¿Por qué Rusia es la única gran potencia naval que no tiene un portaaviones en activo?

El Almirante Kuznetsov lleva años siendo reparado pocos confían en que vuelva a navegar y el Ulyanovsk, un proyecto de propulsión nuclear, fue desguazada cuando estaba casi construido

Pese al inmenso poder militar de Rusia y a la magnitud de su Armada, sus fuerzas armadas son de las pocas de las grandes potencias que carecen de un portaaviones. ¿Por qué pasa esto? Lo cierto es que el país dispone de un portaaviones, el Almirante Kuznetsov, anteriormente llamado Riga, Leonid Brézhnev y Tbilisi, que se supone que el buque insignia de su flota. En servicio desde finales del pasado siglo y aunque se supone que estará en activo hasta no más allá de 2030, lo cierto es que nunca ha dejado de dar problemas y, de hecho, fue retirado del servicio en 2018 para someterse a reparaciones rutinarias, aunque nunca más ha vuelto a navegar.

El portaaviones ruso Almirante Kuznetsov
El portaaviones ruso Almirante Kuznetsov La Razón

El 12 de diciembre de 2019 se declaró un incendio dentro del buque, en el que murió una persona y se produjeron varios heridos. Aunque el fuego pudo ser controlado tras ocho horas, lo cierto es que en la actualidad son pocos los que creen que volverá a estar operativo de nuevo.

Paralelamente, existía otro proyecto, el Ulyanovsk, que estaba previsto fuera el primero de una clase de superportaaviones de propulsión nuclear soviéticos, que por primera vez habría ofrecido capacidad de agua azul para la Armada Soviética. Estaba basado en el proyecto 1153 OREL de 1975 (que nunca fue más allá de los planos) y el nombre de encargo inicial fue Kremlin, pero más tarde recibió el nombre Ulyanovsk, nombre original de Vladimir Lenin.

De haber salido adelante, habría sido un gigante de 325 metros de eslora, una manga de 76, un calado de 10.7 y 85 000 toneladas de desplazamiento, más que los antiguos portaaviones Forrestal pero más pequeños que los de la clase Nimitz de la Marina estadounidense.

Los Ulyanovsk habrían sido capaz de llevar toda la gama de aviones de transporte y de ala fija, a diferencia del alcance limitado del Almirante Kuznetsov que lanza sus aviones, por medio de una rampa ski-jump de 14.3º. Habría tenido suficiente espacio para transportar un grupo aéreo de hasta 70 aviones de ala fija y rotatoria.

Las autoridades militares rusas tenían planeado que embarcase una dotación de 3.400 marineros, aproximadamente la mitad de la tripulación a bordo de un portaaviones de la clase Nimitz estadounidense. En cuanto a las aeronaves, habría podido llevar a bordo al menos 44 cazas, una combinación de aviones de ataque Su-33 y MiG-29. Las dos catapultas de vapor del Ulyanovsk , el salto de esquí y cuatro juegos de cables de detención habrían creado una avanzada cubierta de vuelo, según informa Galaxia Militar. Se planificó que estuviera equipado con cuatro reactores nucleares KN-3 con una capacidad térmica de 300 megavatios cada uno. Además, alcanzaría velocidades de hasta 30 nudos.

La configuración habría sido muy similar a los portaaviones de la Marina de Estados Unidos aunque con la típica práctica rusa de agregar misiles antibuque (ASM) y lanzadores de misiles tierra-aire (SAM). Su casco fue puesto en grada en noviembre de 1988 en los astilleros Nikolaiev, justo cuando la antigua URSS comenzaba su declive, solo un año antes de la caída del muro de Berlín y tres de la desintegración de la Unión Soviética. Al final, ante la falta de recursos económicos, el proyecto fue cancelado cuando estaba completo al 40% en 1991. El desguace comenzó el 4 de febrero de 1992.

Según algunos medios, Ucrania, país en el que se estaba construyendo el portaaviones, fue víctima de algo parecido a una estafa. Al parecer, el Gobierno de este país, en una situación delicada tras la caída de la Unión Soviética, recibió una oferta de una empresa noruega para construir una serie de buques en sus astilleros. El problema era que el único muelle en el que era posible ensamblar los nuevos barcos a construir estaba ocupado por el inacabado Ulyanovsk.

La parte ucraniana aún dudaba si valía la pena ensamblar un barco a medio construir, pero luego recibieron otra propuesta de una compañía siderúrgica de Estados Unidos, que expresó su voluntad de comprar el portaaviones sin terminar por un elevado precio, lo cual terminó de decidir a los ucranianos para convertir el Ulyanovsk en chatarra y venderlo.

Sin embargo, una vez desguazado el barco, la empresa de Estados Unidos se echó atrás y apareció otra que se ofreció a comprarlo, pero a mucho menor precio. Dada la situación, a los ucranianos no les quedaba otra que vender el portaaviones achatarrado casi de saldo. Por si fuera poco, la empresa noruega que iba a encargar los buques al astillero también retiró su oferta.

Años después, se informó que las empresas mencionadas nunca tuvieron intención de hacer tratos y que simplemente se trató de un engaño para desguazar un portaaviones ruso a medio construir que, quién sabe, podría haberse convertido en realidad más adelante.