¿Por qué la Policía tardó 40 minutos en actuar en la masacre de Texas?

Un padre que tenía a su hija dentro propuso a los vecinos de Uvalde entrar en la escuela de Primaria ante la pasividad de los agentes de seguridad

Agentes de la Patrulla de Texas, cerca de la escuela de primeria Robb en Uvalde, en Texas
Agentes de la Patrulla de Texas, cerca de la escuela de primeria Robb en Uvalde, en Texas FOTO: TANNEN MAURY EFE

Coincidiendo con el día en que supuestamente terminaba el curso escolar, este jueves se pudo confirmar información clave de la investigación sobre la matanza escolar de Uvalde que ha dejado a la pequeña comunidad de Texas todavía con más preguntas que respuestas.

Se ha sabido que, por ejemplo, la autoridades policiales tardaron cerca de una hora, tal vez más, en acceder al interior del centro educativo. Desde fuera, un grupo de padres les suplicaban que entraran cuanto antes o, en su defecto, que les dejaran entrar a ellos. Se habían presentado en el colegio tan pronto como recibieron la alerta de “tirador activo” en sus dispositivos móviles.

Pero sus súplicas fueron en vano. Esos mismos familiares que esperaban noticias de sus niños escolarizados en el centro educativo y que estaban en ese momento dentro de sus aulas, pudieron escuchar con angustia los múltiples disparos que procedían del interior de la escuela.

“¡Por favor, haced más!, gritaban frustrados. “¡Entrad!”, les suplicaban con dolor. Videos publicados durante las últimas horas muestran con imagen y sonido la angustia, impotencia y frustración de decenas de familiares directos de los menores de edad que presenciaron el peligro desde la escena activa.

Matanzas en colegios estadounidenses
Matanzas en colegios estadounidenses FOTO: Teresa Gallardo

“Vamos”, rogaban entre lágrimas de desesperación. “¡Entremos!”, se gritaban entre ellos, ante la aparente pasividad de las autoridades. Algunos padres intentaron actuar por cuenta propia. Muchos de ellos lo intentaron a la fuerza, incluso rompieron ventanas y buscaron un lugar de escape seguro para rescatar a los pequeños.

El asaltante atrincheró a las 21 víctimas mortales y al resto de los niños heridos en el interior de la misma aula. ¿Por qué pudo Salvador Ramos entrar con tanta facilidad, si había un oficial armado en la entrada? Además, la puerta trasera del colegio estaba desbloqueada. ¿Por qué tardaron tanto en acceder? Son algunas de las grandes incógnitas que hoy todos tratan de esclarecer.

A pesar de las diferentes agencias de la ley implicadas en el operativo, como oficiales de seguridad escolar, autoridades locales y estatales, y también cuerpos técnicos especiales que actúan en este tipo de emergencias, “no hay respuestas claras todavía” a muchas preguntas, coinciden en apuntar con claridad los que tratan de buscarlas sobre el terreno, como reporteros que cubren la zona de la tragedia estos días.

“Los cuerpos de seguridad tienen que adentrarse en el peligro, hacerle frente”, señala un ex comisario de la Policía de Baltimore. “40 minutos es demasiado tiempo para esperar. No parece que estuvieran preparados”, añade.

Otros ex miembros de cuerpos policiales creen que toda precaución es poca y, ante la creciente ola de tiroteos masivos y violencia armada en el país, consideran que deberían aumentar las medidas de seguridad en las escuelas. Reforzar las instalaciones de los centros educativos, bloquear automáticamente los accesos a las aulas o preparar vías de escape seguras, son algunas de las ideas planteadas.

También sorprende a los expertos en seguridad y crisis complejas, como secuestros con rehenes, amenazas con armas o atentados terroristas. Nadie entiende ahora cómo pudieron pasar hasta 60 minutos, incluso más, para que las autoridades entraran a la escuela, con un “tirador activo” todavía en su interior, si ya estaban presentes en la escena y contaban supuestamente con la experiencia y el equipo adecuado para actuar.

Dudas que acechan a Andrew McCabe, ex director adjunto FBI. Desde sus años de experiencia y dedicación a los servicios de inteligencia, “una de las primeras responsabilidades es compartir la información, una vez suceden los hechos”. Pero esta ausencia de respuestas, días después de la tragedia, “no ayuda a la investigación y es lo peor que se puede hacer”, considera.

Reconociendo que “no sabemos mucho porque no nos han dado muchos detalles de lo que sucedido”, el ex director del FBI es consciente de que el departamento de la Policía de Uvalde debe ser pequeño y no cuenta tal vez con la experiencia adecuada en este tipo de acontecimientos, “pero tiene la responsabilidad de facilitar toda la información y ser lo más transparente posible” para esclarecer y verificar lo sucedido en la matanza.

Otra de las sorprendentes propuestas que, entre la mentalidad de la población, está generado cada vez más adeptos, especialmente a través de las redes sociales, es la opción de contratar a veteranos de guerra en los colegios como si de una zona de guerra se tratara.

“La manera perfecta de evitar matanzas escolares: poner 3 o 4 veteranos armados en cada colegio. Hay miles de ex soldados desempleados a quienes les encantaría”, se ha publicado junto a una fotografía de militares estadounidenses fuertemente armados que recorre como la pólvora estos días Facebook, Instagram y Twitter.

Infinidad de reacciones positivas a esta medida han inundado las conversaciones entre desconocidos en la red tras la tragedia de Uvalde. Estados Unidos es el país con más veteranos de guerra del mundo que, una vez regresan tras completar su servicio militar en guerras y zonas de conflicto, no cuentan con otra posición laboral por ocupar a su vuelta. Ni una pensión decente que cubra sus gastos mínimos. A menudo con secuelas físicas y psicológicas, se ven obligados, en el mejor de los casos, a contar con el apoyo de su núcleo familiar o a aprender un nuevo oficio y empezar de cero.

El trauma al que se enfrenten los supervivientes es otra de las graves consecuencias de la masacre. Miah (11 años) es una de las sobrevivientes del ataque que salvó milagrosamente su vida. La pequeña presenció cómo el asaltante mataba a su profesora, Eva Mireles, mientas sostenía un teléfono para llamar al 911. Fue la propia Miah la que llamó, antes de hacerse la muerta.

“Tuvo que acostarse encima de una compañera de clase que había recibido un disparo”, explicó Miguel Cerrillo, “y permaneció allí incluso cuando la otra niña, una amiga suya, finamente dejó de respirar”, añadió su padre. Cuando, minutos después, la vio salir en brazos de un policía, “cubierta de sangre”, el padre de Miah confiesa: “Entré en pánico”.

Con el costado izquierdo de su cuerpo desgarrado por fragmentos de bala, la menor tuvo que ser ingresada en el hospital, pero fue dada de alta horas después. A salvo ya en casa, “pasó la noche aterrorizada”, cuenta su padre, instándolo a buscar su arma porque creía que el asaltante “va a venir a buscarnos”.