África

La ofensiva del Ejército de Senegal contra los rebeldes avanza hacia el sur

Desde el inicio de la operación militar se han tomado numerosas bases del MFDC, mientras Gambia se prepara para una nueva crisis de refugiados

Macky Sall, presidente de la República de Senegal, y su mujer, Marieme Sall.
Macky Sall, presidente de la República de Senegal, y su mujer, Marieme Sall.

La ofensiva iniciada por el Ejército senegalés el pasado 13 de marzo, con el objetivo de tomar las bases rebeldes del MFDC asentadas en el distrito de Sindian, en la región de Casamance (sur de Senegal), parece avanzar según lo previsto por el Gobierno de Macky Sall. Iniciada como respuesta al secuestro de siete soldados senegaleses destinados en Gambia por una misión de la CEDEAO a manos del brazo armado del movimiento independentista del MFDC, se trata de una de las operaciones militares de mayor envergadura en la historia de Senegal. Cuenta con la participación de paracaidistas y fuerzas de élite, así como vehículos blindados y artillería pesada que bombardea desde hace una semana y casi sin descanso los enclaves principales de los grupos rebeldes.

Recordemos que el MFDC y su brazo armado, de nombre Attika, surgieron en 1984 como respuesta a las diferencias culturales y religiosas entre los senegaleses asentados al norte de Gambia y los senegaleses residentes al sur de Gambia y muy próximos a Guinea Bissau. Desde el inicio del conflicto, que se ha sucedido a lo largo de las décadas con largos periodos de guerra dormida o estallidos bruscos de violencia, más de 50.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares para buscar asilo en las vecinas Gambia y Guinea Bissau. Según afirma la Agencia Nacional para la Gestión de Crisis de Gambia, esta nueva ofensiva ya ha provocado la huida de 6.350 personas, la mayoría mujeres y niños, y se prevén varios miles de desplazados más en los próximos días.

Fuentes oficiales confirmaron que en las primeras 48 horas desde el comienzo de la ofensiva, el Ejército senegalés había capturado bases próximas a las localidades sureñas de Diounor, Djilanfar, Tampindour, Karounor y Kapa, en una serie de combates que testigos locales aseguraron que se escuchaban a 50 kilómetros de distancia, debido a la intensidad de la potencia de fuego. Fuentes oficiales aseguran tener controlada la práctica totalidad de Sindian. Sin embargo, la falta de cooperación existente entre Gambia y Senegal en materias de extradición facilita la huida de componentes rebeldes al otro lado de la frontera, donde pueden encontrar refugio temporal a la espera de que los combates disminuyan. Este dato dificulta los intereses de Dakar, que pretende cumplir tres objetivos fundamentales con esta ofensiva.

Madera para financiar una guerrilla

La operación senegalesa en Casamance va más allá de la estabilización del distrito de Sindian y del desarme del brazo armado del MFDC. Aunque el detonante parece encontrarse en el rapto de lo siete soldados senegaleses (que ya fueron liberados el 14 de marzo) y el asesinato de otros cuatro a manos de los rebeldes, Macky Sall asegura que su nueva operación pretende desbaratar los negocios ilegales relacionados con la madera y el cannabis, que han ido financiando a lo largo de las últimas décadas al movimiento independentista de Casamance. En los últimos años se han dado asesinatos de civiles que cortaban madera sin el permiso expreso del MFDC, mientras políticos senegaleses han denunciado en repetidas ocasiones el contrabando de madera senegalesa a Gambia, desde cuyos puertos es embarcada en navíos con destino a China.

La venta de teca y palo rosa, así y como el comercio de cannabis a un nivel regional y el tráfico de cocaína procedente de Sudamérica con destino a las costas europeas, han sido los medios de financiación del grupo rebelde tras perder el apoyo histórico de Libia e Irak a principios de siglo. A sabiendas de que no será posible rematar al movimiento independentista mientras siga abierta su puerta a la financiación, Macky Sall pretende también golpear el comercio de la madera y del cannabis en la medida de lo posible. Una acción harto complicada, desde que no solo los miembros de la guerrilla están implicados en el negocio ilegal de la madera, que también atañe a individuos civiles que poco tienen que ver con el MFDC y que podrían dificultar al Ejército senegalés el cumplimiento de su misión sin ocasionar incidentes entre los habitantes pacíficos de la región.

Asimismo, con la pacificación de Sindian se pretende tomar prisionero (en las calles y cafés de Dakar se discute acaloradamente sobre si vivo o muerto) al jefe histórico del brazo armado del MFDC, Salif Sadio, señalado como libertador por unos y como señor de la guerra por otros, Salif Sadio, que después de firmar acuerdos de paz con Dakar en 2012 y de pedir un alto el fuego en 2014 parece haber despertado de un prolongado letargo, para reactivar un conflicto que amenaza con desangrar aún más la que antaño fuera una de las regiones turísticas mejor valoradas de Senegal. Por cada repunte en el conflicto, fuentes locales afirman un incremento del caos, la anarquía y el bandolerismo motivados por el clima de violencia y de incertidumbre hacia el futuro. Razón por la que no son pocos en Dakar quienes prefieren apostar por una batería de negociaciones que facilite las relaciones entre la capital y Casamance, a costa de que los rebeldes crucen nuevamente la frontera con Gambia para rearmarse y reocupar posiciones tomadas previamente por las Fuerzas Armadas senegalesas.