Biden y Putin mantienen sus profundas diferencias sobre la seguridad en Europa

El presidente ruso insiste en pedir garantías de que la OTAN no se ampliará al Este, mientras Biden amenaza con duras sanciones si viola la integridad territorial de Ucrania

El presidente norteamericano, Joe Biden, durante su conversación telefónica con su homólogo ruso, Vladimir Putin
El presidente norteamericano, Joe Biden, durante su conversación telefónica con su homólogo ruso, Vladimir Putin FOTO: Adam Schultz / The White House / EFE

Joe Biden y Vladimir Putin no han podido esperaran a que acabe el año ni a volver de vacaciones navideñas para organizar una reunión de urgencia, la segunda entre ambos mandatarios en el mes de diciembre. Una vez más, el tema más importante sobre la mesa: Ucrania. El presidente estadounidense volvió a recordar a Putin que Estados Unidos tiene todo preparado para responder si Rusia avanza con «una nueva invasión de Ucrania».

La intervención rusa fue denunciada por el Gobierno ucraniano tras el informe de los servicios de inteligencia americanos publicado hace varias semanas, en el que se aseguraba que Rusia parecía tener todo preparado en la frontera con su país vecino para atacar y poner en marcha sus militares movilizados en la zona. Biden propuso a su homólogo ruso un «canal diplomático» para resolver el conflicto de Urcania.

Los equipos de los dos presidentes confirmaron que se habían felicitado el Año Nuevo antes de su última conversación telefónica de 2021. El presidente ruso, por su parte, dijo estar «convencido» de que un diálogo «efectivo» y «basado en el respeto mutuo» era posible. Putin puso como ejemplo su cara a cara en Ginebra. «Solo el camino de las negociaciones puede resolver la abundancia de problemas inmediatos entre nosotros», declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, antes de la llamada telefónica programada para las 9:30 hora española y que se prolongó durante 50 minutos.

El mandatario ruso insiste en pedir garantías de que la OTAN no se ampliará al Este, mientras Biden vuelve a amenazar con duras sanciones si viola la integridad territorial de Ucrania.

“El presidente Biden urgió a Rusia a reducir las tensiones en Ucrania. Dejó claro que EE UU y sus aliados responderán decisivamente si Rusia invade más Ucrania”, señaló el comunicado firmado por la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki.

Biden respaldó a su vez los esfuerzos diplomáticos, “comenzando a principios del próximo año con el Diálogo de Estabilidad Estratégica Bilateral, en la OTAN a través del Consejo OTAN-Rusia, y en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa”, sostuvo la portavoz. “El presidente Biden reiteró que los avances sustanciales en estos diálogos solo pueden ocurrir en un entorno de desescalada y no de escalada”, agregó.

La versión del Kremlin

La versión de la llamada ofrecida por el Kremlin mostró las crudas diferencias de enfoques. Según las informaciones procedentes de Moscú, Putin advirtió a Biden de que una nueva ronda de sanciones contra Rusia por las tensiones con Ucrania podría llevar a la “total” ruptura de relaciones.

“Todo esto puede llevar a la total ruptura de relaciones entre nuestros países. Asestaría un grave daño a las relaciones entre Rusia y Occidente”, aseguró a la prensa Yuri Ushakov, asesor del Kremlin.

Así reaccionó “con inmediatez” Putin cuando Biden le recordó, según el Kremlin, que en caso de que continúe la escalada en la frontera con Ucrania los países occidentales “adoptarán sanciones a gran escala por vía económica, financiera y militar”.

“Errores como ese se han cometido no pocos en los últimos 30 años. Por eso, sería deseable no cometer tales errores dada la situación”, señaló, para añadir que lo pagarían futuras generaciones de rusos y estadounidenses.

Horas antes del encuentro, la Casa Blanca aseguraba que el presidente estadounidense había coordinado la llamada con sus socios europeos, asegurándose de emprender una actuación conjunta encaminada a ofrecer una respuesta común a la crisis.

