África

William Ruto es elegido presidente de Kenia y las calles comienzan a arder

Su principal rival, Raila Odinga, regresa pesaroso a casa con la conciencia de que estas son las quintas elecciones presidenciales donde resulta perdedor

Seis días después de depositar los kenianos su voto en las urnas, William Ruto ha salido elegido como presidente electo de su país, con un 50,49% de los votos a su favor frente al 48,85% que recibió su principal rival, Raila Odinga. La junta electoral tenía hasta este martes para anunciar los resultados, y debe decirse que los ciudadanos estaban al borde de la crisis nerviosa a causa de la agotadora espera. Prueba de ello fueron los disturbios en Sirisia el pasado miércoles, cuando un grupo de manifestantes encendieron una hoguera en plena calle demandando los resultados. Pero todavía tendrían que esperar cinco días más hasta obtenerlos.

Ruto se llevó 7.176.141 votos frente a los 6.942.930 de Odinga. Y estas son las quintas elecciones en las que Odinga regresa a casa envuelto con el manto del fracaso. A falta de conocer todas las reacciones de la ciudadanía (recordemos que los disturbios post electorales de 2009 se saldaron con 1.200 personas asesinadas, 900 abusos sexuales reportados y casi medio millón de personas desplazadas de sus hogares), cabe a destacar lo histórico de la victoria de Ruto. Quien se presentó como un “candidato del pueblo” frente a la oligarquía keniata, representada por la familia Odinga, ha conseguido, no solo alzarse victorioso con las elecciones, sino también dar un vuelco a las dinámicas políticas de su país, donde tres de los cuatro presidentes electos desde la independencia de Kenia pertenecían a la etnia kikuyu, mientras Ruto procede de una familia kalenjin (uno de los grupos minoritarios del país). Se conoce que los kikuyu apoyaban tácitamente la candidatura de Odinga, ya que la persona elegida como vicepresidenta en caso de victoria era la kikuyu Martha Karua (que habría sido la primera vicepresidenta del país).

“No hay lugar para la venganza”

Los ancianos representantes de esta etnia dieron a conocer su apoyo a Odinga al inicio de la campaña electoral, aunque, a medida que los resultados se fueron haciendo públicos y la sombra de la derrota planeó sobre el nombre de Odinga, el líder kikuyu Wachira Kiago hizo una aparición pública admitiendo que no había sabido leer el panorama electoral y asegurando que aceptarían la investidura de Ruto si resultaba ganador. De la misma manera, los cuatro principales candidatos a la presidencia, entre los que se encontraban Ruto y Odinga, firmaron en el momento previo a la campaña electoral un acuerdo de paz donde se comprometían a mantener el orden público tras la publicación de resultados. El día anterior a conocerse el ganador, Ruto y Odinga sostuvieron además una conversación telefónica donde ambos reafirmaron su intención de respetar los resultados y de colaborar en la medida de lo posible durante los años venideros.

En sus primeras declaraciones como presidente electo, Ruto quiso “agradecer a Dios que hoy haya concluido el proceso electoral” y comentó que “había predicciones que decían que no lo conseguiría, pero Dios ha querido que yo esté aquí”. Igualmente agradeció a los kenianos que hubiesen sido capaces de mantener la calma durante el tiempo de espera, y recuperó su discurso multiétnico expresando su gratitud “a los millones de kenianos que se negaron encajonarse en los capullos de la etnicidad”.

Su discurso adquirió tintes que sus seguidores han podido interpretar como conciliadores, mientras sus detractores tachan de amenazantes, cuando aseguró que “no tenemos el lujo de mirar atrás y señalar a culpables, debemos trabajar juntos hacia una Kenia próspera”. “No hay lugar para la venganza”.

Y la venganza se abre paso

Pero no todo son rosas y palmaditas de victoria. El campo de los rumores está abonado en Kenia, donde algunos expertos temen que la tensión contenida a lo largo de los últimos días estalle tras el anuncio de los resultados. Ocurre que el lunes a mediodía, cuatro de los siete miembros que integran la Comisión Electoral anunciaron que rechazarían de antemano los resultados. Hicieron referencia a “un proceso opaco”, mientras la vicepresidenta de la Comisión Electoral, Juliana Cherera, declaró que “no podemos asumir la responsabilidad de los resultados que se van a dar a conocer”. Esto hizo que simpatizantes de Odinga comenzaran a reunirse de inmediato en varias áreas de Nairobi, donde entonaron un eslogan perturbador: “Sin Raila no hay paz”.

Mientras este artículo se escribía, ya comenzaban los primeros disturbios en Kenia. La lentitud del proceso electoral se enfrenta a una brusca paradoja, al encontrarse de golpe con la velocidad de las reacciones. Considerables grupos de la población han salido a las calles de las principales ciudades para protestar por el resultado: la policía ha tenido que lanzar gases lacrimógenos contra la multitud en Kisumu, donde los manifestantes han prendido diversos fuegos y se han enfrentado a las Fuerzas de Seguridad. Algo similar ocurrió en los suburbios de Kibera, a las afueras de Nairobi, donde centenares de personas reunidas desde las 3 de la tarde incendiaron neumáticos y apilaron barricadas para enfrentarse a la policía.