Asia

China sanciona a Pelosi y suspende contactos a nivel militar, judicial y climático con Estados Unidos

La Administración Biden convoca al embajador de Pekín en Washington en protesta por los ejercicios militares

Un caza militar chino J-11 vuela sobre el estrecho de Taiwán cerca de Pingtan
Un caza militar chino J-11 vuela sobre el estrecho de Taiwán cerca de Pingtan FOTO: Ng Han Guan AP

En la segunda jornada de simulacros con fuego real del Ejército chino, Taiwán volvía a ver su espacio aéreo y marítimo bloqueado. Durante la mañana de ayer, 86 cazas y 13 buques de guerra chinos cruzaron la línea media del Estrecho de Taiwán. La línea es una frontera no oficial pero que, hasta el momento, se había respetado de forma tácita. Una maniobra que Taipéi consideró «una provocación».

Las Fuerzas Armadas taiwanesas respondieron con sistemas de vigilancia, patrullas aéreas, buques navales y sistemas de misiles. El jueves se lanzaron al menos 11 misiles balísticos y cuatro de ellos sobrevolaron la capital. El ministerio de Defensa de Taiwán ha precisado que los misiles volaron a gran altura en la atmósfera y no constituían una amenaza para la población, aunque no ha ofrecido detalles sobre las trayectorias de vuelo.

Taiwán
Taiwán FOTO: Teresa Gallardo

El Gobierno volvió a hacer hincapié en que no busca una escalada del conflicto, aunque no se quedaría de brazos cruzados para defender su seguridad y soberanía.

Los ejercicios del Ejército Popular de Liberación son la respuesta de China a la polémica visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, Nancy Pelosi, a la isla, un viaje que Pekín tilda de provocación por desafiar sus principios de soberanía, ya que considera que Taiwán es parte inexorable de su territorio.

El ministro de Exteriores de Taiwán, Joseph Wu, defendió ayer la visita y aseguró que «las actitudes de China no evitarán que políticos demócratas viajen» al territorio. La presidenta taiwanesa Tsai Ing Wen condenó los ejercicios militares chinos como una amenaza para Taiwán y la región del Indo-Pacífico y pidió a Pekín «sensatez y moderación». El primer ministro japonés, Fumio Kishida condenó ayer las maniobras alegando que suponían un «desafío para la seguridad» de su país. Las declaraciones se produjeron después de que el jueves, cinco de los once misiles que el Ejército de Liberación Popular lanzó a aguas cercanas a Taiwán, cayeran en la Zona Exclusiva Económica de Japón. Kishida, que mantuvo una reunión ese mismo día con la presidenta de la Cámara de Representantes como parte de su gira por Asia, añadió que cooperaría con EE UU «para promover la paz y estabilidad en el estrecho de Taiwán».

La comunidad internacional teme que se produzca una escalada del conflicto en el estrecho, ya sea por un error de cálculos en las maniobras o por una decisión intencionada, y desde la salida de Pelosi de la isla, muchos países se han pronunciado al respecto. El secretario de Prensa del Departamento de Defensa estadounidense, John Kirby, indicó que Washington ve las maniobras como una «escalada significativa» de la tensión en la zona y que las autoridades han decidido dejar el portaaviones «USS Ronald Reagan» cerca de la isla para vigilar la situación. La Administración Biden también convocó al embajador de China en Washington, Qin Gang, para protestar por los ejercicios militares.

La Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) pidió que todas las partes hicieran lo posible mantener la calma, ya que las tensiones actuales podrían conducir a «graves enfrentamientos, conflictos abiertos y consecuencias imprevisibles entre las principales potencias». Los miembros del G7 y la Unión Europea también condenaron en un comunicado conjunto las incursiones militares de China. El comunicado expresaba su preocupación ante una escalada del conflicto y pedía a Pekín que no utilizara la visita de Pelosi como «pretexto para una actividad militar agresiva en el estrecho de Taiwán».

Pekín dejó claro que sus maniobras no son solo militares. El gigante asiático no ha dudado en aplicar represalias diplomáticas a Estados Unidos y dar advertencias a los países que han puesto en cuestión sus acciones. Tras las quejas de Japón, la primera respuesta de China fue cancelar las reuniones entre el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, y su homólogo japonés en el encuentro de la ASEAN que tiene lugar esta semana en Camboya.

China también convocó al embajador japonés en Pekín para presentarle una queja por su participación en una declaración «errónea» del G-7 sobre Taiwán.

Anteriormente, el ministerio informó que había emitido una queja similar a ciertos países europeos y a los diplomáticos de la UE en China sobre el asunto. El viceministro de Exteriores chino, Deng Li, consideraba que dichas declaraciones «distorsionan los hechos» y «envía señales gravemente equivocadas». Añadió que Taiwán es un territorio inexorable de China y que las «cuestiones relacionadas con la isla pertenecen a los asuntos internos de China».

Pekín también anunció ayer la imposición de sanciones contra Nancy Pelosi y sus familiares. Además, suspendió contactos a nivel militar, judicial y climático con el Gobierno de Estados Unidos. Así, ya no habrá cooperación en las materias de repatriación de inmigrantes ilegales, asistencia jurídica en asuntos penales, delitos transnacionales, lucha contra los estupefacientes, y cambio climático, entre otros.

Algunos expertos opinan que las acciones de China respecto a Taiwán, ponen en evidencia que un mayor poder del gigante asiático puede suponer una amenaza para la estabilidad y la paz de la región del Indo-Pacífico. Señalan que las relaciones entre países como Corea del Sur, Japón, Singapur, con EE UU y Europa puedan fortalecerse a raíz de las tensiones actuales.

China está dejando claro que respecto a Taiwán no se trata solo de incursiones militares, sino de poder e influencia mundial. Parece dispuesta a desafiar a todo el que se ponga en su paso.