envió sin dilación a la caballería, como ya hizo en Costa de Marfil por aquellos años. Los ejércitos maliense y francés se aliaron en lo que pudo calificarse de una guerra abierta contra el islamismo, con sus bombardeos y sus ofensivas y la estrategia como en las películas. Allí están las batallas de Diabaly y de Konna para mostrarlo. Los primeros triunfos de la nueva coalición hicieron que emergiera un tercer grupo que estaba todavía más en la sombra, algo así como un supervillano supervisando a un supervillano menor, el malo malísimo. Al Qaeda y otros grupos neofundamentalistas retiraron del poder a los islamistas para ser ellos quienes llevaban la batuta, recrudeciendo el conflicto o, al menos, prolongándolo en el tiempo hasta nuestros días.

La Unión Europea intercedió igualmente en labores de asesoría y entrenamiento médico y militar, en una misión que cabalga entre lo humanitario y lo bélico (si tenemos en cuenta el concepto de guerra no violenta ilustrado por Hanna Arendt) y que tiene a casi 550 de nuestros muchachos allí. España conforma la fuerza europea con un mayor número de contingentes por detrás de Francia, y no es para menos: existe el posible escenario de un Afganistán a 1.500 kilómetros de Marbella (la misma distancia entre la localidad malagueña y Niza). Basta que un fundamentalista decida ir hoy a darse un baño en Lanzarote y que coja, cruce una de las millones de fronteras cambiantes e invisibles del desierto, camine hacia la costa mauritana (o puede pillar un bus), subir a la patera, remar a Lanzarote, bajar, tirar la bomba en el chiringuito de la playa.

Conflictos entrecruzados

Alhader Ag Almahmoud, tuareg, al que grupos extremistas islámicos le han cortado la mano en aplicacióbn de la ley islámica Shariah
Alhader Ag Almahmoud, tuareg, al que grupos extremistas islámicos le han cortado la mano en aplicacióbn de la ley islámica Shariah

Este temor persiste todavía hoy. El país está lejos de estabilizarse. Un nuevo golpe de Estado sucedido en mayo de 2021 es el perfecto ejemplo de ello. Nadie confía en el nuevo gobierno autoimpuesto. Los rumores acerca de la infiltración de células yihadistas en Bamako son la comidilla diaria de la calle. La ONU también está involucrada a través de la misión llamada MINUSMA (considerada como la misión más peligrosa de todas las misiones de Naciones Unidas en la actualidad). Y lo digo todo cuando digo que ya se ha acordado en el Parlamento Europeo una prolongación de la misión hasta 2024, con vista a prolongarla diez años más, por lo menos.

Y bien, pero que esto es muy complejo. Tanto que ya no me queda espacio en el artículo y todavía me queda hablar de tres grupos combatientes. Uno de estos grupos son los restos de las guerras de Gadafi. Los bastardos de las guerras de Gadafi. Los bastardos de Gadafi. Es porque en 2011 el dictador libio fue asesinado tras una cruenta guerra civil y los restos de sus ejércitos se diseminaron por el desierto misterioso, como los ejércitos derrotados de las leyendas, solo que aquí son reales, mortíferos, y algunas de esas tropas aterrizaron en el cacao de Malí y quisieron su porción de la tarta. Ahora se dedican al bandidaje (captura de aldeas, asalto de caminos, secuestros, extorsiones), aumentando aun más la inestabilidad en la zona.

Pero recordemos un momento que este asunto había empezado por la tierra, por algo tan natural como esto, la tierra que se discutían los tuareg con otras etnias malienses, ¿lo recuerdan? Y bien, es natural suponer que si ya se pelearon cuando tenían aquella tierra a su disposición, imagínese como estará ahora el ganadero mande porque los neofundamentalistas y los franceses y su gobierno y el puñetero señor del Monopoly ocupan su tierra. Este sencillo ganadero se piensa que las fuerzas extranjeras vienen para robarle el preciado oro de las minas malienses. Pero se equivoca, y mucho, porque todo el oro de Kidal no cubre los gastos de una guerra moderna. En lo que sí acierta, es que el malo malísimo en esta cuestión es Al Qaeda, y como el ganadero también es un maldito héroe, pues coge su machete, luego reúne los mosquetones de sus bisabuelos y congrega al pueblo, arengándolo con todas sus ganas a ir a cazar fundamentalistas o bandidos.

