La tensión entre China y EEUU por Taiwán alcanza máximos no vistos en décadas

La posible visita de Nancy Pelosi a Taipéi dispara el malestar de China con Washington

La presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, Nancy Pelosi
La presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, Nancy Pelosi FOTO: J. Scott Applewhite AP

Las discrepancias entre Estados Unidos y China se extienden a muchos ámbitos, pero sin duda Taiwán se ha convertido en uno de los puntos de conflicto más graves. A pesar de Joe Biden y Xi Jinping hicieron pública su voluntad de cooperar para evitar conflictos durante la cumbre virtual de noviembre, las tensiones han alcanzado máximos no vistos en décadas. Las incursiones militares en el espacio aéreo taiwanés se han vuelto recurrentes y las advertencias por parte de Pekín ante muestras de apoyo internacional a la isla son cada vez más firmes. Hasta hace no mucho, una invasión parecía poco probable, pero la creciente agresividad de Pekín en un contexto de tensiones por reclamos territoriales con la guerra de Rusia contra Ucrania ha hecho que Washington empiece a preocuparse por la situación.

En 1949, las fuerzas nacionalistas del Kuomintang se refugiaron en la antigua isla de Formosa tras perder la guerra civil frente a los comunistas de Mao Tse Tung. Establecieron allí lo que llamaron la República China, ahora Taiwán, que se proclamó independiente del régimen de Mao.

Tras décadas de fuertes conflictos entre el territorio continental y las islas, en 1972 adoptaron un acuerdo basado en el principio de “una sola China”, que sostiene que la única China existente es la que tiene como gobierno legítimo al régimen de Pekín, la República Popular China. Del mismo modo, si un país establece relaciones diplomáticas con Pekín no debe tenerlos con Taiwán.

Tras los primeros brotes de la economía de la República Popular China y apertura al exterior, muchos países establecieron relaciones con Pekín a expensas de Taipéi. Estados Unidos lo hizo en 1979, adoptando una política deliberadamente opaca, conocida como “ambigüedad estratégica”, que se abstiene de indicar claramente en qué circunstancias intervendrían para defender la isla.

Estados Unidos es el mayor aliado de Taiwán y su principal proveedor de armas. Desde que Biden comenzó su mandato, se han aprobado cuatro proyectos de ayuda militar y la semana pasada notificó de otra propuesta de venta de armas por valor de 110 millones de euros.

Decenas de cazas y bombarderos de las fuerzas aéreas chinas sobrevuelan la zona de identificación de defensa aérea (ADIZ) de Taiwán casi a diario desde hace años. Además, China intensifica su actividad militar para expresar su descontento y demostrar su poder en fechas señaladas, como tras la confirmación de ventas de armamento y visitas de alto nivel.

El gobierno de Xi ve las acciones de Washington como una provocación, y no ha dudado en advertir de las nefastas consecuencias si continúan. La última advertencia vino después de que la presidenta de la Cámara de los Representantes de EE. UU, Nancy Pelosi, comunicara su intención de visitar Taiwán en agosto.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Zhao Lijian, dijo que, en ese caso, China “tendrá que tomar medidas contundentes para salvaguardar con firmeza la soberanía nacional y la integridad territorial”.

El viaje de Pelosi no estaba confirmado oficialmente y algunos miembros de la Casa Blanca ya habían mostrado preocupación por la visita en un contexto de altas tensiones, incluso antes de las declaraciones de Zhao Lijian.

Pekín ha dejado claro en varias ocasiones que no descarta emplear la fuerza si Occidente sobrepasa líneas sobre el principio de “una sola China”. En mayo, Biden declaró que el país estaba dispuesto a intervenir para defender a Taiwán de un ataque chino. Lo que parecía un poner fin a la ambigüedad estratégica, escandalizó a las autoridades de ambos países y la Casa Blanca se retractó rápidamente. Tras las crecientes tensiones, algunos expertos estadounidenses creen que ha llegado el momento de que Washington adquiera una política de “claridad estratégica”.

El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) dijo en el Foro de Seguridad de Aspen esta semana que no deberían desestimar la determinación de Xi a recuperar control sobre Taiwán y que, el fracaso estratégico de Rusia en Ucrania “probablemente afecte a cuándo y cómo -no si- invadir”.

Xi Jinping es un líder con espíritu imperialista, fijado en la idea de convertir a China en la mayor potencia mundial y para ello es imprescindible la reunificación de sus territorios. Por el camino, China ha ido recuperando el control de las regiones que le fueron arrebatadas durante los siglos XIX y XX, como el Tíbet y Hong Kong. Solo Taiwán ha sido capaz de resistir a Pekín.

La Cámara de Representantes de EE.UU. ya ha aprobado su presupuesto de defensa para el año 2023, que cuenta con un aumento destinado a contrarrestar las amenazas de China y reforzar las relaciones con Taiwán.

La alianza con la isla cobra aún más relevancia teniendo en cuenta los reclamos de Pekín en el mar de la China Meridional y las ventajas que tendría el control de esta zona en términos de acceso a reservas de hidrocarburos y a las líneas de comercio.

Biden espera tener una conversación telefónica con su homólogo chino a finales de mes. Aunque no quiso detallar los motivos de la llamada ni los temas previstos, para ambas potencias lo más importante es llegar a un acuerdo que calme la situación.