Estados Unidos busca la «via diplomática» con Rusia para acercar posturas tras la creciente tensión por Ucrania, pero amenaza al mismo tiempo al presidente ruso con imponer sanciones «como nunca antes haya visto» si invade a su vecino. Biden ha manifestado estar «gravemente» preocupado por la acumulación de 100.000 soldados rusos en la frontera ucraniana, tal y como dio a conocer un alto funcionario del Gobierno estadounidense a la Prensa.

La llamada telefónica de este jueves entre Biden y Putin se convertía en la segunda mantenida por ambos líderes mundiales en apenas tres semanas, después de que el pasado 7 de diciembre ambos presidentes celebrasen una cumbre virtual de más de dos horas de duración para rebajar la tensión en Ucrania. El Kremlin ha negado repetidas veces su intención de invadir el país vecino, pero la alerta emitida por funcionarios ucranianos sobre los más de 100.000 soldados rusos desplegados desde hace semanas en la frontera oriental hacen pensar todo lo contrario. Rusia sigue negando las acusaciones sobre sus supuestos planes de invadir su país vecino y el Gobierno ruso justifica que la presencia de sus tropas para realizar ejercicios militares rutinarios y reclama tener derecho a mover libremente sus filas por su propio territorio. El Kremlin exige a la OTAN, además, que se mantenga alejada de Europa del Este y le retire su apoyo a Ucrania, forzándole a descargar formalmente cualquier futura adhesión.

Un día antes de la llamada, el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, conversó con el presidente ucraniano, Vlodomir Zelenski. El estadounidense le reiteró «el apoyo inquebrantable de Estados Unidos a la independencia, soberanía e integridad territorial de Ucrania frente al desarrollo militar de Rusia en las fronteras» de su país vecino, según confirmó Ned Price, el portavoz del Departamento de Estado. Hace varias semanas, Moscú presentó una serie de demandas entregadas en mano a la subsecretaria de Estados de EE UU, Karen Donfied, para desactivar la crisis con Ucrania.

El deseo de Rusia es eliminar todas las opciones de Ucrania de formar parte de la OTAN en un futuro, al mismo tiempo que solicita a sus rivales la retirada de armas nucleares estadounidenses de Europa y la de batallones multinacionales de la Alianza Atlántica en Polonia, las Repúblicas bálticas (Estonia, Letoni y Lituania).

Si bien Ucrania no es miembro de la OTAN, sí tiene estrechos vínculos con la Alianza. Rusia exige garantías legalmente vinculantes de que la OTAN no se ampliará hacia el Este, ni hará llegar armamento a Ucrania o ningún otro país vecino. Pero el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, insistía en que la posible adhesión de Ucrania es un asunto de la Alianza Atlántica y de Kiev. «Cualquier diálogo con Rusia, por supuesto, debe respetar los principios fundamentales en los que se ha basado la seguridad europea», señaló Stoltenberg.

Descrita por el presidente de Lituania, Gitanas Nauseda, como «la situación más peligrosa en 30 años», los países implicados preparan nuevas acciones para tratar de aliviar la creciente tensión de la zona. Funcionarios rusos tienen previsto reunirse con sus homólogos estadounidenses en Ginebra el próximo 10 de enero, encuentro al que todavía se desconoce si asistirán los presidentes de Estados Unidos y Rusia.

El dosier iraní

La reunión virtual del jueves entre Biden y Putin es el tercer encuentro entre ambos mandatarios desde que el presidente de Estados Unidos tomó posesión de su cargo hace casi un año. Durante la conversación también salió la cuestión iraní. Las negociaciones multilaterales para salvar el acuerdo nuclear con Irán, que deberían limitar las actividades atómicas de la República Islámica, cerraron justamente ayer sin acuerdo inmediato a la vista, pero con el compromiso de reanudarse el próximo día 3 en Viena. Rusia presiona a favor del acuerdo y el negociador ruso, Mijail Ulianov, incluso se atreve a poner fecha. «Puede alcanzarse [un pacto] en la primera quincena de febrero si no interfieren factores inesperados y lo estropean todo». Estados Unidos no participa directamente en las conversaciones, pero sí lo hacen las potencias europeas que muestran menos entusiasmo que sus pares rusos. El avance de Irán en su programa atómico dispara la desconfianza.