El armamento de los enemigos es muy superior al de ellos y se tienen noticias de matanzas espantosas cuando los ganaderos o los agricultores se enfrentan a los grupos extremistas. Otras veces son los propios ganaderos quienes se enfrentan a los agricultores por lo poco que queda disponible de tierra.

El Oso comienza a despertar

Mercenarios del grupo Wagner en Ucrania en 2014
Mercenarios del grupo Wagner en Ucrania en 2014 FOTO: Reuters Reuters

Y ya casi estaría. Solo nos falta el último agente. Pero casi ni me atrevo a decirlo. Me inclino hacia delante como susurrándoselo al teclado. Dicen que es un fantasma, el ya-tú-sabes de Malí. Mis fuentes me confirmaron su presencia hace un mes pero no ha sido hasta esta semana que el gobierno francés ha anunciado que ya está sobre el terreno. Es un fantasma. Resulta que los yihadistas no son demasiados pero sí que son suficientes para enfrentarse a las tropas francesas y armar un desmadre a cien kilómetros de la capital, entonces el gobierno maliense se queja y se queja ante los sufridos franceses. ¿Para cuándo la victoria que me prometiste, Macron, para cuándo? Mira mi país. Desde que los tuyos entraron, esto es un desastre. Casi me siento tentado de convocar al fantasma.

¿Al fantasma? El fantasma no. El gigante dormido, al Oso. Ahora, cuando su nombre sale de los labios del presidente Assimi Goita, en París suceden verdaderas revoluciones en los despachos, hay despidos, de todo. Los diplomáticos de ambos países están desgastados tras años de conflicto y los pulsos se vuelven cada vez más arriesgados. Y el fantasma, el Oso, Rusia aproxima las fauces al oído izquierdo del presidente Goita. Después de que Putin vendiera helicópteros Mi-171 y armamento variado al ejército de Malí, recientemente se ha confirmado que grupo Wagner (superteam mercenario vinculado con el tito Putin) ha entrado en escena de forma oficial. Aunque es un fantasma y los fantasmas no se ven mientras la plebe susurra acerca de ellos.

Españoles al rescate

Un militar español durante un entrenamiento en Mali
Un militar español durante un entrenamiento en Mali FOTO: La Razón EMAD

Así anda Malí a día de hoy, mientras los expertos prevén que será igual durante muchos años. Pero eso solo será si triunfa el bien por encima de los extremistas, si no se cumple el desalentador escenario que otros expertos temen o derivaciones tan variadas como un triunfo ruso, un triunfo ganadero o incluso un triunfo inalcanzable. ¡Por dios que son diez agentes (gobierno central, franceses, europeos, naciones unidas, tuaregs, ganaderos, agricultores, neofundamentalistas, islamistas, bastardos de Gadafi) y un undécimo comensal que nadie ve pero que todos conocen: el Oso, el gigante dormido que mueve sus ejércitos en Ucrania con una zarpa, al abismo de la guerra a las mismísimas puertas de Europa, y con la otra zarpa mantiene la intención de asegurarse un territorio en África, por qué no, también próximo al sur de Europa!

¿Y qué papel tiene España en este entresijo pintoresco? ¿Qué podemos hacer cuando Francia y Rusia intervienen con todo el peso de su arsenal? Nosotros no participamos en ese juego de violencia entre celtas y eslavos y árabes, nosotros ya jugamos a ese juego y nos lo pasamos con un sobresaliente. Veteranos de la guerra, con un extensísimo conocimiento militar que parte de los tiempos de Viriato hasta Vicente Rojo, en Malí ponemos un granito de arena, bueno, seiscientos valientes colocan una roca que resista a los golpes de la posteridad. Solo hacen eso. Únicamente se protegen en caso de agresión, adiestran a los buenos, manejan información, actúan conforme a la legalidad internacional y, toma carajo, incluso hacen pozos y escuelas para las víctimas. Al final, algo bueno tenía que encontrar en el desastre Malí… y fíjate lo que te digo porque lo mejor era España.