Reforzar fronteras de la UE y subida del salario mínimo, las medidas de Macron para la presidencia europea

El presidente galo quiere poner reglas a los gigantes de internet durante la presidencia temporal europea

El presidente de Francia Emmanuel Macron
El presidente de Francia Emmanuel Macron FOTO: CHRISTIAN HARTMANN REUTERS

Este 1 de enero de 2022, los monumentos más emblemáticos de París se mostraron iluminados de azul: la plaza de la Bastilla, el Arco del Triunfo, el Louvre y por supuesto, la Torre Eiffel, se vistieron del color europeo, con estrellas amarillas incluidas. Una celebración visual de la presidencia de la Unión Europea que Francia asume desde enero hasta junio.

Pero quien seguramente está celebrando en grande – aunque discretamente- es el mismísimo presidente Emmanuel Macron. No es difícil hacer el cálculo político evidente: Francia se sienta en la silla presidencial del bloque europeo y Macron recibe un espaldarazo de poder y de apoyo internacional de cara a las elecciones del mes de abril, en las que busca un segundo mandato.

Un golpe de suerte matemático que equivale, en este caso, a ganarse la lotería política. Que Francia asuma la presidencia de la UE es un evento que ocurre cada 13 años y justamente, los seis meses de jefatura que le corresponden, coinciden con la campaña y la elección presidencial.

¿Qué es lo que la presidencia del bloque puede realmente aportar a la reelección de Macron? La figura de poder ante Europa. Sentarse a la cabeza de la mesa y tener la mayor influencia posible en los destinos europeos, apoyado por Alemania y las instituciones comunitarias. Como bien ha dicho el ex diplomático francés ante la UE Pierre Sellal: “Nada le gusta más a los franceses que la imagen o la impresión de que Francia está al mando”.

Sin embargo, la imagen de poder por sí sola no es suficiente. Macron debe mostrar algunos resultados de su gestión europea y para ello, el Palacio del Elíseo ha diseñado todo un plan que cubre desde la migración hasta los impuestos y regulaciones de los grandes gigantes de internet.

El Plan Azul

No es un secreto para nadie que el primer dolor de cabeza de la Unión Europea es la migración. Y ese precisamente es el primer punto de la agenda que Macron estrena este 1 de enero: Francia propondrá iniciar una reforma del espacio Schengen, para reforzar las fronteras exteriores. Esto, a través de la creación de una dirección política del control fronterizo y un mecanismo de apoyo de emergencia en caso de crisis. Esto, evocando las crisis recientes en la frontera entre Polonia y Bielorrusa, así como las frecuentes tragedias del Canal de la Mancha, donde decenas de migrantes cruzan de Francia a Reino Unido todos los días.

El plan de Macron habla también de una “Europa de la defensa” que hace un guiño a aquellos de sus connacionales que no ven con buenos ojos el flujo de migrantes africanos que entran a territorio francés a diario. Los que coquetean con las ideas anti-migración de Marine Le Pen –candidata de ultraderecha y mayor rival de Macron- aunque prefieran no admitirlo a viva voz.

El gobierno francés le apuesta igualmente a la inversión en África, en un intento de ofrecer prosperidad a los países africanos y frenar los deseos de venir a Europa.

De hecho, para mediados de febrero, está prevista una cumbre que reunirá a los líderes de los países de la Unión Europea y la Unión Africana, donde se discutirán las opciones de intercambios universitarios, científicos y artísticos. “Al dar un futuro a la juventud africana, pondremos fin a las tragedias humanas en el Mediterráneo”, promete Macron.

Luego está el tema de la Europa verde, ecológica. Francia ha impulsado que Europa sea el primer continente en comprometerse a cumplir con la neutralidad de carbono en el 2050. Y ya los documentos para ese objetivo están redactados: el pasado 14 de julio, la Comisión Europea presentó un conjunto de textos legislativos que tratan de dar forma al desafío que supone para la UE lograr una mejor conservación del planeta, sin perder su competitividad en el mercado mundial.

Poner reglas a los gigantes de Internet

Francia no juega con los límites que quiere imponer a empresas como Google, Facebook, Amazon, Apple y otros monstruos de la tecnología digital. Y el bloque de los 27 ha seguido su ejemplo: el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (RGPD) es fruto de una iniciativa francesa. Todavía está fresca en la memoria de Google, por ejemplo, la multa de 150 millones de euros que recibió en enero de 2019 de la Comisión Nacional de la Informática y las Libertades de Francia (CNIL), acusándole de falta de transparencia, información insatisfactoria proporcionada y falta de consentimiento válido para la personalización de publicidad.

Antes ya lo había hecho con Uber por 40 millones de euros, por considerar que la aplicación no protegía la información de un millón y medio de usuarios franceses. Estas normas europeas y los precedentes que han sentado, se están convirtiendo en estándar mundial.

Pero no es sólo la protección de datos, también está la fiscalidad. Durante su presidencia, Francia buscará apoyarse en el Parlamento Europeo para establecer nuevas leyes que sirvan de “líneas rojas fiscales” para los gigantes digitales y evitar así que se conviertan en monopolios sin reglas.

A nivel laboral y social, Macron viene también con una propuesta importante: establecer un salario mínimo común para toda la Unión Europea. “No se trata de definir el salario mínimo como un promedio sino aumentar todos los salarios bajos y lograr un monto decente”, reza el proyecto.

Según cifras de Eurostat, hay diferencias importantes entre países del bloque. Luxemburgo, por ejemplo, encabeza la lista de los mejores sueldos mínimos con un monto de 2.201 euros mensuales, seguido de Irlanda, Países Bajos, Bélgica, Alemania y Francia que superan todos los 1.500 euros. España ocupa el séptimo lugar de la lista con 1.125,83 euros en 12 pagas (equivalente a 965 euros en 14 pagas), mientras otros están mucho más abajo, como Bulgaria, con 332 euros al mes.

Lograr un salario mínimo común europeo será, sin duda, un enorme reto para Francia.

Macron se prepara para un año exigente: diplomáticamente europeo hacia afuera y electoralmente convincente hacia adentro. Parece tener todas las cartas a su favor pero ahora le toca jugarlas con astucia.