África

Un grupo armado ataca de madrugada la residencia del presidente de Malí

En un clima de caos e incertidumbre, las Fuerzas Armadas malienses han atribuido el ataque a la Katiba Macina, un grupo terrorista dependiente de Al Qaeda.

Fuerzas francesas patrullan Tombuctú en 2021.
Fuerzas francesas patrullan Tombuctú en 2021. FOTO: MOULAYE SAYAH AP

Cinco de la mañana del viernes, 22 de julio. Los residentes de Kati, una localidad ubicada a 15 kilómetros de la capital de Malí, se despiertan con el sobresalto de las explosiones que hacen que el mismo suelo castañee los dientes de arena. Cuando salen con precipitación de sus casas en busca de lo sucedido, observan una columna de humo gris que sobrevuela la base militar donde reside el presidente interino del país, el coronel Assimi Goita. Se les hiela la sangre. Los vecinos murmuran en corrillos. ¿Es otro golpe de Estado? En los últimos nueve años, ya son cuatro golpes de Estado que ha sufrido uno de los países más inestables de África Occidental; el último de ellos fue quien puso en el poder a Assimi Goita. Y las noticias que salen de los ministerios son confusas. Se habla de un golpe. Se habla de un atentado terrorista. Numerosas figuras públicas de Malí solicitan al Gobierno que instaure el estado de emergencia, en previsión a que el ataque derrumbe definitivamente el frágil sistema político que se mantiene en Bamako.

Las primeras informaciones señalan un ataque efectuado por militares rebeldes con obuses e intensos tiroteos, sin que los organismos oficiales se pronuncien al respecto. No es hasta bien entrada la mañana del viernes que las Fuerzas Armadas de Malí (FAMA) anuncian que han “repelido con éxito” un ataque terrorista contra el cuartel de Kati y cometido con “dos coches armados con explosivos”. Aseguran también que dos asaltantes han sido “neutralizados”, mientras un helicóptero militar sobrevuela la zona en busca de los insurgentes huidos. El Ejército asegura tener la situación “bajo control” y testigos oculares aseguran haber visto al convoy del presidente Goita saliendo de la base a toda velocidad en dirección a Bamako. Poco después, fuentes oficiales achacan el ataque a la Katiba Macina, una filial del grupo terrorista islámico JNIM, que a su vez es una de las sucursales de Al Qaeda en Malí. En la confusión de informaciones que habitualmente pulula sobre todo lo que acontece en Malí, finalmente se ha mantenido el discurso oficial de que el ataque al cuartel de Kati viene de manos yihadistas.

Un cúmulo de ataques organizados

La última semana ha sido prolífica para los terroristas. En la mañana del 21 de junio, en torno a 24 horas antes del asalto a la residencia de Goita, la Katiba Macina efectuó una serie de ataques coordinados en diferentes puntos del país, en las localidades de Douentza, Koro, Thy, Bapho, Ségou y Kolokani. Según los informes presentados por las FAMA, dichos ataques resultaron en el saldo de un muerto, quince heridos y tres vehículos inutilizados por el lado del Ejército y de tres insurgentes muertos y cuatro neutralizados en lo que respecta a la Katiba Macina. Ubicando estos ataques en el mapa maliense, puede apreciarse claramente la expansión de las fuerzas yihadistas en el país. La práctica totalidad de las localidades atacadas conforman una línea recta que amenaza la seguridad de Bamako, a la que muestra, haciendo una comparativa con los meses anteriores, que la influencia terrorista en el país ha avanzado desde su última posición a las orillas del río Níger (en Malí central) para aproximarse peligrosamente a la capital.

Zona conflictiva en Malí a mediados de junio.
Zona conflictiva en Malí a mediados de junio. FOTO: Antonio Cruz

La situación yihadista en Malí empeora por momentos, entre que el presidente Goita ha decidido expulsar del país a la fuerza conjunta de lucha antiterrorista, a la fuerza francesa de lucha antiterrorista y al portavoz de las Naciones Unidas, además de haber ordenado la detención de las rotaciones de la misión de MINUSMA. En los últimos meses se han generado nuevas bolsas de insurgencia terrorista en el noreste del país, se han recrudecido los combates en la zona conocida como “las tres fronteras” (dado que es el punto de unión entre Malí, Níger y Burkina Faso) y en la zona central del país, y ahora se teme que los ataques en el sur del país comiencen a generalizarse. El último ataque contra el presidente Goita muestra las carencias de seguridad a las que se enfrenta Malí en estos momentos.

Debe entenderse que los atacantes del cuartel de Kati tuvieron que cruzar un número de controles de seguridad, pertrechados con armas y explosivos. ¿Cómo es posible que hayan llegado a las puertas de la capital sin resistencia? El hermetismo predominante en el Gobierno maliense impide conocer con profundidad la situación de las FAMA en el interior del país, aunque esta concatenación de ataques y sus resultados han levantado las alertas, poniendo en duda la capacidad de los militares malienses para hacer frente por sí mismos a la amenaza terrorista.

Posible descontento en el Ejército

También hay quienes atribuyen el ataque a Kati a sectores del Ejército maliense en descontento con la gestión de Goita. En la noche del jueves, escasas horas antes del asalto, el presidente interino reintegró a los miembros civiles del Consejo General de Transición, en una medida favorable para el desarrollo democrático maliense pero que, sin duda, hablando de un país con un Gobierno militarizado, habrá levantado las cejas de varios comandantes ansiosos por mantener el poder. Los testigos locales aseguran haber escuchado más de dos explosiones (mientras el Gobierno mantiene que solo estallaron dos coches bomba) y parece de extrañar que Goita haya regresado a Bamako una vez repelido el ataque. La decisión de haber expulsado al portavoz de la ONU del país, aumentando todavía más el aislacionismo político que lleva sufriendo Bamako desde la llegada al poder de Goita, podría ser otro motivo de descontento para determinados sectores de las FAMA.

Huele a algo más que a chamusquina de humo de explosivo en torno al cuartel de Kati. Huele a traición y a incertidumbre. Huele a mentiras y verdades inconclusas. Sean quienes fueran los percusores del ataque, no cabe duda de que en la última semana se ha visualizado un preocupante avance de las actividades yihadistas en dirección a la capital, y que el gobierno de Goita, si no la seguridad de la totalidad del pueblo maliense, se está viendo gravemente amenazado por las tóxicas decisiones de su Presidente.